Señoría de los totonacas. Juan de Torquemada
Capítulo XVIII. De la señoría de los totonacas y de cómo comenzó y de los señores que tuvo.
Los totonacas (que es una gente diferente en la lengua, que los mexicanos y fueron los que recibieron en Cempoala y Quimichtlan a Fernando Cortés) están extendidos y derramados por las sierras que le caen al norte a esta ciudad de México. De su origen dicen que salieron de aquel lugar que llamaron Chicomoztoc o siete cuevas, juntamente con los xalpanecas y que fueron veinte parcialidades o familias, tantos de unos como de otros; y aunque estaban divisos en las parcialidades eran todos de una lengua y de unas mismas costumbres. Dicen que salieron de aquel lugar dejando a los chichimecas allí encerrados, y ordenaron su viaje hacia esta parte de México y llegados a estas llanadas de la laguna pararon en el puesto donde ahora es Teotihuacan, y afirman haber hecho ellos aquellos dos templos que se dedicaron al Sol y a la Luna, que son de grandísima altura (como en otra parte decimos). Estuvieron allí por algún tiempo, y después o no contentos del lugar o con ganas de pasarse a otros, se fueron a Atenamitic que es donde ahora es el pueblo de Zacatlan; de aquí se pasaron más abajo cuatro leguas, entre unas sierras muy ásperas y altas, para mejor defenderse de sus enemigos, y aquí comenzó su primera poblazón y se fue extendiendo por toda aquella serranía por muchas leguas, volviendo al oriente y dando en las llanadas de Cempoala, junto al puerto de la Vera Cruz, poblándose toda aquella tierra de muchísimo gentío.
Estos totonacas, situados en Mizquihuacan, fueron gobernados por una sola cabeza y gastaron en nueve edades y vidas de otros tantos señores, tiempo de ochocientos años, gobernando cada uno de estos gobernadores ochenta años, no más ni menos; que parece que es caso que pide nota y particular consideración, y esto es cosa muy cierta y averiguada y probada con historias muy auténticas y fidedignas. El primero de los que llegaron a este puesto de Mizquihuacan (que se llama San Francisco) que vino por caudillo y señor supremo de estas gentes, a quien toda esta provincia (que era muy grande) reconocía por señor con particular servicio y tributo, fue llamado Umeacatl, el cual gobernó ochenta años poniéndolos en muy gran policía y sustentándolos en paz y en justicia, y a los veinte de su gobierno comenzó una hambre (cuasi como la de Egipto) que duró por tiempo de cuatro años, de la cual resultó pestilencia tan grande que morían en grandísimo número y tan sin él que todas sus regiones y pueblos eran en continuo hedor y los aires estaban en gran manera inficionados y eran tantos los muertos que apenas quedaron algunos vivos y donde quiera que les cogía la muerte se quedaban sin sepultura porque no había quien los enterrase. De este señor se dice que no murió, pero que entrando en un temazcal (que es baño) allí se desapareció, y aunque más diligencias se hicieron no bastaron porque nunca más pareció.
Desaparecido este señor entró en su lugar y tomó el gobierno un hijo suyo llamado Xatonton, en cuyo tiempo parecieron en los términos de sus tierras, por la parte del poniente, los chichimecas (gente que toda esta tierra llegó a temer en extremo), los cuales hicieron asiento en un lugar llamado Nepoalco, seis leguas de la cabecera y lugar principal de esta señoría y llamóse Nepoalco porque allí se contaron. Estos dichos chichimecas tuvieron comunicación los unos con los otros y comenzaron a tratarse cómo gente vecina y que partía términos; y como viese este señor qué, los, chichimecas eran una gente desnuda y pobre quiso en señal y demonstración de caricia vestirlos y así les ofreció mantas y vestidos a su modo y como solían usarlos en aquellos antiguos tiempos; también les hizo algunos convites y banquetes, administrándoles en ellos carnes de diversos animales y aves cocidas y guisadas; pero como los chichimecas no estaban acostumbrados a semejantes potajes, por ser su mantenimiento carne cruda, no las comían, antes, en gustando algo guisado lo echaban de la boca como cosa desabrida y desacostumbrada a su gusto. Murió este señor en la amistad de estos chichimecas, habiendo gobernado otros ochenta años, como su padre, y no dejó más noticia de su gobierno; y así fue enterrado en un honroso sepulcro que él, poco antes que muriese, había mandado hacer con este propósito de enterrarse en él, él y todos sus descendientes, lo cual dejó mandado como en cláusula de testamento, y fue precepto inviolable que todos sus futuros descendientes guardaron.
Este Xatonton, segundo señor de esta señoría de los totonacas tuvo tres hijos: el uno llamado Tenitztli, el segundo Ichcatzinteuhtli y el tercero Itecupinqui. El primero, llamado Tenitztli, le sucedió en el señorío de Mizquihuacan, que era la cabeza de esta señoría; pero porque los otros dos no quedasen destituidos y desheredados le dio a Ichcatzinteuhtli el gobierno de un pueblo llamado Macuilacatlan, una legua más abajo de este nombrado, la tierra adentro, que ahora se llama Ahuacatlan. Y al tercero, llamado Itecupinqui le dio otra parte del dicho señorío llamada Tianquizolco, que por otro nombre se llama Quiahuiztlan (llamóse Tianquizolco porque allí era el lugar del mercado y ahora está todo despoblado porque se juntaron al sitio de Ahuacatlan); éstos, después que fueron sujetos al imperio mexicano, no le reconocían con más que con flechas y arcos y macuahuitl (que son macanas) y adargas.
A este Xatonton, que fue segundo señor de estos totonacas, sucedió Tenitztli, hijo del pasado y nieto del primero, y gobernando ochenta años, como su padre, murió sin saber qué decir de su tiempo, por no haberle sucedido nada, el cual gobernó su pueblo en suma paz y tranquilidad. A éste sucedió un hijo suyo llamado Panin, el cual murió con el mismo sosiego que su padre, habiendo gobernado otros ochenta años, como él. Sucedióle un hijo suyo llamado Nahuacatl y murió a los ochenta años de su gobierno, y entró en la herencia y gobierno de este señor un hijo suyo llamado Ithualtzintecuhtli. En tiempo de este señor se les ofreció una guerra con los de Tecpanquimichtlan, los cuales fueron enviados y aun muy bien cohechados y pagados por los tzauhtecas y iztacimaxtitlantecas, que son sus convecinos aunque algunas leguas apartados, a la parte del oriente de esta señoría, y resistióles con tanta valentía y ánimo que los venció, y los que parecía que venían por lana volvieron trasquilados; y así murieron todos en sus manos y apenas quedó de ellos quien pudiese ir con las nuevas de esta su tan grande ruina y pérdida. Gobernó ochenta años, como sus pasados y murió cumplido de malos días, yendo a contarlos al infierno y fue enterrado en el sepulcro y monumento de sus padres. A este cacique siguió un hijo suyo llamado Tlaixehuatenitztli y gobernó ochenta años y sin más memoria murió. A éste sucedió su hijo llamado Catoxcan, que vivió en paz y murió a los ochenta años de su gobierno.
Este señor dejó dos hijos, los cuales le sucedieron en el gobierno, llamado el uno Nahuacatl y el otro Ixquahuitl, los cuales ambos a dos (no cediendo el uño al otro ni reconociendo mayoría ni menoría) juntos mandaban; pero cuando las cosas van así nunca parece que tienen buenos fines; porque una vez o otra se han de descomponer, porque no consiente igual el mando, como vemos en Rómulo. y Remo y en otros infinitos (de que hacemos larga relación en esta historia). Y así fue que aunque estos dos eran hermanos no curaron mucho de las leyes de hermandad y siendo entrambos casados se hicieron traición el uno al otro; y de aquí resultó perder entrambos sus señoríos, porque luego se partió en bandos el pueblo, favoreciendo cada cual al señor que le estaba más aficionado, y haciéndose guerra el uno al otro, se ausentaron de su pueblo y el hermano menor llamado Ixquahuitl, desbaratado del motín fue a dar a un pueblo llamado Ocotlan y allí casó y tuvo hijos y pasó a Xoxopanco y allí casó otra vez y tuvo también hijos y señorío y gobernó aquella gente el tiempo que vivió. Muriendo éste dejó su señorío a un hijo suyo llamado Quatemazatl y éste tuvo un hijo que fue bautizado en la introdución del santo evangelio en estos reinos y se llamó don Miguel. El mayor de estos dos hermanos también desamparó el pueblo de su señorío y se fue a otro de otra provincia y asentó con el señor de ella y casó y tuvo hijos y acabó sus días dejando un hijo en esta totonaca.
Pues viéndose los totonacas entre sí divididos y ausentes sus señores por las guerras que entre si tuvieron, ellos también se ausentaron y repartieron los más de ellos por diversos pueblos de aquella provincia, y como ya en estos tiempos se habían acercado los chichimecas a estos sitios y estaban muchos de ellos revueltos con ellos, en el lugar que de presente se llama Zacatlan y en otro tiempo se llamó la provincia de Tenamitic y, viendo las revueltas de estas gentes, se metieron por sus tierras como por tierras sin señor ni dueño, y hízose señor de ellos uno de estos chichimecas llamado Xihuitlpopoca y desde entonces los trataron estos chichimecas como a vasallos y sujetos, haciendo en sus términos y tierras sus sementeras, aunque de pocos años acá, habiendo alegado ser otra nación diferente de esta dicha, se les han substraído por autoridad del virrey que tiene a cargo el gobierno de indios y españoles y han elegido sus alcaldes a pesar del gobernador y cabildo de los de Zacatlan, que son a cuyo gobierno estaban.
De este Xihuitlpopoca dicen los indios que no tuvo padre, porque aunque fue verdad que su madre fue casada con un señor llamado Chalchiuhtzin, él certificó que no había tenido acceso a la dicha su mujer y que no sabía cuyo hijo fuese. De este mozo se dice que a los tres años que nació se hizo varón perfecto y tomó el gobierno de la señoría que los totonacas hermanos habían perdido, habiéndola sustentado sus antecesores y pasados por tiempo y espacio de ochocientos años. También dicen de él que variaba las formas de su persona, porque unas veces parecía niño, otras hombre, otras mujer, otras viejo y finalmente se transformaba como se le antojaba. Esto no es verdad en su propria persona porque estas transformaciones, real y verdaderamente, no se pueden hacer humanamente, ni por virtud del demonio (como en otra parte decimos) sino con poder divino, y si algo de esto pareció así, como se dice, sería en cuerpos fantásticos y fingidos y con ilusión y engaño del demonio, que para hacer estos fingimientos todavía le quedó virtud; porque en lo natural (como dicen los teólogos) no le fue quitado nada y se quedó con las mismas calidades con que fue criado y sabe hacer estas cosas por esta virtud dicha, con permiso que Dios le da para ello, y con esta autoridad, que parece tener, hace éstas y otras semejantes cosas, y que no tuviese padre es fingimiento o embuste suyo o de los que lo inventaron.
A este señor, dicen que se le ofrecían en tributo corazones de hombres, los cuales (y mucha sangre que vertían) tenía por su ordinaria comida. Dicen que pronosticó la venida de los españoles a esta tierra y con temor de verlos se desapareció y nunca más le vieron. Sucedióle a éste, Motecuhzuma, principal señor entre los chichimecas; y a éste sucedió Quauhtlaebana y fueron sujetos de los mexicanos después, y aunque se quedaron con su señorío tributaban al imperio; y con esto tuvo fin sin esta señoría totonaca y de esta manera los halló Fernando Cortés cuando llegó a sus costas y saltó en tierra y le recibieron los de Cempoala, que eran gente de esta nación como en otra parte decimos.
Lo que parece que podía hacer dificultad en esta historia es oír que todos los que gobernaron esta familia la poseyeron tiempo de ochenta años como si tuvieran hecho pacto y concierto con la vida, para que ni fuera más ni menos; y aunque esto que a otros puede hacer dificultad, también a mi me pone en admiración y maravilla. Con todo digo que así lo averigüé con los mismos indios totonacas y entre ellos hubo uno que si fuera en el tiempo de su infidelidad heredara el señorío (el cual se llamaba don Luis y vivía el año de mil seiscientos, que fue cuando yo hice esta averiguación en aquella provincia), y tenía el viejo entonces tres o cuatro años más de ochenta, porque nació el año de umecalli y los españoles vinieron el año antes, que fue el de diez y nueve que ellos contaban ceacatl; y me dijo esto este indio, certificando que así era, que su padre había gobernado los ochenta años y que el mismo año que los españoles entraron fue bautizado, y según esto debían de vivir mucho estos señores y aún ahora me dicen que vive este indio don Luis y que está en su pueblo y débesele de dar crédito, porque siendo esta gente por la mayor parte de tan poca cuenta, que nunca se curan de sus años y los dejan pasar sin ella, éste la tuvo y dice que su padre le dijo que si en algún tiempo le preguntasen por su edad le decía el año en que había nacido para que diese razón de ella. Yo no tengo otra para probar lo que digo y así cada cual crea lo que le pareciere, que yo me persuado a que debe de ser verdad; y si se me admite un pensamiento que se me ofrece en esto, digo: que lo que entiendo en esto es que todo el tiempo de la vida y gobierno de estos señores sería de ochenta años y que no vivió ninguno menos tiempo que éste y esto lleva mejor camino y va menos escrupuloso.
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