Vicente Catrunau Pincén

Biografías. Pueblos Originarios de América
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Pincén

Tehuelche

1806 - ?

Fotografía tomada poco después de su captura por el italiano Antonio Pozzo en Buenos Aires.

Pincén, Piseñ, Catriano, Catrunau ("cazador de jaguares"). En su cautiverio en Martín García adopta el nombre de "José Pincén", el "José" lo toma del padre lazarista José Birot que ayudaba a los indios en la isla.

Según la tradición familiar nació en la zona de Carhué hacia 1806 y su origen es mestizo: blanco-tehuelche. Pertenecía a un grupo étnico que se desplazaba por un amplio territorio que se extendía desde la Sierra de la Ventana y Cura Malal hasta la provincia de La Pampa y el sur de Santa Fe.

El misterio que envuelve a su figura, comienza con su origen étnico: hay autores que lo consideran como hijo de padre voroga y madre cautiva blanca; algunos sostienen que fue un criollo blanco cautivado de muy pequeño y criado en las tolderías de Carhué y otros lo consideran mestizo mapuche-tehuelche. Hay unanimidad en considerarlo de marcado "carácter pampeano" con influencia mapuche.

No heredó ningún cacicazgo, en las primeras décadas del siglo XIX formó su primer grupo con 25 lanceros y algunas mujeres. Su liderazgo crecerá paulatinamente, hacia 1875 llegó a acaudillar 1500 guerreros, estaba en el mismo nivel que los grandes caciques de la pampa.

Monumento en Santa Rosa

El 22 de abril de 2013 se inauguró en Santa Rosa, La Pampa, un monumento en su homenaje. La escultura de metal de tres metros de altura fue realizada por el escultor Rubén Schaap. Su tataranieto, el lonko Luis Eduardo Pincén -fallecido en 2019- solicitó a las autoridades que a los tres zorros que lo rodean -porque lo asociaron a la dinastía de los Zorros Ranqueles con los que convivió varios años- se le agregue un jaguar, ya que el nombre Catrunau significa "cazador de jaguares".

Excepcional orador, era un ngenpin: "dueño del decir" (ngen: dueño, pin: decir). Líder espiritual, hombre de conocimiento que difundía entre los suyos los valores de la cultura nativa.

Tuvo épicos enfrentamientos con las fuerzas militares.  Pincén no era partidario de pactar con los invasores, sabía que cada pacto era un paso atrás para los suyos. A diferencia de los grandes caciques Calfucurá, Coliqueo y Catriel nunca vistió la chaquetilla militar, se sentía muy orgulloso de sus ponchos pampa.  

Generalmente las razones de su alianza con otras tribus se debieron a una táctica de supervivencia, su estrategia era reforzar la identidad y el espacio aborigen.

El 8 de marzo de 1872 apoyó a Calfucurá en la Batalla de San Carlos contra el ejército argentino que había sumado a los guerreros de Cipirano Catriel y Justo Coliqueo, debieron retroceder ante el largo alcance y la precisión de tiro de las modernas armas que había adquirido Sarmiento.

El 19 de septiembre de 1872 Calfucurá y Pincén atacaron a Justo Coliqueo, en parte como venganza y en parte en un intento de incorporarlo a las fuerzas indígenas que intentaban reagruparse. El saqueo de la Tapera de Díaz fue completo, Justo Coliqueo y sus hermanos fueron tomados prisioneros.

En este período de crisis en las relaciones de los indios, Justo Coliqueo con parte de sus lanceros se une a Pincén. Luego de un confuso episodio donde Justo intenta recuperar la Tapera de Díaz y ser rechazado, Pincén envió una comitiva a perseguirlo, cuando lo alcanzaron temieron enfrentarlo pues era un machi y dudaban poder matarlo, recién cuando Justo los atacó lo asesinaron.

A finales de 1875, Pincén junto a guerreros de Manuel Namuncurá, lanzas trasandinas, indios de Catriel y ranqueles, invocando el incumplimiento de los tratados organizaron el "Malón Grande". Un total de 3500 lanzas asolaron los partidos de Azul, Tandil, Olavarría, Juárez, Tapalqué, Tres Arroyos y Alvear. Solamente en Azul dejaron 400 muertos. Se llevaron 500 cautivos y un total de 300 000 reses.

A fines de 1876 llegó a invadir el Fuerte Lavalle, pero su guarnición, al mando del coronel Manuel Sanabria, le salió al encuentro y luego de derrotarlo, lo persiguió provocándole graves pérdidas. Pincén logró huir, pero desde entonces, quedó muy debilitado.

Cartas de Vicente Pincén

A Hilario Lagos, Jefe de la Frontera Norte y Centro de la Provincia de Buenos Aires.
Enero de 1874
Al coronel Conrado Villegas.
Sin lugar, entre abril 1876 y octubre 1878
Al general ¿ ... ?. Martín García, mayo 6 de 1882

Un año más tarde, el coronel Conrado Villegas, comandante de fronteras, salió a buscarlo hasta su misma toldería. En rápidas batidas fue destruyendo las huestes pampas, hasta que el 11 de noviembre de 1878, Pincén fue tomado prisionero. Muchos años después recordaría el episodio un testigo presencial, Martina Pincén de Cheuquelén, nieta del cacique: “...Estábamos todos nosotros (en Trenque Lauquen) cuando vino el General (Villegas) y le habló, y el abuelo dijo: ¡No me maten! Pero después dijo: Si me van a matar que se salve mi familia. El cacique se paró, alto como era, blanco, estaba vestido de gaucho: chiripá y bota de potro, camiseta, camisa blanca. Y lo sacaron con camisa y todo. Se lo llevaron. Estaban allí todos, la finada mamá, mi tía María. Se lo llevaron...”

La importancia del apresamiento se evidencia en los diarios de la época: "El indio más audaz, mas temerario, mas bravo y porfiado, el cacique Pincén, con la mayor parte de su tribu, acaba de caer en poder del bravo coronel don Conrado Villegas. El indio indomable, astuto y guerrero, está en estos momentos reducido a la más completa impotencia. El eterno peligro de la frontera del norte ha desaparecido por siempre y la realización de esta remarcable victoria despeja la superficie de la pampa." (Diario El Nacional, noviembre de 1878). Podría decirse que con su captura se termina el último importante foco de resistencia.

Pincén fue confinado en la isla Martín García, un misterio rodea sus días finales, nadie sabe a ciencia cierta donde lo enterraron.

Muchos miembros del grupo fueron asesinados por el ejército, otros confinados en campos de concentración y/o distribuidos; los que pudieron escapar se dispersaron hacia el oeste. Las tierras fueron prontamente vendidas y para 1890 el reparto había finalizado sin que se les concedieran tierras.

El lonko Luis Eduardo Pincén, fallecido el 14 de junio de 2019, tataranieto del cacique se abocó a la tarea de reconstruir aquella comunidad perdida, debiendo asumir, por la realidad en que sus miembros sobrevivientes se encontraban, un camino no convencional. Hacia 1991 comenzó un proceso de concientización de distintas personas pertenecientes a la familia Pincén, a reconocerse como parte de una filiación legendaria de las culturas aborígenes de la Argentina, al mismo tiempo de sentir la necesidad de recuperarse como miembros de una comunidad supuestamente extinguida. Así se formó el lof Vicente Catrunao Pincén, comunidad que suma alrededor de un centenar de miembros distribuidos –como lof desterritorializado- en localidades de distintas provincias: el conurbano bonaerense, Olavarría, Tandil, López Lecube y Puán (Buenos Aires); Santa Rosa y General Pico (La Pampa); Córdoba, Neuquén y Capital Federal.

Los Blancos de Villegas

El coronel Conrado Villegas, a cargo del Regimiento de Caballería Nº 3, sostenía que para vencer al bravo cacique Pincén sus hombres debían estar muy bien montados. Eligió 600 caballos blancos, que fueron cuidados y alimentados mejor que a los soldados.

Los caballos blancos de Villegas eran un azote para el indio y un orgullo para los soldados de la frontera.

Manuel Prado integró el 3º Regimiento de Caballería. escribió sus experiencias en "La Guerra al Malón", un clásico de la literatura militar Argentina.

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En la noche del 18 de octubre de 1877 un audaz grupo de indios robó los caballos blancos de campamento del 3º de Caballería en Trenque Lauquen.

Los caballos habían sido encerrados en un corral a pocas cuadras del campamento, estaba delimitado por una zanja profunda y ancha que la caballada no podía cruzar. Ocho soldados custodiaban la puerta del corral.

Conrado Villegas.
El hombre que capturó a Pincén.

Nació en Uruguay -3 de febrero de 1841-, murió en Francia -26 de agosto de 1884-. Integró el Ejército Argentino desde 1862. Participó en la Guerra de la Triple Alianza y en la Campaña del Desierto. Fundó la ciudad de Trenque Lauquen.

Persiguió obstinadamente a Pincen, entre ellos como viejos contrincantes se tenían gran respeto. El buen trato que prodigó a Pincén luego de su captura provocó que sus capitanes más importantes -Nahuel Payún y Pichi Pincén- se entregaran.

En el momento que los custodios quedaron dormidos sobre sus carabinas, los indios rellenaron la zanja, distinguieron en las sombras a las madrinas y las sacaron sin espantarlas, los caballos de cada tropilla las siguieron dócilmente. Los pampas se habían robado los mejores caballos del Tigre Villegas en sus propias narices.

Al amanecer y enterarse le la noticia, Villegas, lleno de ira, ordenó armar una dotación de 50 hombres -entre los que se encontraba Manuel Prado- y en media hora salir en la búsqueda de los ladrones.

Luego de varias horas de marcha, al acercarse a la hondonada donde descansarían, los divisaron: los blancos de Villegas pastaban junto a la caballada india; y a un costado, unos ochenta indios pampas, varias chinas y niños dormían despatarrados.

El ataque de los soldados del 3 de Caballería tomó por sorpresa a los guerreros de la tribu: no imaginaron que serían perseguidos luego de haber pasado la fronteriza zanja de Alsina. En el instante en que comenzaron los tiros, los blancos de Villegas parecieron comprender que se trataba de su rescate y enfilaron por el camino de regreso. A la estampida se sumaron los potros de la indiada.

La persecución cambió de mano. Los indios intentaron recuperar su botín pero fueron rechazados. Así narra el episodio el Comandante Prado en "La Guerra al Malón": "Nahuel Payun en persona -el capitanejo más valiente de Pincén- nos salía a la cruzada. Reunió cincuenta o sesenta indios y se precipitó sobre las caballadas resuelto a dispersarlas. Antes de llegar tropezó con un grupo que mandaba Sosa, y al pretender desviarse cayó bajo los sables del pelotón de Morosini. El espectáculo debía ser magnífico, imponente. Nosotros huyendo en una nube de polvo, mezcladas mujeres y caballos, arreando las chinas y los animales, a punta de lanza, gritando como locos, y allí un poco a la izquierda, la fuerza de Morosini, entreverada a sable con el malón, en un infierno de alaridos, en medio del estruendo de las armas, pretendiendo los unos arrollar al puñado de bravos que se levantaba como inquebrantable barrera, entre el furor del bárbaro y la presa del cristiano; forcejeando los milicos por contener la horda ciega de ira y sedienta de venganza."

A las dos de la tarde del 21 de octubre de 1877, cincuenta y seis horas después de haber partido los cincuenta hombres entraron encolumnados en el cuartel de Trenque Lauquen y marcharon delante del ranchito –y las narices– del comandante. Montado, cada uno de los cincuenta, en un blanco de Villegas.

Cuentan que Conrado Villegas estaba tan pálido como sus caballos. Sin duda presentía que, a pesar de haber sido vengada la audacia de los indios, el episodio del robo de sus blancos correría por toda la pampa como una burla gritada, acaso una de las últimas que se permitía la indiada.

Fotografías de Pincén.

El cacique arribó maniatado y custodiado a Buenos Aires el 11 de diciembre de 1878, lo acompañaba parte de su familia e "indios de lanza y chusma" en un vagón del ferrocarril del oeste.

Antes de ser enviados a la Isla Martín García, Francisco Pascasio Moreno, quien en esos días había sido nombrado doctor en ciencias de la Universidad de San Carlos (actual Universidad Nacional de Córdoba, Argentina), tuvo la idea de retratar esos "indios vivos" como documento histórico.

Eligió el estudio "Fotografía Alsina" del italiano Antonio Pozzo, considerado unos de los mejores retratistas de Buenos Aires, que estaba ubicado en en la calle Victoria 593 (hoy Hipólito Yrigoyen).

Desde un batallón de infantería donde se encontraban alojados se inició la procesión que llamó la atención de los transeúntes. En un carruaje iban Pincén, un indio herido en una pierna, el fotógrafo y un soldado. En un carro iban las mujeres y los muchachos. Y a pie los demás indios, escoltados por algunos soldados.

El 13 de diciembre se realizó la sesión fotográfica, en la primera foto esta vestido con prendas y elementos provistos por Pascasio Moreno para que luciera como "salía al combate", en las última aparece con miembros de su familia. Al día siguiente fue trasladado a la isla Martín García.