Nemequene

Biografías de Pueblos Originarios
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"Hueso de León"

Nemequene

Muisca

† 1514

Señores Muiscas
Heredó el trono de su tío Saguanmachica, quien falleció en la batalla de Choconta (1490), donde triunfara sobre las tropas del zaque Michua.

Luego de este duro enfrentamiento y a pesar de sus deseos, las condiciones no se prestaban para continuar la guerra con el señor de Tunja. Debían recuperar los territorios y reforzar las fronteras que asediaban los Panches; al efecto designó a su sobrino y heredero Tisquesusa, como general de un ejército de más de cuarenta mil hombres, quien culminó con éxito su misión.

Las guerras ya no son de reprimenda sino de conquista, reemplaza a los caciques vencidos por gobernadores escogidos entre sus fieles, de esta forma logró la sujeción definitiva de Guatavita, cuyo cacique fue muerto, y el sometimiento de los cacicazgos de Ubaque, Ubaté, Susa y Fuquene.

Con intención de invadir Tunja, formó un gran ejército, envió emisarios al enemigo: "porque era costumbre en ocasiones de guerra cuando se había de hacer, enviar mensajeros de una parte a otra. Los cuales estaban en los pueblos de los contrarios, donde los regalaban y estimaban en mucho". También en los prolegómenos de la batalla hubo sacrificios de niños al sol y a los ídolos. Fue luego de que Nemequene habría sometido al Turmequé, que los ejércitos se encontraron en el Arroyo de la Vueltas.

Zipas de Bacatá
Antecesor Sucesor
Antecesor Saguanmanchica Sucesor Tisquesusa

El Zaque Quemuenchatocha era apoyado por los caciques de Gameza, Iraca, Tundama, y Sáchica, la batalla duró casi un día, el Zipa había asignado a Sagipa al mando de la vanguardia y a Tisquesusa a la retaguardia, cuando parecía victoria de Nemequene, éste fue alcanzado por una flecha, malherido fue retirado y sus tropas quedaron sin orden ni moral, Sagipa ordenó entonces la retirada. El Zipa falleció cinco días después.

Su sucesor volvería a armar el ejército para someter al Tunja, pero la batalla decisiva fue interrumpida por la llegada de los españoles.

Además de las acciones bélicas, durante su gobierno, se promulgaron un conjunto de leyes conocido como "Código Nemequene", que mantuvo vigencia incluso después de la conquista española.

Código Nemequene

Para imponer el orden, la moral, la disciplina, la honradez, la ocupación, la probidad y la autoridad, Nemequene estableció un conjunto de leyes, tal vez justa y necesaria por las circunstancias sociales, pero excesiva, inhumana y cruel.

Con bases en los usos, costumbres y tradiciones, y adoptado como derecho consetudinario, estableció su cumplimiento mediante procesos breves y sumarios con fallos inmediatos dictados por los caciques.

El código legislaba sobre delitos contra:

  • el honor sexual, con la tipificación de la violencia carnal, el incesto y la sodomía.
  • la propiedad.
  • la sociedad y seguridad del Estado.

Además de algunas normas sobre el régimen patrimonial de la herencia, y una especie de mandamientos o preceptos morales: “No seas perezoso”, “no mientas”, “no robes”, etc.

Contemplaba la pena de muerte al violador, si era soltero; si estaba casado sería deshonrado obligando a su esposa a cohabitar públicamente con dos hombres. A los incestuosos, según cuenta Fernández de Piedrahita: "Si algún hombre cometiese incesto con su madre, hija, hermana o sobrina, fuese metido en un hoyo estrecho lleno de agua y acompañado de sabandijas le cubriesen con una grande losa donde pereciese miserablemente; y que la misma pena se ejecutase con las mujeres, para que si el fuego de la lascivia los había obligado a romper los grandes parentescos, se les apagase el incendio con la frialdad del agua y la tierra, y con la losa quedasen sepultados los nombres y memorias de sujetos tan malos".

Prohibía el abandono de la esposa, además se obligaba al marido a indemnizar a la familia de la mujer si ésta fallecía de parto.

Con tizones ardientes enceguecían a los ladrones; el homicida debía pagar con su vida el crimen cometido, aunque fuera perdonado por los deudos de la víctima.

Al que se mostraba cobarde en la guerra se lo obligaba a llevar vestidos de mujer y a ocuparse de los oficios que son propios de ella, por el tiempo que dispusiera el Zipa; a la gente común no le era permitido usar ciertos vestidos ni joyas, con el objeto de evitar el excesivo lujo.

En materia de herencias, todas las posesiones materiales que poseía el difunto se podían transmitir por vía materna a sus sucesores de la familia y si faltaba beneficiarios pasaban al cacique.

A los deudores morosos se les prohibía el uso del fuego.