Na’ayarij. El Rey Nayar.

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Rey Nayar

Cora

Vivió entre los siglos XV y XVI.

Monumento en Mesa del Nayar.

Cuando los españoles llegaron al actual estado de Nayarit lo gobernaba un personaje al que llamaban Naye, Nayar, Nayare, Na’ayarij o Nayarit. Había nacido en el poblado de Huayco, ejercido como chamán y llegado al trono alrededor del año 1500.

Diversos significados se le han asignado a la palabra "Nayarit" o "Nayar", para fray Antonio Arias de Saavedra es “Hijo de Dios que está en el cielo y el Sol”, para algunos “El que tiene el poder”; para otros proviene de Nayali o Nahuali que significan “adivino”.

Gobernantes del Reino de Xécora
Na’ayarij (bautizado en 1531 como Francisco Nayarit)
Huaynoli (hijo, bautizado como Pedro Huaynoli)
Yocuari (nieto, bautizado como Alfonso Yocuari)
Urysty (bisnieto, bautizado como Luis Urysty)
Tonati (tataranieto)
Los restos mortuorios eran momificados y llevados a un adoratorio en la cueva sagrada de Tuakamuta.

Según la tradición fue el fundador del reino Huaica, Xécora o Xícora. Su territorio se extendía por toda la región montañosa conocida como "Sierra de El Nayar", colindando al norte y noreste con varios cacicazgos tepehuanes, al oeste con el Reino de Aztatlán y al sur con el Reino de Xalisco, que dominaba toda la zona costera y el llano.

Aliado a los huicholes y tepehuanes enfrentó a las tropas de Nuño Beltrán de Guzmán a las que venció en varias ocasiones manteniendo la soberanía del Reino ante la invasión española, que en la primera mitad del siglo XVI ya habían sometido a las grandes ciudades-estado del altiplano central del territorio mexicano.

Cedió ante las misiones evangélicas que pacíficamente irrumpieron el territorio Xécora. La diplomacia franciscana logró introducir su credo en el reino de Na’ayarij a tal grado que él mismo fue bautizado en 1531 por el fraile Miguel Caldera con el nombre de Francisco Nayarit Coronado. Nunca mostró fervor por la iglesia y pese a las prácticas y cultos impuestos por la doctrina católica,a su figura fue enaltecida y establecida como ícono de resistencia y en símbolo de unión y orgullo de los pueblos indígenas de la región.

La astucia política de Na’ayarij logró establecer una duradera alianza militar y política con los wixárikas (huicholes) que le permitió que la región fuera de las últimas en América en ser conquistadas. Gobernó hasta su muerte, algunas historias cuentan que vivió más de 100 años, procreó el linaje de gobernantes que por 200 años mantendría independiente la Mesa del Nayar (Yaujque'e).

Tras su muerte fue momificado con todas sus dignidades de señor en el callihuey (Casa grande) de la Mesa del Nayar en Tuakamuta y comienza a ser venerado como a un Dios. Sus sucesores antes de tomar cualquier decisión, consultaban con el esqueleto del fallecido gobernante.

En 1722, cae el Reino al dominio español, Tonati, su tataranieto gobernante en ese momento, es arrestado. Tras la victoria española, y por órdenes del Virrey Baltasar de Zúñiga y Guzmán, el esqueleto de Na’ayarij fue trasladado a la ciudad de México en febrero de 1722 y un año después, el 1º de febrero de 1723, se cumplió con la sentencia que el arzobispo de México y calificador del Santo Oficio, Juan Ignacio Castorena y Urzúa: los restos del Rey Nayar fueron puestos en la hoguera, excepto su cráneo, que no fue encontrado por los españoles y hoy se encuentra en la iglesia de la Mesa del Nayar, y arrojados a la acequia de San Lázaro.

El 1º de mayo de 1917, lo que era el Distrito Militar de Tepic, honrando su nombre, se transformó en el Estado Libre y Soberano de Nayarit.

En el año de 1722 el Capitán Juan Flores de San Pedro, Gobernador de la Nueva Galicia derrota a los coras e invade la cueva sagrada. Toma prisioneros y los traslada, junto al cuerpo momificado del Rey Nayarit, a la ciudad de México, donde la Santa Inquisición les dicta un juicio por herejía.

Así lo refleja la crónica de la Gaceta de México, de fecha 12 de Febrero de 1722: “…cadáver de crecida estatura que según proporción simétrica pasaba de dos varas y cuarto, que era el príncipe de aquella provincia, adornado de muchas piedras, que llamaban chalchihuites, y muchos caracolillos, con coronas de plumas encarnadas, y verdes, con una lista de plata como diadema, que le rodea las sienes, de un dedo de ancho, y una zona como de talabarte, que le ciñe la cintura, de tres dedos de ancho de la misma materia, con un brazalete en el siniestro para reparar el golpe de la cuerda al tiro del arco, un lienzo como bandera, muchas adargas, tejidas a la usanza, guarnecidas algunas con caracolillos, una hoja ancha de espada, que casi de marca, con una flecha compuesta con pluma de pavo eran las armas, un vaso, un ídolo esculpido…” (…) “Dicho cadáver era el de mayor veneración entre los indios…..Acompañaban a todo esto el alfanje de Tlahuitole, que defendió el cadáver y al ídolo y su templo”.

Monumento al Rey Nayar en la Av. Insurgentes y Av. Rey Nayar, Tepic, Nayarit, México. 

En los “Autos seguidos por el provisor de naturales del arzobispado de México contra el ídolo del Gran Nayar”, perteneciente a la Santa Inquisición, podemos leer la crónica de este suceso: “En la ciudad de México a primero día del mes de febrero de mil setecientos veinte y tres años; en conformidad de la sentencia dada de las fojas antes de ésta por el señor doctor don Juan Ignacio Castorena y Ursúa…provisor y vicario general de los naturales y chinos… sacaron de la cárcel arzobispal a María Jerónima, a Pedro Bautista, Juan Vicente, Juan de Santiago, Juan Baltasar alías “Buen muchacho”, Melchor Gaspar y a Pascuaza María, indios, con sus carrozas en la cabeza y sogas al cuello en bestías de albarda, desnudos de la cintura para arriba, por las calles acostumbradas de esta ciudad a son de trompeta y voz de pregonero, que publicaba sus delitos de cada uno diciendo “ésta es la justicia que manda hacer el tribunal eclesiástico de los indios de este dicho arzobispado: a la primera, por casada dos veces, se le manda dar cien azotes, y por tiempo de un año sirva en la casa de las dementes; al segundo, por supersticioso e idólatra, cien azotes y por tiempo de dos años en un obraje, panadería o hacienda de campo no vendido ni rematado; al tercero doscientos azotes por relapso y por tiempo de seis años en un obraje o panadería no vendido; al cuarto, quinto y sexto a cien azotes y puestos por dos años en una de dichas casas; y a María Pascuaza perpetuamente en esta cárcel arzobispal;” y asimismo salió por las referidas calles el ídolo y osamenta del Gran Nayari con los referidos reos, que asistieron, según se manda en sentencia, en el quemadero de la plazuela del convento de San Diego, que fue quemado con todos sus paramentos, y ejecutado lo referido se volvieron los referidos reos a dicha cárcel….”

“Certifico, doy fe y testimonio de verdad cómo hoy día de la fecha, serían las once horas del día, poca más o menos, habiendo llegado el alguacil mayor fiscal de este arzobispado con los reos y osamenta del Nayari y los ministros…se puso dicha osamenta en dicho brasero en donde estaba prevenida mucha cantidad de leña y se le dio fuego desde la referida hora hasta las tres de la tarde, poco más o menos, que quedó dicha osamenta y sus adornos de chalchihuites y plumas en ceniza, y los ídolos de piedra fueron sacados y con un mazo de fierro y en una piedra muy grande a poca fuerza de un ministro oficial de la real Sala del Crimen se hicieron pedazos, quedando en fragmentos de tierra y a dichas cenizas se les echó agua, y antes de caerle para apagar el fuego sobrevino un viento o remolino muy copioso en el mismo lugar del brasero que oscureció todo el lugar de manera que las personas y concurso de gente que se halló presente no se podían ver unas a otras”.