Micaela Bastidas Puyucahua

Biografías. Pueblos Originarios de América
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Micaela Bastidas

Zamba

1744 - 1781

Estatua en el frontis del Panteón de los Próceres (Lima, Perú).

"Por la libertad de mi pueblo he renunciado a todo. No veré florecer a mis hijos"

Nació el 23 de junio de 1744 en Tamburco, Abancay, Virreinato del Perú. Hija de Manuel Bastidas (afrodescendiente) y Josefa Puyucahua (indígena andina), por sus raíces fue conocida como "Zamba".

A pesar de no ser cosa común para las mujeres de la época, Micaela aprendió a leer y escribir.

Tupac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui) cuando tenía unos veinte años la comenzó a cortejar y ayudó a su familia a mudarse a Surimana. En ese pueblo comienzan a figurar como españoles, lo que les brindaba posibilidad de gozar de ciertos derechos y privilegios.

José Gabriel había heredado los cacicazgos de Pampamarca, Tungasuca y Surimana, y como descendiente por vía materna de Tupac Amaru (1542 - 1572), el último Sapa Inca de la resistencia en Vilcabamba, le correspondía el rango de emperador inca.

El 25 de mayo de 1760, un mes antes de cumplir 16 años Micaela tuvo su boda con José Gabriel en la iglesia Nuestra Señora de la Purificación del pueblo de Surimana, tendrían tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando.

Estatua en Abancay ciudad de la región Apurimac (Perú).

Además de ayudar a su marido en el gobierno de los cacicazgos, Micaela fue la administradora de los negocios familiares.

La rebelión se desató en Tinta el 4 de noviembre 1780. Micaela se destacó dando aliento a las tropas, mediante la atención de la retaguardia, y el aprovisionamiento de las huestes. Vendrían días difíciles para la heroína, alejada de su marido se hizo cargo de la hacienda, de sus hijos y también del sostenimiento de la retaguardia indígena. Fue una mujer excepcional, tenía un carácter fuerte, era decidida, crítica y emprendedora, compañera leal, consejera y confidente del jefe del movimiento revolucionario. Su participación fue clave para ganar adeptos en la sublevación contra los conquistadores españoles.

Mientras su marido realizaba su marcha triunfal en Puno, las operaciones militares en el Cusco estuvieron a cargo de Micaela, que comprometió a vecinos notables, caciques, y clérigos, realizando una gran labor proselitista, organizando milicias y toda clase de esfuerzo para aislar al Cusco y cortar las comunicaciones realistas en la Capital del Virreinato.

El 18 de noviembre de 1780, Tupac Amaru II al frente de nutridas huestes vence a un ejército de 1.200 españoles en la Batalla de Sangarará. El matrimonio es excomulgado de la iglesia, acusados de profanadores, al haber destruido la iglesia del pueblo.

Micaela entiende que es el momento de avanzar sobre el Cusco antes que los españoles fortalecieran las defensas y los rebeldes se dispersaran. Se lo hace saber a José Gabriel, quien prefirió retirarse a su cuartel general de Tungasuca en un intento de facilitar una negociación de paz. Como había previsto Micaela, los virreyes de Lima y Buenos Aires unieron fuerzas y reunieron un numeroso ejército para defender el Cusco. Finalmente, la insurrección popular, presa de una dirección vacilante, fue derrotada.

Tupac Amaru II buscó refugio en Langui, pero fue traicionado por su lugarteniente y compadre Francisco de Santa Cruz y fue hecho prisionero. Micaela y su familia fueron apresados en su huida.

Fueron sentenciados a muerte. El 18 de mayo de 1781 en la plaza de Cusco, luego de hacerla presenciar la muerte uno de sus hijos y otros allegados y antes de la ejecución de José Gabriel se cumplió la sentencia. Según el visitador José Antonio de Areche, la misma debía ir acompañada “con algunas cualidades y circunstancias que causen terror y espanto al público; para que a vista de espectáculo, se contengan los demás, y sirva de ejemplo y escarmiento”.

Antes de matarla le cortaron la lengua, “y se le dio garrote, en que padeció infinito; porque teniendo el cuello muy delgado, no podía el torno ahogarla, y fue menester que los verdugos (…) dándole patadas en el estómago y pechos, la acabasen de matar”. Después le cortaron la cabeza que fue expuesta durante varios días en el cerro de Piccho. Desprendieron sus dos brazos, uno fue enviado a Tungasuca y el otro a Arequipa. Una pierna a Carabaya, y el resto del cuerpo quemado.

La sentencia contra los rebeldes ordenó eliminar sus apellidos y presencia hasta la cuarta generación. Quemaron sus pertenencias, asesinaron a sus allegados, desterraron a sus hijos sobrevivientes y arrasaron su hogar hasta no dejar ningún rastro de su existencia. Sin embargo esta heroína ejemplo de amor y entrega a la tierra que la vio nacer, logró vivir para siempre, su gesta se mantiene en las conciencias de millones de peruanos.

Cartas de Micaela Bastidas a Tupac Amaru II

"Mica" y "Chepe" fueron los diminutivos cariñosos empleados por ambos en el intercambio epistolar que mantuvieron durante la Gran Rebelión. El tono de sus misivas de Micaela, que no se sabe si salieron de su puño y letra o se las dictó a un escribano de confianza, es siempre el de una guerrera en pie de lucha. Las mismas la relevan como informante, organizadora del ejército, consejera y estratega.

Luego del triunfo ante los españoles en la Batalla de Sangarará (18 de noviembre de 1780), Micaela solicita a su marido que marche hacia el Cusco:

Chepe mío, estás perdiendo el tiempo; hasta cuándo me vas a llenar de pesadumbres; por qué te equivocas, o por qué no marchas al Cusco (…) Bastante advertencias te di para que inmediatamente fueras al Cusco, pero hasta ahora has dado todas a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho poniendo cañones en el cerro Picchio y otras tramoyas tan peligrosas que ya no eres sujeto de darles avance.

Reproducimos otras:

Medalla. Casa de la Moneda Argentina.
Serie "Heroínas de la Patria Grande".

26 de noviembre de 1780

Chepe mío: no puedo menos que participarte como los curas de Pampamarca, de yanaoca, el doctor Bejarano y don Ramón Moscoso, habiendo solido escribir al cuzco al Obispo y a los demás, relatando todo lo que pasaba en casa y del numero de soldados que tenemos, despachando las cartas con el cusqueño y el comprobante de todo es el haber mandado cerrar hoy la iglesia, sin que hubiese dicho misa, ni haber ejercicios cristiano. Todo esto me tiene con bastante cuidado, ya por que estamos entre nuestros enemigos y ya por que nos puede sobrevenir alguna traición repentina, por lo que te participó para que estés advertido, como igualmente de los soldados que con bastante estruendo se van previniendo en la pampa de san Sebastián. Es cuando ocurre y de rogar a nuestro señor guarde tu vida muchos años. Tungasuca y noviembre 26 de 80. Ya camino el propio para el Cusco y don Andrés Castillo a su destino don Juan Antonio Figueroa esta ocupándose en la compostura de los fusiles y hacer balas.

Es tu mica

Y tengo noticia de que tiene contactado dicho dejarano y el cura de yanaoca de entregarme a nuestro enemigos con mi hijo con bastante empeño. Estas y otras noticias, que acada paso llegan a mi noticia, me confunden y me quitan la vida y solo me consuelo con pedir a este piadoso señor, quien remediara todas estas maquinas que están formando.

2 de diciembre de 1780.

Hijo Chepe: Acabo recibir la tuya con las inclusas que vinieron para los caciques de los altos y la quebrada, las que se han suspendido en atención y haberse despachado otras anteriormente con la noticia de la venida de los soldados del Cusco. Los que tomaron su derrota a efecto de llevar la ropa embargada en Guaraypampa y por  órdenes consecutivamente de aquellos caciques, extrajeron y llevaron al pueblo de Quiquijana. Con cuya noticia y viendo la disposición de la gente retrocedieron y se fueron al Cuzco. (Según me da aviso Sucacagua)  pero me dan noticias que los de aquella ciudad tienen mucha prevención con el fin de salir para acá, y cuando bajes allá, tienen la misma prevención. Por lo que hace a las prevenciones que me haces, las practicare cuando sea tiempo.

Despáchame preso a Don Andrés Castelo, porque éste hace muchas extorsiones en todos los pueblos que va, de modo que pueden revelarse contra nosotros. Pues en Langui hizo los destrozos que pudo en casa de Santa Cruz (Que aquí se halla enfermo con una herida) saqueándole toda su casa, repartiendo todos sus  bienes a los soldados que le acompañaron, hasta su ropa y vestidos así pertenecientes a él como a su mujer y doscientos setentaisiete pesos que tenia en plata, sin dejarle hasta la precisa manutención. Con tan estrepito que llego al exceso de atrincar y maltratar a dicha su mujer. Yo creo que la comisión que le diste no se extendía hasta tanto y haci necesita una corrección que pueda contenerlo y que se haga responsable a la satisfacción de toda aquella perdida, y no hay que dar otra comisión porque dirán que vamos contra todos. Que igual destrozo hizo con Agustín Moscoso, que todo repondrá el portador y de cómo fue por influjos de unos mozos Rodríguez, enemigos de Santa Cruz, que no es capaz de hacer ningún prejuicio a nadie. Por inclusa de Doña Tomasa, te impondrás lo que en el día hay. Yo lo escribo previniéndote no se descuide en echar su gente a los lugares convenientes. Dios te guarde muchos años. Tungasuca y Diciembre 2 de 1780.

Tu mica.

6 de diciembre de 1780. Reprocha la conducta de su marido.

Tú me has de acabar de pesadumbre, pues andas muy despacio paseándote en los pueblos y mas en Yauri, tardándote dos días con gran descuido, pues los soldados tienen razón de aburrirse e irse cada uno a sus  pueblos. Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto, pues yo misma soy capas de entregarme a enemigos para que me quiten la vida, porque veo el poco anhelo que vez este asunto tan grave, que corre detrimento la vida de todos y estamos en medio de los enemigos, que no tenemos hora segura de vida y por causa están a pique de peligrar todos mis hijos y los demás de nuestra parte. Harto te he encargado que no te demores en esos pueblos, donde no hay que hacer cosa ninguna, pero tu te preocupas en pasear sin traer a consideración que los soldados carecen de mantenimiento, aunque se les de plata y esta que ya se acabara al mejor tiempo, y entonces se retiraran todos despojándonos desamparados, para que paguemos con nuestras vidas. Por que ellos (como abras reconocido) solamente van al interés y a sacarnos los ojos de la cara y mas ahora que los soldados se van retirando con la voz que Vargas y Ore habían esparcido de que los de Lampa unidos con las otras provincias y Arequipa te van a cercar y se han amilanado, procurando remontarse temerosos del castigo que le pudieran sobrevenir. Y se perderá toda la gente que tengo prevenida para la  bajada del Cusco y este se unirá con los soldados de lima que ya tienen muchos días en camino. Todo esto te lo prevengo como que me duele, pero si tu quieres nuestra ruina, puedes echarte a dormir como tuviste el desahogo de pasearte solo por las calles del pueblo Yauri, hasta que llegaste al extremo de subir a la torre, cuando en ti no cabía pasar a estos excesos en la estación presente. Pues estas acciones no correspondían a tu honor, si no a difamarte y que hagan poco concepto de tu persona. Yo creí que de día y de noche estuvieses entendiendo en disponer estos asuntos y no tanto descuido, que me quita la vida que ni aun ya tengo carnes, ni estoy en mi y así te pido adelantes este particular, tu me ofreciste cumplir tu palabra, pero desde ahora no eh de dar crédito a tus ofrecimientos, pues me has fallado a tu palabra. Yo no siento perder mi vida, sino de esta  pobre familia que necesita todo auxilio, y así si viniesen los de Paruro como te insinué mi anterior,  pronta a caminar con la gente dejando a Fernando en un lugar destinado, pues los indios no son capaces de moverse en este tiempo de tantas amenazas. Bastantes advertencias te di para que inmediatamente fueses al Cusco, pero haz dado todo a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho poniendo cañones en el cerro Pícchu y otras tramoyas tan peligrosas, que ya no eres sujeto de darles avance. Y adiós que te guarde muchos años. Tungasuca y Diciembre 6 de 80. También te hago presente como los indios de Quispicanchis, ya se hallan rendidos y aburridos con tanto tiempo de servir de guardias en fin, Dios querrá que padezca por mis pecados.

10 de diciembre de 1780

Hijo Chepe: acabo de tener noticia como los del cuzco salen por tres partes, y la una es la de catca, cuyo  pueblo (según noticias seguras) ya esta acabado. Sucacagua nos ha hecho traición y los demás, como impondrá la adjunta y así ya no estoy en mi parque tenemos muy poca gente. De mis cartas has hecho muy  poco caso, tratando de de entregarme a las astas del otro, y así no permitas que me quiten la vida, pues ausencia ha sido causa para todo esto. El lunes que es mañana entran a Quinquijana y a Acos y los inmediatos  pueblos ese mismo día y así apura los pasos. Dios te guarde muchos años. Tungasuca y diciembre 10 de 1780.

Tu Mica