Pedro Bohórquez

Biografías de Pueblos Originarios
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España

1602 -1667

Pedro Chamijo, también conocido como Inca Hualpa o Pedro Bohórquez, nació en Granada hacia el año 1602.

Mitómano y ladrón profesional, no muy inteligente pero muy pícaro, habituado a huir hacia adelante.

De origen campesino, logró aprender a leer y escribir junto a los jesuitas en Cádiz. Se embarcó joven hacia el Nuevo Mundo, hacia 1620 se encontraba en las minas de plata de Potosí, allí conoció a un clérigo apellidado Bohórquez del cual se hizo amigo, y para huir de la justicia española adoptó el apellido.

El falso Inca

Libro digitalizadoSu vida fue novelada por Roberto J. Payró en dos obras "El Falso Inca" y "Chamijo"

Tras dos años en la oscuridad volvió a Lima. Parece que, de tanto mentir, terminó creyéndose sus propios delirios. Un nuevo virrey le creyó y le dio 40 soldados para buscar el Paititi, supuesto reducto indígena rico en oro. Pero tras unas semanas de vagar perdidos, se produjo un amotinamiento entre sus tropas y se tuvo que volver. El virrey, enfurecido, lo desterró a Chile. De allí también tendría que escapar, estableciéndose en Pomán, en la actual Catamarca, en éste establecimiento hace amistades con los desarraigados Malfines que quieren huir al valle Calchaquí. Escapan y obtienen apoyo del cacique de los Paciocas de Tolombones, Pedro Pivanti.

Casado con una bella joven indígena, consiguió ganarse la confianza de los calchaquíes haciéndose pasar por el último descendiente de los incas con el nombre de "Inca Hualpa". En rigor los documentos que han llegado hasta el presente demuestran que nunca los diaguitas le creyeron descendiente de los incas, pero sí admitieron el liderazgo de alguien que quizás podría librarlos del yugo español. De ellos obtuvo noticia de los yacimientos locales, asegurándoles que si se los revelaban utilizaría todas las fuerzas a su disposición para expulsar a los colonizadores. Simultáneamente, aseguró a los españoles que era capaz de obtener su sumisión al rey y la ubicación de los yacimientos, si ellos le garantizaban su reconocimiento como monarca local y su apoyo. Logró también la adhesión de los jesuitas, a quienes convenció de que un monarca cristiano podría evangelizar a los nativos con mayor éxito que el logrado hasta la fecha.

Para el asombro de muchos, el gobernador Alonso de Mercado y Villacorta le propuso celebrar una entrevista en la ciudad de Londres. La localidad no tardó en presenciar un encuentro espectacular: pomposamente ataviado con la vestimenta indígena, y escoltado por una gran cantidad de caciques, Bohórquez fue recibido por el gobernador como una gran personalidad, en medio de públicas muestras de respeto. Cuando llegó el momento de las negociaciones, el andaluz manifestó que si se lo reconocía como Inca sería bastante sencillo convertir a los indios al cristianismo, e insinuó, además, que revelaría el escondite de sus grandes riquezas. El obispo Maldonado y Saavedra y otros funcionarios rechazaron la propuesta, pero Mercado y Villacorta acepto el juego: nombró a Bohórquez teniente gobernador y justicia mayor de la región, y exigió que proclamara en pública ceremonia su decisión de convertir a los indios a la fe católica, hacer uso prudente de su título de Inca y obedecer las órdenes del gobernador español.

Por supuesto, el singular monarca no tuvo reparos en aceptar todas esas condiciones para lograr así una posición que ningún otro español podía alcanzar en América: ser un funcionario importante entre sus compatriotas y al mismo tiempo ser el rey de los indios.

Bohórquez pudo mantener la situación durante dos años, llegó a establecer la capital del curioso reino en Tolombón, pequeña ciudad estratégicamente ubicada a la cual hizo fortificar e incluso dotó de una artillería defensiva compuesta por cañones hechos con madera dura.

Estos aprestos bélicos afectaron las buenas relaciones que mantenía con las autoridades españoles y el virrey del Perú ordenó a Mercado y Villacorta que apresara al falso Inca y lo enviara a Charcas, pero ya era demasiado tarde: Chamijo terminó preso de su propia trampa tuvo que declarar la guerra.

Las hostilidades empezaron el 5 de agosto de 1658 con la destrucción de la Reducción de San Carlos, al norte de Cafayate; se sucedieron malones exitosos y ataques a las tropas realistas sin resultados favorables definitivos para las huestes de Bohórquez, hasta que este impostor, acobardado por los primeros contrastes, solicitó un indulto que protegiera su vida, y se entregó a las autoridades españolas el 1º de Abril de 1659. Creía poder salvar su vida y la importante fortuna adquirida como fruto de los malones de la indiada a las iglesias y estancias; pero en ambas creencias se equivocó; despojado de sus bienes, fue enviado prisionero a Lima, donde después de purgar largamente sus errores y culpas en una miserable celda, fue ejecutado el 3 de Enero de 1667.

La sentencia decía: "que en la cárcel donde está, se le dé garrote hasta que muera naturalmente (sic) y de allí sea sacado su cuerpo y puesto en la plaza pública, donde estará puesta una horca y en ella estará colgado veinticuatro horas y, pasado, se le corte la cabeza y se ponga en el arco del puente que mira al barrio de San Lázaro (...)".

La rebelión Calchaquí continuó en manos del curaca mestizo Luis Enríquez, y en particular, del curaca de los quilmes Martín Iquín.


Fuentes:

www.elhistoriador.com.ar