Félix de Azara

Biografías de Pueblos Originarios
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España

1742 - 1821

Félix de Azara

Retrato pintado por Francisco de Goya en 1805. Con uniforme militar, el manuscrito en la mano y los libros, denotan sus logros intelectuales, las estanterías con animales embalsamados su faceta de naturalista.

Félix de Azara nació en Barbuñales, cerca de Barbastro (Huesca) el 18 de Mayo de 1742, falleció en el mismo pueblo el 26 de Octubre de 1821. Hijo del señor de Barbuñales, sus hermanos fueron pesonajes destacados: Eustaquio, obispo de Barcelona; José Nicolás, diplomático y uno de los ilustrados españoles más distinguidos; Mateo, auditor de la Audiencia de Barcelona; y Lorenzo profesor de la Universidad de Huesca y deán de su Cabildo Catedralicio.

Comenzó sus estudios en la Universidad de Huesca donde permaneció cuatro años, para pasar luego a la carrera militar en el "Colegio de Artillería" de Segovia. En 1761 se trasladó a Barcelona donde se formó en matemáticas, en 1767 era "Subteniente de infantería e ingeniero delineador de los ejércitos nacionales, plazas y fronteras".

Su formación de ingeniero y militar lo llevó a tomar parte de la expedición que desembarcó en Argelia el 7 de Julio de 1775 Y tuvo un resultado desastroso, Félix resultó gravemente herido, hubo que extirparle parcialmente una costilla y la convalecencia duraría cinco años.

El 1º de octubre de 1777, España y Portugal, siempre en litigio sobre la demarcación de sus fronteras en América, fijaron en el Tratado de San Ildefonso las bases para resolverlo, cuya ratificación se verificó por la paz de "El Prado" en 1778. Ambos países nombraron sus comisionandos para determinar sobre el terreno los límites, Azara que se había reincorporado a la guarnición de San Sebastián en 1780, fue el designado por la corona española, recibiendo la orden de presentarse al embajador de España en Lisboa, de allí partió -en 1781- hacia Buenos Aires para ponerse a las órdenes del virrey.

Se instaló en Asunción y esperó largamente a su contraparte portuguesa. Esperó tres años, el 13 de abril 1784 en el arroyo de Chuy comenzaba la nunca concluida tarea de demarcación. Los portugueses sólo tenían interés en alargar hasta el infinito la operación de fijar las fronteras, mientras colonizaban y se corrían hacia territorio español. Así comenta Azara: "Llegué a Asunción, capital de Paraguay, donde supe que no había portugueses ni noticias de ellos, por cuyo motivo no quise afrontar cosa alguna ni hacer el menor costo, porque además yo sospechaba con bastante fundamento que dichos portugueses tardarían en llegar, y aunque en consecuencia mi demora en Paraguay sería dilatada no se me había dado instrucción para este caso y me vi precisado a meditar sobre la elección de algún objeto que ocupase mi detención con utilidad. desde luego vi que lo que convenía a mi profesión y circunstancias era acopiar elementos para hacer una buena carta sin omitir lo que pudiese ilustrar la geografía física, la historia natural de las aves y los cuadrúpedos y finalmente lo que pudiera conducir al perfecto conocimiento del país y sus habitantes".

Víctor Arenzana Hernández, catedrático de Matemáticas del Instituto de Estudios Superiores "Félix de Azara" de España, cuenta: "Como su misión oficial era esperar a los portugueses, mucho de los viajes que realizó para conocer el país los hizo a escondidas y a sus propias expensas. Muchas veces pedía permiso al virrey para viajar él y sus acompañantes con excusas. En estos viajes escondía los aparatos de medida para no levantar sospechas. Cada día a mediodía observaba la latitud del sol y durante la noche la determinaba por las estrellas. Jamás viajó sin su aparato de reflexión de Halley y un horizonte artificial. En los viajes llevaba baratijas y alcohol para atraerse a los indios, un escaso equipaje y una escasa intendencia, por lo que, en sus largas expediciones, tenía que someterse a dietas de carne asada (N. del E.: Tenía que llevar una dieta especial). Completaba los datos obtenidos en las expediciones con datos de archivo, pero como los archivos estaban muy desordenados conseguía poca información".

Confeccionó apuntes sobre las especies de animales que encontró en estas regiones. Carente de rigor científico -como Humboldt o el mismo Darwin-, se entregó a la tarea de la observación, notó diferencias entre los animales de una misma especie; hay indicios de que Darwin conocía su trabajo y se le atribuye que se haya planteado la evolución de las especies.

Como geógrafo, hacia 1793, a pedido del cabildo de Asunción, realizó el mapa del Paraguay y Misiones, otro sobre el curso del río Paraguay, y los acompañó con una descripción histórica, política y geográfica.

Fue también un sagaz etnógrafo, poco destacado, al ser considerado generalmente como geógrafo y naturalista. Recorrió y convivió los pueblos aborígenes del Chaco. Refiriéndose a la lengua guaraní que en esos momentos se hablaba hasta las puertas de la ciudad de Buenos Aires: “hablándolo se podría entonces viajar por todo el Brasil, entrar en Paraguay y descender hasta Buenos Aires, y subir al Perú hasta el cantón de los chiriguanos".

Azara fue trasladado a Buenos Aires, en 1796, recorriendo luego la frontera sur, y más tarde realizó, con éxito, el asentamiento de pobladores en la frontera entre Uruguay y el Brasil, aprovechando la oportunidad para dejar valiosos datos sobre la cultura Charrúa.

Su obra más importante “Viajes por la América Meridional” apareció por primera vez en francés (1809). “Descripción e historia del Paraguay y Río de la Plata”, fue publicada en Madrid -1847- por su sobrino y heredero Agustín de Azara. En ciencias naturales se destacan: “Apuntamientos para la historia natural de los pájaros del Paraguay y del Río de la Plata” (1805) y “Apuntamientos para la historia de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata” (1802).

En 1801 regresó a España, por gestiones de su hermano José Nicolás fue presentado en París a prestigiosos investigadores, acogido en muchas sociedades científicas y recibido con honores en el Museo de Historia Natural. Cuando en 1803 volvió a Madrid rechazó el virreinato de México y en 1805 aceptó ser miembro de la Junta de Fortificaciones. Ese mismo año se retiró a Barbuñales, donde pasaría sus últimos años redactando numerosos informes; su talante ilustrado y no absolutista lo llevó a rechazar en 1815 la Orden Americana de Isabel la Católica que acababa de ser creada por Fernando VII.