Santiago Avendaño

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Santiago Avendaño

Argentina

1834 - 1874

Única foto que existe de Santiago Avendaño

Cautivo de los indios ranqueles entre los siete y los catorce años de edad, huésped forzado de Rosas, lenguaraz y canciller de los pampas. Dejó un manuscrito de unas 550 páginas con sus memorias que recrean la experiencia de vivir del otro lado con el indio en el siglo XIX.

Santiago Avendaño nació en 1834 al sur de la provincia de Santa Fe. En sus manuscritos hay una referencia a sus primeros años:

“Yo, Santiago Avendaño, fui raptado por una invasión de indios ranquilches en un establecimiento rural al sur de la provincia de Santa Fe, el día 15 de marzo de 1842. Tenía entonces 7 años, 7 meses y 21 días, cuando fui arrancado a mis padres. Papá se llamaba Domingo Avendaño y mamá, Felipa Lefebre. Éramos cinco hermanos.”

“El 16 de marzo de ese 1842 los indios ranquilches me arrastraron consigo hacia sus toldos. Luego supe que la invasión había sido encabezada por los caciques Coliqueo, Painé, Anequeo, Quechudeo, Caniú-Cal, Llemul-hue, Nahuelcheo, Güelé, Yanqué, Trolui-laf, Calfuqueo, Güenu-vil, Güenu-Cal y otros, cuyos nombres olvidé.”

“Al cabo de unos días de angustia y padecimientos llegué a parar en la casa del cacique Caniú (o Caniú-Cal). Este llegó a quererme como a un hijo y yo también le daba el nombre de padre. La india que me crió se llamaba Pichi Quintuy”.

Su cautiverio ranquel lo pasó en la zona de Toay (La Pampa) entre los años 1842 a 1849, cuando en Argentina estaba en pleno desarrollo la guerra civil entre los Federales y los Unitarios. Escapó hacia San Luis, volvió a los rancheríos criollos y comenzó una larga carrera vinculada al mundo de la frontera, como intérprete en los asuntos oficiales que el gobierno trataba con los indios.

En el marco de esa actividad, estuvo tres meses en los toldos de Calfucura negociando la paz y fue testigo privilegiado de la forma en que el jefe de Salinas Grandes manejaba los asuntos políticos. Avendaño, entonces, conoció de primera mano a los principales grupos nativos de las pampas del siglo XIX.

En Buenos Aires, fue interrogado por Juan Manuel de Rosas en persona porque creía que pertenecía a una familia unitaria y lo internó en el Convento de San Francisco para que al mismo tiempo sirviera al Ejército.

Siendo huésped forzado de Rosas conoció a Cipriano Catriel quien vestido como criollo más llegaba como embajador de su padre, Juan "El Joven".

Cipriano estuvo con su padre en la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) que derivó en la renuncia y exilio de Rosas. Ofreció su amistad a Santiago y lo tuvo como secretario en los parlamentos y lenguaraz con el gobierno. También el gobierno le pidió a Santiago que fuera su mediador frente a los pampas y pasó a ser amigo de unos y otros, emisario de los dos mundos.

Placa en el cementerio de Azul.

Por primera vez pudo elegir sus amigos y sus comidas, tuvo una esposa y algunos niños y compró un campo en Azul, donde se dedicó a sembrar y criar ganado.

Siempre estuvo cerca de la autoridad del fortín, siempre a mano para el caso de que Cipriano lo necesitara.

En 1874 Bartolomé Mitre, denunció por fraude las elecciones que llevaron a la presidencia a Nicolás Avellaneda, desconoció su autoridad e inició una abierta conspiración. Cipriano decide participar a favor de Mitre, pese al consejo en contrario de Santiago.

Cipriano, pese a que por pedido de Mitre no había mandado sus huestes a la campaña revolucionario y esperaba novedades acampado en Olavarría, es acusado de traición por su propia gente incitada por su hermano Juan José. El fallo fue "lancearlos", cuando Cipriano quedó rodeado, Santiago que se hallaba a su lado gritaba implorando que no le hicieran daño. Los mataron a lanzazos, fueron degollados y sus cabezas arrojadas en sus casas.

Avendaño tuvo un final que no merecía, una persona sensible que trabajó para lograr la integración pacífica de indios y blancos. Tal vez era demasiado bueno para ese mundo de freontera donde blancos e indios eran muestra de dos estilos de la ferocidad a la que podían llegar los hombres.

Su manuscrito perteneció a la colección de Estanislao Zeballos (1854-1923), en la actualidad se encuentra el Museo de Luján. Entre el año 1999 y 2000 fue editado en dos tomos por el sacerdote benedictino Meinrado Hux que desde la Abadía de Santa María de Los Toldos se dedicó a investigar la cultura aborigen