La Pipa Sagrada. Alce Negro

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La Pipa Sagrada
Los Siete ritos secretos de los indios Sioux

Alce Negro

La Pipa Sagrada
6. Hunkapi: El parentesco

En el rito del parentesco —hunkapi— establecemos un vínculo que refleja en el plano terreno el parentesco real que nunca ha dejado de existir entre el hombre y el Gran Espíritu.

Puesto que amamos a Wakan-Tanka en primer lugar, y más que a ninguna otra cosa, debemos amar también a nuestro prójimo y reforzar los lazos que pueden unirnos, aún en el caso de que pertenezcan a otras tribus. Realizando este rito que voy a describir, y asistiendo a él, cumplimos la voluntad del Gran Espíritu, pues éste es uno de los siete ritos que, en el origen, la Mujer Bisonte nos prometió.

Otras tribus pretenden que este rito tuvo su origen en ellas, pero no es así, puesto que fue el lakota Mato-Hokshila —Joven Oso—, un hombre muy santo, quien recibió este rito, en una visión, de parte del Gran Espíritu.

Debéis saber que la planta sagrada, el maíz, no proviene del país de los Sioux; pero Joven Oso lo vio en una visión y, más tarde, hallándose de viaje, encontró un pequeño campo de maíz, exactamente parecido al que había visto en su visión; y llevó este maíz a su pueblo, sin saber que era propiedad de la tribu de los arikara 1, con la que los sioux estaban en guerra desde hacía mucho tiempo. Ahora bien, el maíz era tan sagrado para los arikara como el Calumet para nuestro pueblo; por esto, poco después de que su maíz desapareciera, los arikara enviaron mensajeros al campamento de los sioux con muchos regalos y mucho tabaco trenzado del que hacen ellos y que nosotros apreciamos enormemente; y pidieron que se les devolviera su maíz.

Los sioux aceptaron la proposición de paz; y Joven Oso, que comprendió entonces el sentido de su visión, la explicó a su pueblo y dijo que, mediante el rito que de ella resultaba, los sioux debían establecer un parentesco perpetuo con los arikara, una paz que duraría hasta el fin de los tiempos y que sería un ejemplo para las demás tribus.

Todo el mundo aceptó con alegría, y los sioux confirieron a Joven Oso autoridad y poder para hacer la paz con ayuda del rito hunkapi, el parentesco. Joven Oso explicó entonces que siempre que se realizara este rito, el que deseara emparentarse con alguien sería considerado como un arikara, y que sería él quien debería cantar sobre el otro. Joven Oso dijo luego a los arikara que construyeran una tienda ritual y escogieran a uno de sus hombres para representar a toda su tribu; él sería quien debería cantar sobre Joven Oso, quien, a su vez, representaría a la tribu de los sioux.

Al cabo de un tiempo, Joven Oso llenó su Pipa, se acercó al arikara escogido para representar a su tribu y, al tiempo que le ofrecía el Calumet, hizo este discurso:

«Deseo ayudaros realizando este rito que me ha sido dado en una visión por el Gran Espíritu para el bien de nuestra tribu. Es su voluntad que hagamos esto. Él, que es nuestro Abuelo y Padre, ha establecido un parentesco con mi pueblo, los sioux; nuestro deber es hacer una imagen de este parentesco entre las distintas naciones. ¡Que esto que hacemos sirva de ejemplo para otros pueblos! Tú representas a toda la tribu de los arikaras y yo represento a los sioux. Has venido aquí para hacer la paz, y nosotros hemos aceptado tu ofrecimiento; pero, como ves, vamos a establecer algo más profundo que lo que has pedido. Al pedir la paz nos has traído vuestro tabaco, que apreciamos mucho, y, del mismo modo, nosotros vamos a darte el maíz sagrado que vosotros amáis por encima de todo. Ambas cosas son sagradas, pues provienen del Gran Espíritu. ¡Él las ha hecho para nosotros!»

Joven Oso enseñó entonces a los arikara cómo debía hacerse la ofrenda destinada a los sioux, y enumeró todo lo que se necesitaba para el rito, a saber: una Pipa, tabaco; cuatro tallos de maíz con mazorcas; un tallo sin mazorcas; un cráneo de bisonte; tres bastones para hacer un caballete; carne de bisonte seca; pintura roja y azul oscuro; plumones de águila; un cuchillo; hierba aromática; una vejiga seca de bisonte. Cuando se hubieron reunido todas estas cosas, Joven Oso tomó un cuchillo y escarbó el suelo para purificarlo. En este lugar consagrado se pusieron cuatro ascuas, en las que Joven Oso quemó un poco de hierba aromática, y rezó así:

«¡Oh Abuelo Wakan-Tanka, míranos! En este lugar queremos crear parientes y hacer la paz; tu voluntad es que esto se cumpla. Hago humo con esta hierba aromática que te pertenece, y él ascenderá hacia Ti. En todo cuanto hacemos, Tú eres el primero, y luego viene nuestra Madre Tierra; y después de ella vienen las cuatro Regiones del Universo. Al observar este rito queremos realizar tu voluntad en esta tierra, y queremos establecer una paz que deberá durar hasta el fin de los tiempos. El humo de la hierba aromática estará con todas las cosas del Universo. ¡Está bien!»

Todos los objetos rituales fueron entonces purificados en el humo; los tres bastones se dispusieron en forma de secadero de carne, y la Pipa fue apoyada en este caballete. Joven Oso puso entonces la vejiga de bisonte ante sí, y sosteniendo un poco de tabaco hacia el Oeste, oró de este modo:

«Oh Tú que guardas el camino donde se pone el sol y que controlas las aguas: vamos a establecer un parentesco y una paz sagrada. Tú tienes dos días de misterio; ¡que el pueblo disfrute de ellos y camine por el sendero de la vida con paso firme! Debes ser incluido en este parentesco y en esta paz que estamos dispuestos a establecer; ¡ayúdanos! Realizamos aquí, en la tierra, el parentesco que siempre ha existido entre el Gran Espíritu y su pueblo.»

Este tabaco, a partir de ahora identificado con el Poder del Oeste, fue depositado en la vejiga. Debo deciros que esta vejiga es tan sagrada para muchas tribus como nuestro Calumet lo es para nosotros, pues también ella puede contener todo el Universo. Entonces se ofreció una pizca de tabaco al Norte con esta oración:

«Tú, lugar en el que mora el gigante Wazia; Tú, que controlas los vientos purificadores, debes ser colocado en esta bolsa sagrada; ¡ayúdanos, pues, con tus dos días de misterio, y ayúdanos para que podamos caminar por el recto camino de la vida!»

El Poder del Norte, identificado ahora con el tabaco, fue introducido en la bolsa; luego, Joven Oso ofreció un poco de tabaco al Poder del Este: «Oh Tú, que controlas el sendero donde sale el sol; Tú, que das el conocimiento, estás incluido en esta ofrenda; ¡ayúdanos, pues, con tus dos días sagrados!»

Por último, después de colocar el Poder del Este en la vejiga, Joven Oso ofreció una pizca de tabaco a la Región hacia la que siempre nos volvemos, y oró así:

«Oh Tú, Cisne Blanco; Tú, que controlas el sendero por el que caminan las generaciones, hay un lugar para Ti en esta bolsa sagrada; ¡ayúdanos, pues, con tus dos días rojo y azul!»

Después de colocar el Poder del Sur en la bolsa ritual, joven Oso ofreció una pizca de tabaco al Cielo: «Abuelo y Padre Wakan-Tanka, que conozcamos nosotros este parentesco cuaternario que nos ata a Ti; que empleemos este conocimiento haciendo la paz con otra tribu. Al establecer parentescos aquí en la tierra, sabemos que cumplimos tu voluntad. ¡Oh Wakan-Tanka, Tú estás por encima de todas las cosas, pero hoy estás aquí con nosotros!»

Después de poner el tabaco para el Gran Espíritu en la bolsa de misterio, Joven Oso oró así: «Abuela Tierra, ¡escúchame! Vamos a establecer sobre Ti un parentesco con un pueblo, al igual que Tú has establecido una relación con nosotros al darnos nuestro Calumet sagrado 2. Los bípedos, los cuadrúpedos, los seres alados y todo cuanto se mueve sobre Ti 3 somos tus hijos. Queremos ser, con todas las criaturas y todas las cosas, como los miembros de una sola familia; al igual que estamos emparentados contigo, oh Madre, también queremos hacer la paz con otro pueblo, y seremos parientes de ellos. ¡Ojalá caminemos con amor y misericordia por este sendero que es sagrado! Oh Abuela y Madre, Te colocamos en esta bolsa de misterio. ¡Ayúdanos a establecer un parentesco y una paz perpetua!»

Y de este modo la Tierra fue introducida en la bolsa, que fue cerrada y sobre la cual se pusieron pelos de bisonte y hierba aromática. Joven Oso dijo entonces al representante de la tribu de los arikara: «Cuidarás de esta bolsa, pues está llena de misterio, y la tratarás tal como estas cosas deben ser tratadas; es realmente semejante a la Pipa sagrada que recibieron los sioux, y hará la paz entre muchas tribus. Pero debes acordarte siempre de esto: nuestros parientes más próximos son nuestro Abuelo y Padre Wakan-Tanka, y nuestra Abuela y Madre Tierra. Con esta bolsa sagrada, acude junto a los jefes de los sioux, y con ella se establecerá el parentesco.»

Entonces se envolvió la bolsa con una piel de gamo que anudaron por los dos lados con una correa de cuero, de manera que el saquito pudiera transportarse fácilmente; así terminó el primer día del rito.

2

Al día siguiente, en el momento mismo de la salida del sol, Joven Oso cogió su Calumet y acudió a la tienda del arikara. Después de ofrecer la Pipa a las seis Direcciones, fumó un poco y luego la dio al arikara; éste dijo: «¡Hi ho! ¡Hi ho!», y abrazó la Pipa, fumó un poco y la pasó a los demás hombres presentes en el tipi. Cuando todo el mundo hubo fumado el Calumet volvió a Joven Oso, quien lo purificó y lo puso de nuevo en su bolsa.

Después de esto, Joven Oso fue a su tienda; allí esperó, junto con los demás jefes sioux y con los sabios de la tribu, la llegada del arikara, que debía traerles su ofrenda de acuerdo con las instrucciones que recibió el día anterior.

Cuando los sioux vieron venir al hombre de los arikara gritaron: «¡Hi ho! ¡Hi ho!», y cuatro de ellos fueron a su encuentro y lo condujeron a la tienda. El arikara dio la vuelta siguiendo el movimiento del sol, se quedó de pie frente a Joven Oso, que estaba sentado al Oeste y puso ante él la bolsa de las ofrendas. Joven Oso quemó hierba aromática en una brasa y luego sostuvo el saquito de misterio sobre el humo. A continuación gritó: «¡Hi ho! ¡Hi ho!», abrazó el saquito e hizo esta oración: «Abuelo y Padre Wakan-Tanka, míranos! Sobre esta tierra cumplimos tu voluntad. Has establecido un parentesco con nosotros al darnos el Calumet, y ahora hacemos extensivo este parentesco a otro pueblo haciendo la paz con él después de haber estado en guerra. Sabemos que realizamos uno de los siete ritos que nos fueron prometidos en el origen. Que estos dos pueblos, gracias a este rito, estén siempre en paz y sirvan de ejemplo a otras naciones. Con esta ofrenda mi tribu se alegrará. ¡Este es un día sagrado! ¡Está bien! Vamos a abrir ahora este saquito de misterio, y mediante esta ofrenda quedaremos vinculados a Ti y a Tus Poderes. Wakan-Tanka, contempla lo que hacemos.»

Después de pronunciar esta oración, Joven Oso quitó las correas de la bolsa y desenrolló lentamente la piel de gamo, y cuando vieron la vejiga de bisonte, exclamaron: «¡Hi ye!», pues todos sabían por qué esta vejiga era tan wakan —sagrada. Joven Oso sostuvo entonces la vejiga en el humo de las hierbas aromáticas, la abrazó y repitió sin cesar: «¡Hi ye!», y luego dijo esta oración:

«¡Sé misericordioso! Ahora que has venido a nosotros, el pueblo caminará por el sendero del misterio tomando de la mano a sus hijos. Yo soy el pueblo (sioux), y te amo, quiero tenerte cariño, y quiero cuidar siempre de ti. El pueblo de donde vienes (los arikara) deberá también amarte siempre, y saber siempre que eres santa.»

Después de este discurso, Joven Oso ofreció la vejiga a las seis Direcciones, y cuando la abrazó y besó su abertura, todo el pueblo gritó: «¡Hi ho!» Joven Oso se volvió hacia el arikara y dijo:

«Para nuestra tribu esta ofrenda significa que deseáis la paz y establecer un vínculo de parentesco con nosotros. ¿Es por esta razón por la que has traído un don tan sagrado?»

El arikara respondió: «¡Sí! Deseamos tener un vínculo de parentesco con vosotros, y que sea tan estrecho como el parentesco entre vosotros y el Gran Espíritu.»

Esta respuesta gustó a los sioux; entonces sacaron la vejiga de misterio fuera de la tienda para que toda la tribu pudiera abrazarla y besar su abertura como hizo Joven Oso.

Luego la pusieron en la punta de la vigésimo octava vara del tipi para mostrar que la proposición de paz de los arikara había sido aceptada, y para colocar el saquito que contenía la vejiga en el lugar más sagrado. Como ya he explicado, esta vigésimo octava vara representa el Gran Espíritu, pues es la vara-clave que sostiene a las otras veintisiete varas de la tienda.

Así terminó el rito de la ofrenda. Los mensajeros de los arikara regresaron a sus tipis, donde comenzaron los preparativos para el día siguiente, y Joven Oso preparó una tienda especial para nuevos ritos. A cada lado de la entrada se habían colgado unas pieles que formaban un sendero de una longitud de diez pasos; el tabique de pieles tenía una altura de cuatro pies; éste es el sendero de la vida, que conduce a la tienda. El que entra por él no puede desviarse del camino, pues los tabiques se lo impiden; debe, pues, caminar en línea recta hacia el centro.

3

Al día siguiente, cuatro hombres de los arikara fueron escogidos para representar a toda la tribu; con sus pertrechos rituales, se dirigieron a la tienda que Joven Oso les había preparado. Joven Oso estaba sentado al Oeste; antes de preparar el altar les dijo:

«El maíz que ahora tenemos los sioux pertenece en realidad a los arikara, pues ellos lo aman y lo consideran cosa sagrada, al igual que nosotros hacemos con nuestro Calumet; pues ellos también han recibido su maíz del Gran Espíritu a través de una visión. Es voluntad del Gran Espíritu que tengan su maíz. Por esta razón, nosotros queremos, no sólo devolverles su maíz perdido, sino también establecer un rito mediante el cual crearemos la paz al mismo tiempo que un parentesco real que será un reflejo del vínculo de parentesco existente entre nosotros y Wakan-Tanka. Quiero producir ahora un humo aromático que llegará hasta los cielos y también hasta el Lucero del alba, que divide el día en oscuridad y luz; llegará también hasta los cuatro Poderes que velan por el Universo. Este humo ascenderá desde nuestra Abuela, la Tierra.»

Joven Oso puso entonces hierba aromática sobre las brasas y purificó en el humo el Calumet, la mazorca de maíz, el hacha y los demás objetos rituales; ahora ya estaba dispuesto para preparar el altar.

Tomó el hacha, la dirigió hacia las seis Direcciones, y luego golpeó el suelo al Oeste.

Repitiendo el mismo movimiento, golpeó el suelo al Norte y después, de la misma manera, al Este y al Sur; luego levantó el hacha hacia el cielo y golpeó el suelo dos veces en el centro para la Tierra y después dos veces para el Gran Espíritu. Después Joven Oso escarbó el suelo y, con un bastón que había purificado en el humo y ofrecido a las seis Direcciones, trazó una línea que iba del Oeste hasta el centro, a continuación, otra del Este al centro y, por último, otra del Sur al centro; luego ofreció el bastón al cielo y tocó el centro, y a la tierna y tocó el centro. Así fue como se hizo el altar; como ya dije, hemos fijado aquí el centro de la tierra, y este centro, que en realidad está en todas partes, es la morada del Gran Espíritu 4.

Joven Oso tomó entonces una mazorca de maíz y clavó un bastón en uno de sus extremos; en el otro puso plumón de águila.

«Este maíz pertenece en realidad a los arikara —dijo Joven Oso— y ha de serles devuelto porque lo aman como nosotros amamos a nuestro Calumet. La mazorca de maíz que aquí veis tiene doce significados importantes, pues está formada por doce hileras de granos, y los recibe de los diversos Poderes del Universo. Al pensar en las distintas cosas que el maíz puede enseñarnos, no debemos olvidar, sobre todo, la paz y el parentesco que establece entre nosotros. Debemos acordarnos, antes que nada, de que nuestros parientes más próximos son nuestro Abuelo y Padre Wakan-Tanka, nuestra Abuela y Madre Tierra, los cuatro Poderes del Universo, los días rojo y azul (luz y oscuridad), el Lucero del alba, el Aguila Moteada que guarda todo lo que es sagrado en el maíz; nuestro Calumet también es como un pariente, pues protege a la tribu, y a través de él rogamos al Gran Espíritu.»

El penacho que crece en la punta de la mazorca de maíz, y que hemos señalado con un plumón de águila, representa la presencia del Gran Espíritu; pues, al igual que el polen se esparce desde el penacho y da la vida, así la presencia del Gran Espíritu da la vida a todas las cosas. Este plumón que está siempre fijo en la punta de la planta es el primero en ver la luz de la aurora; ve también la noche, la luna y todas las estrellas. Por todas estas razones es wakan —sagrado. Y este bastoncito que he clavado en la mazorca de maíz es el árbol de la vida, que se extiende desde la tierra hasta el cielo 5, y el fruto, que es la mazorca con todos sus granos, representa al pueblo y a todas las cosas del Universo. Es necesario acordarse de estas cosas para poder comprender los ritos que vamos a realizar.»

Joven Oso apoyó entonces la mazorca de maíz en el caballete que había alzado cerca del altar; este caballete es una imagen del secadero en el que se seca la carne de bisonte; ahora es el secadero del maíz, pues el maíz es tan importante para los arikara como el bisonte para los sioux. Joven Oso arrancó una mazorca de su tallo, la tendió al representante de la tribu de los arikara, y habló así:

«Es voluntad de Wankan-Tanka que este maíz vuelva a vosotros. De este modo haremos la paz y estableceremos un parentesco que será un ejemplo para todas las naciones. Hemos hablado a menudo de los Doce Poderes del Universo; uniremos estos doce Poderes, junto con los sioux y los arikara, en uno solo. Al hacerlo, los arikara deberán cantar sobre los sioux; yo representaré a mi pueblo, y vuestro jefe representará al vuestro; nos convertiremos en parientes, y por ello nuestros dos pueblos serán como uno solo y vivirán en paz. En el pasado, los hombres que el Gran Espíritu puso en esta isla 6 han sido enemigos, pero este rito traerá la paz, y en el futuro otras nac iones de esta isla emparentarán gracias a él.»

Vosotros, arikara, debéis hacer ahora como si estuvierais en el sendero de la guerra contra nosotros; debéis alejaros en busca del enemigo cantando vuestros cantos de guerra.»

Después de oír este discurso, el arikara cogió una mazorca de maíz con la mano derecha y el tallo con la izquierda, y declaró que los hombres de su tribu buscaban al enemigo, los Sioux; y, entonando sus cantos de guerra, agitaron los tallos de maíz. Este balanceo de los tallos representa el maíz cuando el soplo del Gran Espíritu lo acaricia: cuando sopla el viento, el polen cae del penacho a la tela que rodea a la mazorca, y esto es lo que hace que el fruto madure y sea fértil. Podéis ver cómo el ejemplo del maíz prefigura el parentesco que vamos a establecer entre estos dos pueblos.

Mientras los mensajeros de los arikara simulaban buscar a sus enemigos, los sioux, todo el mundo se juntó para observarlos, y todos eran felices, pues comprendían lo que iba a suceder. Pronto los arikara se hallaron ante el tipi en el que esperaban los cuatro sioux, y el jefe arikara dijo a sus valientes:

«¿Quién de vosotros ha sido el primero en tocar al enemigo 7 en el sendero de la guerra? Ahora os toca contar los golpes (to count coup) sobre esta tienda y ent rar en ella para capturar a Joven Oso; luego haremos prisioneros a los otros. Pero antes debéis relatar los actos de bravura que habéis realizado en el sendero de la guerra.»

Entonces el arikara se puso a contar sus hazañas guerreras, y después de cada frase todos los asistentes gritaron: «¡Hi ho! ¡Hi ho!» y las mujeres mostraron su júbilo lanzando trémolos. Cuando terminó, se precipitó a la tienda, la tocó (counting coup), luego entró y salió con joven Oso; los demás arikara también entraron y sacaron a los otros cuatro sioux. Los arikara continuaron cantando sus cantos de guerra, y todos los asistentes, sioux y arikara, estaban contentos y se hacían regalos mutuamente, ya fueran alimentos o vestidos, o incluso caballos.

Se formó entonces un cortejo dirigido por el arikara, quien agitaba continuamente los tallos de maíz; detrás de él iban los cuatro sioux capturados, entre los cuales había una mujer, un niño y una niña, a fin de que toda la tribu estuviera representada. Los arikara llevaban los niños sobre sus hombros, y en la cola del cortejo iban los cantores, los tambores y todos los asistentes de las dos tribus. El cortejo se detuvo cuatro veces, y cada vez la gente aullaba igual que los coyotes, tal como hacen las partidas guerreras cuando regresan al campamento. Pronto llegaron al tipi sagrado que se había preparado en el centro del campamento 8, y los sioux capturados fueron conducidos hacia unos lechos situados al Oeste de la tienda, sobre los que se habían amontonado muchos regalos ofrecidos por los arikara.

Los ayudantes arikara cogieron entonces unos vestidos de piel de bisonte y los sostuvieron ante los cinco sioux y el jefe arikara: a esto se le llama «esconder a los parientes cercanos». Entonces un guerrero arikara y una mujer de esta tribu se deslizaron detrás de esta cortina y pintaron los rostros de los sioux. La mujer pintó de rojo los rostros de la mujer sioux y de la niña, mientras que el guerrero hizo lo mismo con los hombres sioux y el niño, pintando un círculo azul alrededor de sus rostros y una línea azul en la frente, en los pómulos y también en la barbilla. Durante todo este tiempo los arikara agitaron los tallos de maíz y cantaron cantos de misterio. Luego quitaron los plumones de águila de las mazorcas y los plantaron en los cabellos de los sioux; mientras, pintaron de rojo un cráneo de bisonte, y los cuatro Poderes fueron representados por cuatro líneas; se rellenaron con salvia las órbitas y la nariz del cráneo, y éste fue colocado, de cara al Este, sobre un montículo cuya tierra había sido tomada del lugar consagrado.

Entonces se apartaron los vestidos de bisonte, de modo que todo el mundo podía ver a los sioux con el rostro pintado. Quizá debo explicaros lo que esto significa: mediante la pintura, los hombres han sido transformados; han experimentado un nuevo nacimiento y han adquirido con ello nuevas responsabilidades, nuevas obligaciones y un nuevo parentesco 9.

Esta transformación es tan sagrada que debe tener lugar en la oscuridad 10: debe ser sustraída a la vista de la mayoría; pero cuando se aparta la cortina aparecen puros, libres de ignorancia, y han de haber olvidado las inquietudes del pasado. Ahora no son más que uno con los arikara; el parentesco se ha realizado 11.

Al tiempo que agitaban sus tallos de maíz, los arikara entonaron este canto:

Todos están emparentados (huntka),
Todos estos son parientes.

Después, volviéndose hacia cada una de las cuatro Direcciones, cantaron:

Oh Tú, Poder de donde el sol se pone,
¡Tú eres un pariente!
Oh Tú, Poder de donde vive el gigante,
¡Tú eres un pariente!
Oh Tú, Poder de donde sale el sol,
¡Tú eres un pariente!
Oh Tú, Poder de allí donde siempre miramos,
¡Tú eres un pariente!

Luego, minando al cielo, cantaron:

Éste es nuestro pariente.

E inclinándose hacia la tierna, y también sobre el cráneo de bisonte, cantaron:

La Tierra es nuestro pariente.

Finalmente, agitando el maíz sobre los sioux, cantaron:

«Estos cinco son nuestros parientes; todos estamos emparentados; ¡todos somos uno!»

A continuación, Joven Oso se levantó, tomó el Calumet que estaba apoyado en el caballete, se situó en medio de la tienda y, levantando su mano derecha y elevando la Pipa con la mano izquierda, hizo esta oración:

«Oh Wakan-Tanka, ¡elevo mi mano hacia Ti! Hoy estás muy cerca de nosotros. Te ofrezco mi Calumet. También a vosotros, oh Poderes alados que habitáis en el lugar donde se pone el sol, os ofrecemos esta Pipa. En este día bendito hemos unido todo lo que hay de sagrado en el Universo; en este día se ha hecho una gran paz. Oh Abuelo Wakan-Tanka, que esta paz dure siempre; ¡que ningún hombre ni ninguna circunstancia la destruyan! Estos pueblos caminarán juntos por este sendero único que es rojo y sagrado.»

Volviéndose hacia la asamblea, Joven Oso dijo: «Los ritos tocan a su fin; ¡estamos unidos, somos uno! Oh vosotros, arikara, este maíz que amáis, pero que habíais perdido, os será devuelto.» Al oír estas palabras, los hombres mostraron júbilo y las mujeres hicieron el trémolo, y los cantos empezaron de nuevo; los arikara que agitaban los tallos de maíz danzaron hacia la puerta del Este, y se precipitaron cinco veces hacia los cinco sioux; luego estos movimientos y estas danzas cesaron.

Entonces trajeron mucha comida a la tienda; el jefe arikara, tomando un pedazo de carne seca y purificándolo en el humo de hierbas aromáticas, hizo esta oración:«¡Oh Wakan-Tanka, mírame y ten misericordia de mí! Esta carne es el germen: debe ser introducida en vuestra boca y convertirse en vuestro cuerpo y vuestra alma, que el Gran Espíritu, en su bondad, os ha dado. Así como Él es misericordioso con vosotros, así debéis serlo vosotros con los demás.»

Con estas palabras, el jefe arikara puso la carne consagrada en la boca de cada uno de los cuatro sioux; él y Joven Oso se sentaron uno frente al otro en medio de la tienda. Joven Oso tenía ante sí el cráneo de bisonte y el Calumet, y delante del jefe de los arikara se hallaba la mazorca de maíz y los cuatro tallos. El jefe arikara tomó entonces un pedazo de carne de bisonte y de spués de purificarlo en el humo, lo tendió a Joven Oso y dijo:

«¡Ho, hijo mío! Voy a ser tu padre. En este día que le pertenece, el Gran Espíritu ha visto nuestros rostros; la aurora de este día nos ha visto, y nuestra Abuela la Tierna nos ha escuchado. Estamos en el centro, y los cuatro Poderes se unen en nosotros. Quiero poner esta carne en tu boca, y a partir de este día jamás deberás temer a mi casa, pues mi casa es tu casa 12 y tú eres mi hijo.»

El jefe puso la carne en la boca de Joven Oso; la tribu de los arikara se alegró y dio gracias, pues, mediante este acto, los dos pueblos se convertían en uno solo. Entonces Joven Oso tomó igualmente un pedazo de carne, lo purificó en el humo y, ofreciéndolo al arikara, le dijo:

«¡Ho, padre mío! Hemos hecho la paz según la voluntad del Gran Espíritu, no sólo entre nosotros, sino también dentro de nosotros y con todos los Poderes del Universo. La aurora de este día ciertamente nos ha visto, y el Bisonte, que es la fuente de nuestra vida en esta tierra y que protege a la tribu, ha estado con nosotros; y nuestro Calumet, que ha dado a nuestro pueblo el alimento para sus almas, ha estado con nosotros; y hemos tenido con nosotros vuestro maíz, que os es sagrado y con el cual hemos realizado el parentesco. Quiero ponen este alimento en tu boca para que nunca temas a mi casa, que será tu casa. ¡Que, por hacer esto, Wakan-Tanka sea misericordioso con nosotros!»

Joven Oso puso la carne en la boca del jefe arikara, y todos los sioux dieron muestras de júbilo y dieron gracias. A continuación, Joven Oso cogió la Pipa, la encendió, la ofreció a las seis Direcciones, y después de dar cuatro bocanadas la ofreció al arikara, diciendo: «¡Ho, padre mío! Toma esto y fúmalo, y que en tu corazón no haya más que la verdad.»

El arikara tomó el Calumet, lo ofreció a las seis Direcciones, y después de dar cuatro bocanadas, lo pasó a los asistentes. Todos los arikara y todos los sioux que se hallaban presentes lo fumaron por turno, e incluso cuando el fuego se había apagado se ponían la Pipa en la boca y la abrazaban. Mientras tanto, el jefe arikara dijo a Joven Oso:«¡Ho, hijo mío! Nos has devuelto la mazorca de maíz que nos dio el Gran Espíritu, pero que tú cogiste a causa de una visión que tuviste. Como queríamos que nos devolvi eras nuestro maíz, vinimos a proponeros la paz; pero nos has dado más que esto al realizar hoy mismo el misterio del parentesco. Con el fin de ligarnos aún más íntimamente, te doy una parte del maíz con el derecho a emplearlo en vuestros ritos. Desde ahora, también para vosotros será sagrado, como lo es para nosotros.»

El pueblo era dichoso al ver que esta gran cosa se había cumplido, e hizo una fiesta que duró toda la noche.

Deseo mencionar aquí que con estos ritos se ha establecido una triple paz. La primera paz es la más importante: es la que surge en el alma de los hombres cuando se dan cuenta de su parentesco, de su unidad, con el Universo y todos sus Poderes, y cuando se dan cuenta de que en el centro del Universo mora el Gran Espíritu, y que en realidad este centro está en todas partes; está en cada uno de nosotros. Ésta es la paz real; las otras paces no son sino reflejos de ella. La segunda paz es la que se establece entre dos individuos; la tercera es la que se concierta entre naciones. Pero debéis comprender que nunca puede haber paz entre naciones antes de que se sepa que la verdadera paz, como he dicho a menudo, está en el alma de los hombres.


Notas:

1 Los arikara pertenecen a la familia lingüística de los caddo; son, por tanto, parientes cercanos de los pawnies.

2 No hay que olvidar que el bisonte es como una encarnación animal del principio Tierra, cuya manifestación material es la tierra visible; pero la Tierra -Principio es evidentemente divina, y ésta es la razón por la que la Mujer Bisonte Blanco viene del Cielo. Tierra y Cielo —las regiones visibles— tienen su prototipo eterno en lo Divino; estos prototipos forman una pareja, no se confunden; pero Wakan-Tanka, en su unidad suprema, supera esta dualidad. El hecho de que el Calumet lo traiga un Bisonte hembra celeste significa que aquél es un don de la pareja Tierra-Cielo: la materia del Calumet indica la Tierra, y el humo, el Cielo.

3 Y cuyos prototipos se hallan incluidos en el principio Tierra.

4 Esta definición es muy notable, pues contiene la doctrina del altar primordial, del santuario como tal.

5 La analogía con el simbolismo cosmológico de los pueblos antiguos más diversos aparece aquí de un modo particularmente impresionante; nos limitaremos a recordar a este propósito al fresno Ygdrasil, el eje del mundo en la mitología germánica.

6 El continente piel roja, la tierra que se ext iende entre los dos océanos.

7 Es sabido que tocar al enemigo armado, sin matarlo, con una vara adornada con plumas (coup-stick), era considerado como una hazaña particularmente meritoria.

8 Recordemos que los poblados indios están dispuestos en círculo.

9 Este papel de la pintura ritual se halla también en el hinduismo; en la mayor parte de las civilizaciones la pintura es sustituida pon la indumentaria, como en el caso del vestido ocre del sannyâsî o del hábito monacal.

10 También esta oscuridad es simbólica: indica el paso más o menos «caótico» de un plano de consciencia a otro.

11 Por transposición espiritual: el yo no es más que uno con el prójimo. El simbolismo iniciático de este pasaje es particularmente explícito.

12 Se notará la curiosa coincidencia con la fórmula de cortesía árabe: «Mi casa es tu casa» (dârî dârek).

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