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La leyenda de los Césares

Ricardo E. Latchman (1929)

Sus orígenes y evolución

El origen de la historia

Segunda parte del desarrollo de la leyenda

La leyenda de los españoles perdidos

Las expediciones de búsqueda en el siglo XVI

La leyenda en el siglo XVII

El siglo XVIII

El estado actual de la leyenda

Conclusiones del autor

Conclusiones del autor

Hemos visto la forma en que originó y las principales fases de su desarrollo. Resultó ser la combinación de varios hechos independientes, comprobados o dudosos, pero que en el fondo eran posibles y aun probables. Poco a poco iban confundiéndose y tomando un aspecto cada vez más maravilloso, hasta perder completamente todos sus detalles primitivos, para convertirse en fábula.

Naturalmente uno se extraña de cómo pudo existir tanta credulidad y cómo pudo mantenerse viva por tanto tiempo una leyenda que parecía ser tan fantástica, dada la fama que asumió desde fines del siglo XVII. Para comprender esto es preciso tomar en cuenta varios factores. En el primer lugar, no debe creerse que los gobernantes ni los círculos oficiales de España fuesen tan crédulos como parece. En los Archivos de Madrid y Sevilla, en Chile, del Perú y de Buenos Aires, existían los antecedentes de todas las gestiones anteriores, y se supo que había algún fundamento para las creencias en boga. Esto se hace patente a quien lee las extensas informaciones a que hemos hecho referencia.

El país misterioso de César no se había vuelto a descubrir y la tradición de los Incas en la Pampa, cuya existencia era garantizada por las declaraciones de tantos testigos, llevaba los visos de la probabilidad porque en varias ocasiones se habían visto y aun rescatado entre los pehuenches, puelches y otras tribus de las Pampas, objetos de oro y plata de tipos incaicos, que no podrían haber procedido sino de las regiones recorridas por ellos.

Luego la tradición de que uno o quizá dos grupos de españoles procedentes del naufragio de los buques de la armada del obispo de Placencia se habían salvado, internándose en la Patagonia era bien fundada y lógica. Era igualmente razonable suponer que se habían casado con mujeres indias y que aumentaron grandemente en las generaciones siguientes. Era justo suponer también que, teniendo todo lo necesario para fundar una colonia, lo habían hecho. Como en los tiempos se tenia una idea exagerada del número de indios que habitaban en la Pampa y en la Patagonia, se creía que si estos españoles o sus descendientes no habían venido a buscar a los de Chile o del Río de la Plata, seria porque estaban encerrados por tribus hostiles que no los dejaban pasar.

La idea que debían tener riquezas de oro y plata no era tan extravagante como puede parecer ahora. Debe recordarse que nada se sabia de la geografía o de la geología de aquellas regiones, que eran completamente incógnitas. El aliciente de todos los españoles de la época era el de encontrar ricas minas de los metales preciosos y era humano creer que los españoles perdidos pudieron haber encontrado semejantes tesoros y a medida que se enriquecieron, haber construido una gran ciudad, como habían hecho sus compatriotas en todas las partes de la América a donde habían llegado.

Aparentemente no había ninguna razón para que estas colonias, tanto la de los Incas como las de los españoles náufragos, no floreciesen. Las que se habían establecido en Chile y en las ciudades argentinas se habían arraigado y aumentado. Sus primeros pobladores se habían casado con mujeres indigenas y progresaban, de manera que no existía razón, al parecer, para que las colonias establecidas en la Patagonia no hiciesen otro tanto. No quedaba duda respecto de la existencia de dichas colonias, los rumores eran insistentemente repetidos y procedían de demasiadas fuentes distintas para poderlas rechazar. Así es que la confianza de los gobernadores estaba, hasta cierto punto, justificada. Personalmente estamos persuadidos, después de un examen imparcial de toda la cuestión, que dichas entidades tuvieron una existencia verdadera, originalmente.

El error de los funcionarios y gobernantes estribaba en un factor que nunca comprendieron ni tomaron en cuenta; pero que explica de una manera muy sencilla y muy lógica la razón por que nunca se encontraron tales colonias.

Tomamos el caso de los náufragos de la nao capitana que se perdió en el Estrecho. Según la relación de Pedro de Obiedo se salvaron doscientas cuarenta personas, y es de suponer que todas o casi todas ellas acompañaron al capitán Arguello y se establecieron en la Patagonia, al sur del grado 46. Un número indeterminado de ellos perderían sus vidas en las constantes peleas con los indios y otros peligros, enfermedades y accidentes, pero con probabilidad la mayor parte llegarían a radicarse en la orilla de la gran laguna de que habla la relación. Aquí los hombres solteros se casarían con las mujeres indígenas. A medida que se concluían los recursos llevados de la nave, y sin esperanza de poderlos renovar, los españoles serían obligados a adoptar la vida de cazadores de los indios. Aun suponiendo que llevasen consigo ciertos elementos de agricultura y de horticultura, el clima y el suelo no eran propicios para estas industrias; les pasaría lo de los colonos llevados al Estrecho por Pedro Sarmiento de Gamboa, cuarenta años más tarde, y en dos o tres años a lo sumo, habrían desistido de sus ensayos infructuosos. Aunque al salir del lugar del naufragio pueden haber llevado ciertos animales domésticos, es probable que estos quedarían luego agotados por los indios, que eran esencialmente cazadores y hostiles a los recién llegados. Quizá sobrevivieron algunos ovejunos, ya que vemos por las relaciones de los indios de Blas Ponce que los incas de la Pampa parecen haber tenido de esta costa, que a ser cierto no pueden haber obtenido sino de los españoles de nuestra referencia. Sin embargo, todo esto es muy vago y conjetural. Lo que parece seguro, es que sin comunicación con el mundo externo, es imposible que puedan haber desarrollado una cultura europea, porque les faltaban todos los elementos para su continuación, ni tenían de donde conseguirlos, aun suponiendo que hubiesen poseido los conocimientos de las diferentes industrias, lo que también es dudoso. Encontrándose en un medio nuevo, sin otros recursos que los que les proporcionaba la naturaleza circundante, tendrían que adaptarse a la vida de los indios, la única posible en aquellas condiciones.

El número de mujeres españolas era muy reducido y, según todas las noticias, la mayor parte de los náufragos se unieron con las mujeres nativas. Esto lo habían hecho sus compatriotas en las conquistas de Perú, Chile y otras partes, de manera que no es para llamar la atención. Pero en aquellos países hubo una corriente constante de españoles y españolas y los solteros que llegaban después se casaban con las mestizas. De esta manera la sangre española se renovaba constantemente. Con la pequeña colonia aislada en el corazón de la Patagonia, pasaba una cosa muy distinta. El mestizaje era unilateral. No hubo ninguna renovación de la sangre europea y en muy breves generaciones esta se extinguió quedando solamente el recuerdo.

Los hijos de la primera generación eran mestizos de media sangre y puede ser que muchos de ellos se casaran entre sí, pero no todos. Los caciques indios se apoderarían de muchas de las mestizas, y de los varones un número considerable se casarían con mujeres indigenas. Así es que la mayor parte de la tercera generación tendría solamente una cuarta parte de sangre española y tres cuartas de indígena. En las generaciones subsiguientes se perdería todo indicio de la sangre europea y el elemento español habría desaparecido, absorbido por el indígena.

La lengua española habría desaparecido más rápidamente aun; probablemente durante la tercera generación. La lengua que aprenden los niños es la materna, en este caso la indígena, y solo algunos de ellos aprenden la paterna, cuando esta es diferente. Sobre todo pasa tal cosa cuando la lengua materna es la del país en que habitan. Esto se nota aun en la actualidad, donde en Chile y otros países sudamericanos, los hijos y nietos de los extranjeros establecidos en ellos, raras veces hablan las lenguas originales de sus padres, especialmente cuando estos se casan con mujeres criollas.

Con la misma rapidez y por las mismas razones, perderían todo indicio de la civilización aportada por los colonos originales, porque no había medio ni de continuarla o de renovarla. La mayor parte de las industrias caseras son las practicadas por las mujeres. Las artes e industrias fabriles europeas no podrían instalarse por la falta absoluta de elementos o de materias primas, y faltarían también una gran parte de los conocimientos necesarios. Es probable que, en un principio, los españoles harían algunas tentativas esporádicas de propagar la agricultura y quizá el tejido; pero no darían resultado, por motivos obvios y tendrían que ajustarse a la manera de vivir de los indios, vistiendose de pieles y dedicándose a la caza y a la pesca.

En la segunda, o a más tardar la tercera generación, los descendientes de los españoles habrían perdido su lengua paterna como también todo vestigio de su civilización y serian indistinguibles de sus parientes indigenas.

Heros visto que, en el caso de haber existido esta colonia, se hallaría al sur del río Negro. Pues las primeras exploraciones de estas regiones se hicieron a fines del siglo XVII, más de cien años despues del naufragio, cinco o seis generaciones despues del establecimiento de los españoles en la Patagonia y cuando todos sus vestigios se habrían desaparecido. No es de extrañarse entonces que no se diera jamás con ellos.

Una cosa muy parecida debe haber pasado con los grupos de Incas refugiados en la Pampa y por idénticas razones.

Debe recordarse que estos establecimientos, tanto de los Incas corno de los Españoles, tuvieron lugar antes de la Conquista de Chile por Pedro de Valdivia y mucho antes de la fundación de las ciudades argentinas. La verdadera situación de lo de César era completamente ignorada y cuando la región fue descubierta y explorada, no la conocieron los españoles y siempre la buscaban mucho más al sur.

Las primeras expediciones en busca de lo de Cesar se internaron muy poco hacia el sur y en ninguna ocasión llegaron cerca de donde se habían radicado las mencionadas colonias. Sólo en el siglo XVII, las de Hernando Arias, de Diego Flores de León y de Gerónimo Luis de Cabrera, llegaron al río Negro, sesenta o setenta años despues del establecimiento de las colonias de Incas y aunque hubiesen topado con sus descendientes, no los habrían reconocido, porque andaban buscando gente culta, con grandes ciudades y riquezas y no indios salvajes y nómades que habían ya perdido su lengua y cultura originales. Pasaron otros cincuenta o sesenta años antes de que los primeros exploradores penetraron en la Patagonia, y se puede decir que antes de los viajes del Padre Mascardi, ese territorio era tierra incógnita.

Por otra parte, como hemos visto, no todos los rumores que corrían por la Pampa se referian a las entidades que ya se habían dado en llamar los Césares. Algunas de las tribus que llegaban a las vecindades de Córdoba y Buenos Aires hablaban de los extranjeros que habían visto y de las ciudades que habían fundado estos. Muchos de estos rumores se referian a otras ciudades existentes en los países poblados de españoles. Al correr de tribu en tribu los rumores se hacían mas y mas vagos y los españoles que los recogían los interpretaban a su modo formando a menudo fantasías que no existían sino en su propia imaginación. También, de vez en cuando, tocaban en algún puerto o caleta de la Patagonia, buques de españoles, franceses, ingleses u holandeses y los indigenas propagaban las noticias de haber visto en la costa otros hombres blancos y barbudos, iguales a los españoles. En su mayor parte estas noticias se creían referir a los españoles náufragos o sus descendientes, porque no se dieron cuenta que los dichos descendientes se habrían revertido al tipo indio y al salvajismo.

De esta manera se renovaba constantemente la tradición. Como a pesar de los constantes nuevos rumores y noticias, no aparecían nunca ni los Césares ni su ciudad o colonia, la leyenda iba tomando un aspecto cada vez más maravilloso y se comenzó a hablar de una ciudad encantada, invisible o que se ocultaba cuando la buscaban los extraños, etc.

En nuestro sentir, es ésta la explicación de la leyenda; la que tuvo su fundamento en hechos verídicos de diferente indole, pero cuya evolución se complicaba cada vez más, hasta formar una madeja de fábulas fantásticas que ocultaban y desfiguraban completamente los detalles fundados de los primeros rumores.

Los hechos que se pueden considerar como ciertos, eran, la existencia al oeste del río Parana (Sancti Spiritus) de un territorio cuyos habitantes tenían conocimientos de los metales preciosos y que fue llamado lo de César; el naufragio del buque de la armada del obispo de Plasencia en el Estrecho; el salvamento de la tripulación y su internación en la Patagonia.

Es un hecho probable que se salvara en otro punto de la costa de la Patagonia, la tripulación de un segundo buque de la misma armada, aunque las pruebas de este acontecimiento no son muy claras.

Es posible también, por no decir probable, que consecuente con la conquista del Perú por los españoles, la ejecución de Atahualpa por los conquistadores y la invasión del noroeste argentino y el territorio de Chile, algunas de las guarniciones que los Incas mantenían en aquellos países, se hayan refugiado en las pampas, donde durante algún tiempo conservaron su independencia, siendo luego exterminados o absorbidos por los habitantes salvajes y nómades de aquellas regiones.

Sobre estos diversos elementos de orden concreto comprendidos y mantenidos separados por los primeros españoles, se levantó más tarde una serie de relaciones fabulosas y ficticias que culminó en el mito más moderno de la Ciudad Encantada de los Césares.


El estado actual de la LeyendaEl estado actual de la Leyenda

Extraída de la obra publicada en la "Revista Chilena de Historia y Geografía"

Se han incluido vínculos a las biografías de los personajes más relevantes.
Hemos distribuido el contendido en capítulos para el acceso más rápido al tema.