Isleños Aleutianos. Esquimales del Pacífico Norte.

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Isleños Aleutianos.
Esquimales del Pacífico Norte.

George I. Quimby
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Cosmogonía

Religión

El aleutiano creía en espíritus y seres sobrenaturales cuyo poder estaba presente en todas las cosas, inclusive en las rocas y los animales. Una clase de deidades gobernaba sobre el mar, otra la tierra, y una tercera el cielo. Eran muy importantes, pues aseguraban la buena caza, la protección sobre los enemigos, y similares. En resumen, estos seres sobrenaturales podían llenar todas las necesidades de la sociedad aleutiana, pero ayudaban sólo a los aleutianos que se ayudaban a sí mismos.

Al igual que los esquimales del norte, los aleutianos cuidaban de separar las cosas que pertenecían a los dioses de la tierra de las cosas que pertenecía a los dioses del mar. Por ejemplo, si fuera necesario aligerar las rocas de lastre de su kayak, no podía tirarlas al mar, ya que un acto de este tipo haría enojar a los dioses de mar, tenía que devolverlos a la tierra. Del mismo modo, los huesos del primer mamífero de mar muerto por un grupo de cazadores, debían ser devueltos al mar, el resto de la faena podía hacerse en la costa.

Los dioses del mar y otros espíritus que asisten al cazador en las aguas, requería que éste y su comunidad realizaran ceremonias y rituales para complacerlos y asegurar su apoyo. En el festival de invierno, por ejemplo, en un acto en el que participaba todo el pueblo, se realizaba para obtener alimentos para suministrar a sus dioses.

Ayuda adicional en la caza podía ser obtenida de los espíritus de los parientes muertos, de un espíritu protector de animales, o del poder sobrenatural presentado en las tallas y diseños pintados en los cascos de madera o en amuletos.

Algunos amuletos de caza listados por Jochelson fueron los siguientes: Las plumas del pinzón rosado utilizadas en la caza de ballenas, pedazos de hematita para la caza de nutrias. Otros amuletos eran picos de cuervo y tallas en hueso de diferentes animales. Los cazadores orientales de zorros utilizaban uno complicado, hecho con una cuerda de pelo de reno macho, el tendón de una cola de zorro y los tallos de una planta de fresa, todo envuelto en un pedazo de piel.

El cazador tenía que cumplir una serie de requisitos para evitar el desastre. No debía permitir que nadie vea sus amuletos, y antes de un viaje tenía que evitar el contacto con las mujeres, especialmente las viudas y las que menstruaban.

La enfermedad y la muerte eran causadas por los espíritus malignos. A veces la muerte se podía prevenir o la enfermedad curar con la acción de los chamanes, especialistas que utilizaban sus poderes sobrenaturales contra los malos espíritus. Solo los chamanes podían hacer las máscaras sagradas utilizadas en los rituales aleutianos.

En contraste a los esquimales del norte, los aleutianos no temían a la muerte. Los espíritus de los parientes muertos eran útiles en muchos aspectos, podían residir en los animales; por ejemplo, las nutrias podían tener las almas humanas.

La religión aleutiana se hacia cargo de las necesidades de las personas a las que sirve y estaba bien integrada con los otros aspectos de la sociedad.

Mitología

Los mitos y los relatos de los aleutianos eran de tres tipos. Uno se ocupaba de los protectores de animales, guardianes y otros seres sobrenaturales. Otro de las obras de los héroes culturales, guerreros y jefes. El tercero se refería a la vida presente y pasada de los aleutianos.

La narración de los mitos era un arte, su narrador gozaba de gran prestigio y su tribu se enorgullecía de su habilidad. Jochelson, explicó que la narración de un mito era considerado "trabajo comunitario de la tribu expresado por un individuo". Los relatos eran precedidos por una declaración de que se trataba de "la obra o la creación de mi pueblo".

Funeraria

Los esquimales del norte temían a los muertos y se deshacían de los cuerpos lo más rápidamente posible. Los aleutianos, por su parte, no tenían miedo, los vínculos familiares eran tan grandes que el separarse de los muertos se dilataba el mayor tiempo posible.

Hubo varias observancias rituales a cumplir entre la muerte y la eliminación del cuerpo. Había procesiones marcadas por el redoble de los tambores y lamentos de los afligidos que se retiraban los adornos faciales en señal de luto. La disposición del cadáver podía ser por cremación, entierro en el suelo o en cuevas.

La cremación parece haber sido el que correspondía a los estratos mas bajos de la sociedad, en su mayoría eran mujeres, niños y esclavos.

Los enterramientos se hacían en fosas circulares que eran considerados por los vivos como casas de los muertos. Un número de individuos podría ser enterrado en la misma fosa, junto con ofrendas funerarias. La preparación de este tipo de enterramientos era el mismo que el realizado en las cavernas.

Otra costumbre el enterramiento en tumbas o sarcófagos hechos de troncos y tablas de unos 2,5 metros de ancho, 3 de largo y 1 de alto. La estructura era de troncos, la parte superior estaba cubierta por tablas pulcramente calafateadas con trozos de piel, los cuerpos eran colocados en forma flexionada acompañados por su ropa, herramientas, adornos y otras pertenencias.

Los más interesantes y espectaculares eran las momias depositadas en cuevas en fardos funerarios. El cuerpo se preparaba retirando las vísceras, rellenando los vacíos con hierba, en algunos casos no hubo tal evisceración. Se vestía al difunto con un abrigo de pieles, sobre el cual -en el caso de los hombres- podía haber una parka impermeable. Se lo colocaba en posición sentada con los brazos y piernas encogidos contra el torso, firmemente envuelto con esteras tejidas.

Se los colocaba en una cueva seca con sus pertenencias. Las mujeres estaban rodeados de sus utensilios para tejer y cocinar, los bebés se colocaban en sus cunas, los cazadores tenían todas sus armas y kayaks, los guerreros estaban con su indumentaria de guerra y armas. En los entierros en cuevas, los muertos estaban completamente equipados para vivir en el mundo de los espíritus de la misma manera que habían vivido antes.

Algunos aleutianos creían que por la noche los muertos se dedicaban a sus labores cotidianas, incluso celebraban fiestas y ceremonias y con la llegada de la luz del día regresaban a su lugar de descanso en la cueva retornando a su posición en el enterramiento.

Había dos tipos de enterramientos en cuevas. Jefes con su séquito y personas notables -guerreros y cazadores de ballenas- eran colocados en grandes cuevas donde las momias eran suspendidas de marcos de madera o puestos sobre una plataforma, también de madera. Cuevas más pequeñas servían como cementerios de la aldea, los cuerpos eran colocados sobre esteras o directamente en el suelo. Todas las cuevas estaban secas y eran relativamente templadas, un factor importante que explica la excelente preservación de las momias.


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