Sitios Arqueológicos de Tandilia Oriental

 
 
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Sierra de Tandil

El macizo de Tandilia se formó hace 2.500 millones de años. Tiene unos 350 km. de largo -desde Olavarría hasta Mar del Plata, donde se sumerge en el Mar Argentino- con una anchura promedio de 60 km. Esta formado por secciones separadas por abras y valles transversales, cada una de ellas recibe diferentes nombres, siendo la más relevante la Sierra de Tandil que se extiende entre los arroyos Chapaleufú y Quequén Chico.

En el grupo oriental se destacan las Sierras de los Padres, Vulcan y La Vigilancia (301 m.s.n.m.); en las grutas de ésta última se hallaron los mayores vestigios de presencia de los primeros americanos.

En las sierras orientales de Tandilia, poblaciones tempranas aprovecharon los recursos que ofrecían esos "oasis serranos". Los recursos explotables variados, las cuevas y cavernas y la altura de los sitios -ventaja para la visualización zonal-, favorecieron el hábitat humano en esta parte de la región Pampeana.

Reparos como Cueva Tixi, Abrigo Los Pinos, Cueva El Abra, Cueva Burucuyá y Cueva los Antiguos fueron campamentos de los cazadores-recolectores, que las comenzaron a ocupar en un mismo rango temporal -entre los 9.800 y 10.500 años antes del presente-, los que los ubica como uno de los primeros poblamientos de la región.

Las evidencias de sus actividades son los restos de piedras trabajadas, los huesos de la fauna que cazaron y consumieron y las arcillas de colores que utilizaron para pinturas. Respecto a la alfarería, las vasijas presentan superficies externas lisas o con decoración geométrica de color rojo.

Algunos sitios fueron utilizados como campamentos permanencia temporaria, en otros manufacturaban la piedra y faenaban sus presas. Cueva El Abra y Cueva Tixi tienen la particularidad de haber sido sistemáticamente reutilizados durante diez milenios. Cueva Los Antiguos y Cueva Burucuyá registran ocupaciones de pequeñas partidas de cazadores que acamparon allí un corto tiempo.

Cueva Tixi

Emplazada sobre una pendiente resguardada de los vientos y a escasos metros de una fuente de agua permanente, fue ocupada entre el año 8.500 a. C. y el 1.250 d. C.

Junto a sus fogones se encontraron restos óseos de los extinguidos eutatus seguini y dusicyon avus, armadillo y zorro respectivamente mucho más grandes que los actuales. El primero utilizado como alimento; el zorro sin indicios de haber sido consumido, ocupaba un rol importante en el mundo mitológico de los antiguos cazadores-recolectores.

Huesos con huellas de exposición al fuego y fracturas intencionales indican el consumo de fauna autóctona: guanaco, venado, ñandú, coipo, vizcacha y lagarto. También se hallaron instrumentos de filo cortante, realizados de piedra de las sierras y rocas marinas, además de pigmentos minerales -rojos y amarillos- que empleaban en sus artes.