Cosmogonía Kaiowá (Pãi Tavyterã)

 
 
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Cultura Kaiowá (Pãi Tavyterã)
Cosmogonía:

Cosmología.
La muerte y el alma.

Rituales:

Avati Kyry,
Fiesta del maíz.

Mitã Pepy. Ceremonia de iniciación masculina.

Chamán

El chamán es esencial en la comunidad: cura enfermedades, restablece desarmonías, orienta para el futuro, es un vidente y, en general, es el velador de la cohesión social,


La Mbaraka (maraca de calabaza) era utilizada para interpretar a los seres sobrenaturales. Al sacudirla escuchaban su voluntad, a veces les pintaban ojos, nariz y boca para facilitar la comunicación. Las depositaban en templetes de ramas en los bosques, asegurando que estaban custodiadas por felinos de gran tamaño.
Cosmología

El creador absoluto es Ñane Ramoi Jusu Papa -Ñamandu, para los Mbya-, quién surgió de Jasuka -la materia primigenia- en el Jasuka Venda -Cerro Guazú, Cordillera de Amambay-. Él entregó la tierra a los hombres para que la cuiden, la conserven como algo que debe perdurar en el tiempo; la tierra es como una madre que alimenta a sus hijos, y por lo tanto merece respeto, así como se respeta a la madre.

No entra en su mentalidad lo de vender o comprar la tierra porque sería como comprar y vender la propia madre. La tierra es sinónimo de vida, en ella está el aire para respirar, el agua para tomar y criar peces, la selva que cobija a los animales, que los alimenta, los árboles medicinales que los curan y todos aquellos elementos rituales que sostienen espiritualmente a las comunidades. Los Paî viven una profunda armonía religiosa con la tierra; todo lo referente a los cultivos, a la cosecha, al sistema alimenticio, al manejo de los animales y de la selva tiene un trasfondo religioso; los dioses son los dueños de todo y ellos marcan pautas culturales para conservar la armonía en sentido vertical (persona-dioses) y horizontal (persona-persona y persona-naturaleza).

La presencia del mal y de la imperfección es combatida con la búsqueda del Yvy Marane'y, la tierra sin mal, que es un lugar geográficamente ubicado hacia el este y para llegar a él hay que cruzar el Gran Mar originario. De aquí el carácter sagrado del cedro que serviría para hacer las embarcaciones. Más allá de buscar geográficamente el lugar de la tierra sin mal, el significado de esta búsqueda es vivido en las comunidades como una tendencia hacia lo bueno, lo perfecto, lo justo, lo tranquilo, lo que debería ser.

La muerte y el alma

La muerte no es un acontecimiento trágico, es un fenómeno normal, es una liberación del cuerpo. La persona empieza así su peregrinar hasta el amba, el cielo, la morada verdadera.

Cada ser humano tiene dos almas, la espiritual y la del cuerpo. El alma espiritual tiene su asiento en la garganta, y se expresa a través del habla, especialmente con los cantos y rezos. El alma del cuerpo está en la sangre y la leche materna y se expresa a través de la sombra.

Al morir el alma del cuerpo, en parte se disuelve rápidamente, pero otra parte puede quedarse un tiempo más en la tierra, asustando a sus parientes y amigos antes de disolverse para integrarse a un animal, vegetal o la misma tierra.

La verdadera morada de las almas espirituales es el cielo, de ahí son enviados a la tierra a pasar por la difícil experiencia de la vida terrestre -una sola es suficiente-, para luego regresar. Antes tendrán que atravesar el piraguá -una especie de purgatorio-, cruzando obstáculos: piedras resbaladizas, arenas que vuelan, ataques de murciélagos y moscas gigantescas, y finalmente cruzar la "verdadera oscuridad", un abismo sin fin, sobre el cual una serpiente sirve de puente. Sólo los que han matado, sin conseguir purificarse antes de morir, no logran cruzarlo.

La muerte es concebida como un retorno a su hábitat primitivo, es una cosa buena, una liberación de todo lo que es trabajo, cansancio, privaciones y padecimientos de este mundo.

Durante el velorio, parientes y amigos hablan con el difunto, su espíritu está presente y escucha. Las conversaciones son largas, repetitivas y tocan aspectos de la vida personal, familiar y comunitaria.

El cuerpo es enterrado generalmente en un lugar común (yvy renda), con sus objetos y pertenencias más apreciadas. Habitualmente los deudos concurrirán a hablarle.

La choza donde vivía se deshace y se reconstruye un poco más lejos, a veces se quema; pero si es una casa en buenas condiciones, se clausura la puerta y se abre otra.