Guaná

 
 
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  • Ficha

Guaná, también llamados Kaskihá o Cashquiha. Ellos se autodenominan Enlhet, igual que los grupos Lengua del norte. Guaná proviene de los antiguos mbayá, que los dominaban y llamaban a sus vasallos Guaná-Niyolola.

No confundir con otro pueblo de igual nombre que pertenece a un grupo meridional -guaná-arawak- del tronco lingüistico arawak, cuya lengua se hablo hasta las inmediaciones de la actual Cuiabá, capital de Mato Grosso, Brasil.

Hábitat: Según Félix de Azara, eran la nación más numerosa del Chaco, ocupaban unos 140 km en la franja occidental del Río Paraguay, aproximadamente entre las actuales Fuerte Olimpo y Puerto Casado. Desplazados en insertados en la industria del tanino y las canteras de cemento y cal; actualmente unos 500 miembros -incluyendo los mestizados- se distribuyen en dos grupos principales: uno en las proximidades de Vallemi, Departamento Concepción y otro en el Riacho Mosquito, Departamento Alto Paraguay. A pesar de su dispersión mantienen el idioma y en los últimos años se percibe el intento de recuperar sus tradiciones.

Área Cultural: Gran Chaco (América del Sur).

Lengua: Vana peema de la familia Enlhet-Enenlhet (Maskoy).

Niños guaná
"Descripción e histora del Paraguay y Río de la Plata". Félix de AzaraTrascribimos la descripción de la cultura realizada por Félix de Azara (1742-1821), publicada en "Descripción e historia del Paraguay y el Río de la Plata" y editada por primera vez en Madrid (1847), por su sobrino y heredero Agustín de Azara.

Indios guaná

Habitan estos bárbaros al occidente del río Paraguay, desde la latitud austral de 22º 6' hasta la de 21º 35'. Esta es la nación más numerosa del Chaco y hoy está dividida en cinco parcialidades. La primera es la layana, que dista dos leguas y media del río Paraguay y se cree de tres mil almas. La segunda se reputa de seis mil y se nombra de los echoaladis o chabaranás, que dista de la anterior trece leguas. La tercera se llama equiniquinau, dista de la segunda jornada y media y se compone de dos mil almas que estando en paz con la segunda hacen ambas la guerra a la layana. La cuarta y más occidental o hacia los chiquitos es la ethelena, que dista veinticinco leguas de la tercera, pasa por la más numerosa y se cree de siete mil. La quinta es la negüicactem, que dista dos leguas del río Paraguay y es la más meridional y diminuta.

Tienen estos indios los primeros principios de civilización, en lo que difieren de todos los del Chaco. Viven en pueblos estables formados a la manera que los indios del Paraguay, pero difieren las casas o ranchos en que los de los guaná son una bóveda cilíndrica que empieza en el suelo, es larga veinte varas de ancha, diez cerrando los costados con bóvedas, cuya base es un semicírculo. Esto basta para diez a doce familias. Las puertas se reducen a un agujero muy reducido, tienen bastante cuidado de barrerlo y no duermen en el suelo ni en hamacas, sino en catres hechos con cuatro esteras y palos atravesados, sobre los cuales ponen paja o esteras. Son muy hospitalarios y no sólo alimentan y regalan a los pasajeros, sino que los conducen de unos a otros pueblos. Sus tierras son bellísimas, altas y muy embarazadas de bosques, en las que rozan para sembrar tabaco, algodón, mandioca, batatas y más cosas que en el Paraguay, de que viven y no de la caza ni pesca. No habrá contribuido poco a fijarlos y a hacerlos agricultores al carecer de animales domésticos, de forma que su constitución física y civil no ha mudado con la venida de los europeos.

Su talla es idéntica a la mbayá, como también el vestido y el no sufrir cejas, etc., pero son amiguísimos de pintarse y ponen en ello más estudio que los demás bárbaros. Cortan el pelo horizontalmente a media frente, se afeitan una grande media luna o semicírculo sobre cada oreja y el pelo de atrás cae flotante. Algunos se rapan toda la cabeza menos un mechón a la mahometana, y otros afeitan todo lo que está delante de la sutura coronal o la mitad anterior de la cabeza. Visten como los demás. Antes de casarse ajustan con la mujer y sus parientes el modo con que han de vivir y tratarse, y haciendo algún regalito a la novia queda concluido el matrimonio que lo verifican las mujeres a los ocho o nueve años y los varones a los veinte. Aunque comúnmente sólo tienen una mujer, los caciques y acomodados toman las que quieren. El repudio es libre a ambos sexos, como en los anteriores. Al adúltero matan los parientes y el marido, pero no castigan a la mujer. Dicen muchas que las mujeres son poquísimo fecundas y atribuyen la esterilidad a ciertos artificios que ellas saben practicar en el momento en que debían concebir, pero yo me atengo a lo que aseguran otros y es que algunas madres entierran vivos a los hijos, menos uno o dos, en el momento que nacen. Algunos me han asegurado que habiéndolos querido comprar no los han vendido las madres por precio alguno, prefiriendo enterrarlos. Esta práctica parece posterior al año de 1772, y es creíble que luego será general como lo es entre los mbayá el abortarlos. Suelen castigar las demasías de los hijos, cosa que aquí no hace ningún bárbaro. El empleo del pay o médico es ejercido por mujeres en los términos que los anteriores. Tienen las mismas consideraciones para con sus caciques que los mbayá, y disponen que todos los que nacen cuando uno de sus hijos sean vasallos de éste. Entierran sus difuntos después de haberlos llorado bien a la puerta de casa, para tenerlos más presentes según dicen. Son un poco menos borrachos que los payaguá y mbayá, a quienes en lo demás se parecen, pero las mujeres son las menos feas, más aseadas, fáciles, cariñosas, y de buen cuerpo y agilidad.

Por lo demás, no hay ley alguna. Los pleitos se deciden entre partes. No tienen culto ni adoración. Si se les pregunta dicen que hay un Dios que tiene cuerpo y que castiga a los malos y premia a los buenos, pero que no hay acción mala y que todos los guaná se salvan. Uno que entiende su idioma me asegura que es diferentísimo de todos y que no hay voz que signifique cosa de culto, adoración, cortesía, ni atención. Sin embargo, se advierte que al ver la luna nueva dan alaridos alegres y cachetes al aire para que les dé buenas venturas en su duración. Lo mismo hacen cuando aparecen las pléyadas, porque les anuncian que sus chácaras empezarán a dar en breve. En cierto tiempo del año salen los muchachos al campo y vuelven en ayunas al anochecer, en procesión silenciosa, al pueblo, donde hay pronta una fogata en que se calientan un poco las espaldas y luego les punzan los brazos con un hueso y les dan porotos y maíz hervido, y cada uno va a su casa.

Son los guaná pacíficos y dóciles, sufren con paciencia que los mbayá del oeste o guazú se introduzcan temporadas en sus países y que les roben lo mejor que hallan en sus labranzas y casas. No sólo esto, sino que voluntariamente dejan su patria abandonada y van a mezclarse con los mbayá en todas partes, y allí chacarean sin más estipendio que los favores que reciben de las mujeres y el gusto de montar caballos que no tienen en su patria. Los vanos y fieros mbayá, en vista de estas cosas, se creen señores de los guaná, y dicen siempre que éstos son sus esclavos. Esta supuesta esclavitud se reduce a nada, porque ni el mbayá tiene que mandar y el guaná se va cuando se cansó de disfrutar a su señora o se le antoja. En lo poco que cultivan tienen ellos la misma parte que los que se figuran dueños. Sin embargo, es admirable la conducta del guaná en estas cosas, mucho más siendo diez veces más numerosos que los mbayá y de la misma talla, armados de las mismas lanzas, macanas o garrotes, flechas y de igual espíritu, y sin más diferencia que la de no tener caballos.

También es admirable que pidan licencia a los mbayá para venir en tropas a pie a esta provincia y capital con el fin de alquilar su trabajo para cosas de agricultura y de marina, en lo cual no se ajustan a jornal sino por un tanto la obra que se les pide, acreditando en ello su genio laborioso. Muchos de éstos se bautizan voluntariamente, otros se quedan toda la vida, pero la mayor parte vuelve a su patria con las alhajuelas o prendas que ha adquirido, que por lo común les quitan los mbayá al paso si no les hurtan en el camino, en cuyo caso se las roban los mbayá del oeste. Por lo común vienen de la nación Echoaladí y no traen sino rarísima mujer, y ésta es la causa principal de su regreso y de que se les atribuya alguna propensión al pecado nefando. Jamás estamos aquí, y en toda la provincia son muchas tropas o tolderías de estos guaná, y no faltan gentes de poder que, con fines particulares, solicitan de tanto en tanto que se arrojen de la provincia alegando que son ladrones de chácaras, y yo he visto mandar que no vengan y que se echen fuera y también que no se les admita si no traen permiso de los mbayá, que son todas cosas indecorosas, contrarias a la humanidad, a la política, y felicidad de esta provincia y del estado, a la religión y a la civilización de estos bárbaros. Los pequeños robos que se les imputan jamás se les han justificado y, cuando fuesen ciertos, en el mismo caso están los guaraní reducidos y los mbayá negros y mulatos. Además de que los guaná, que por lo común vienen con sus armas, las entregan y depositan en cualquiera justicia que se las pide, jamás han usado de ellas contra nosotros y se sujetan al castigo con mayor resignación que los de esta provincia. Por fortuna estas órdenes de expulsión no han sido suficientes para que nos abandonen los laboriosos guaná, cuyas peregrinaciones debía fomentar el gobierno declarándose su protector y auxiliando con embarcaciones y otros medios a todos los que se presentasen en la Concepción, añadiendo algunos regalitos a los que trajesen mujeres y familias para que no tuviesen motivo de regresar.

Son muchas las reducciones que en estos últimos tiempos se han fundado de estos bárbaros, ya en su país propio y ya en la banda oriental del río Paraguay. Cualquier fraile que ha ido a su tierra ha sacado de sus pueblos, voluntariamente, cuantas familias ha querido. Actualmente, en veintisiete de febrero de 1788, el padre lector fray Pedro Bartolomé, franciscano, fundó una en Tacuatí en la latitud de 23º 26' 16" y 1º 1' 35 de longitud, como seiscientas varas al sur del río Ipané, en cuyas inmediaciones creo que estuvo fundado el pueblo de Atyrá. Consta de cerca de quinientas almas, las cuales, con su cacique Suyca, solicitaron ser transferidos e incorporados al diminuto pueblo de Itapé, y habiéndoseles concedido el permiso no han verificado su proposición porque el cura de Belén y el cacique de los mayabá, junto con éstos, han puesto mil cosas en la cabeza a los guaná y los han determinado a quedar en dicho Tacuatí, donde no pueden subsistir porque los mbayá se mezclan con ellos y les roban y comen cuanto tienen, que es la causa porque no han subsistido las anteriores ni subsistirán jamás en dichos parajes.