El Diluvio

 
 
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Cururú

Cururú. El sapo mitológico que socorrió a la pareja de niños sobrevivientes a la segunda destrucción del mundo.

Ilustración de Luis Scafati, en la libro de Adolfo Colombres "Seres Mitológicos Argentinos".
Aguará-Tunpa, ser sobrenatural poderoso y malvado declaró la guerra a Tunpa dios creador de los chiriguanos.

No se sabe a ciencia cierta el motivo de la declaración de guerra, pero se la atribuye al puro despecho o al simple espíritu de contradicción.

Para irritar al creador, Aguará-Tunpa prendió fuego a las praderas al comenzar el otoño, de modo que no sólo ardieron las plantas y árboles, sino que también perecieron entre las llamas los animales, de los cuales dependía la subsistencia de los chiriguanos, ya que aún no habían comenzado con los cultivos de maíz.

Al faltarles la comida casi mueren de hambre. Fueron escapando al fuego hasta las orillas de los ríos, y allí mientras la tierra de los alrededores humeaba, se las arreglaron para vivir de los peces que podían capturar.

Aguará-Tunpa. Ilustración de Gabriela Varela

Al ver que los hombres podían arreglarse, Aguará-Tunpa hizo caer lluvia a torrentes y confió en que toda la tribu se ahogase en las aguas.

Siguiendo las indicaciones del dios creador Tunpa los chiriguanos buscaron una gran hoja de mate, pusieron sobre ella dos niños muy pequeños (Cuimbaé y Cuñá), un niño y una niña, hijos de una misma mujer, y dejaron que esa especie de minúscula arca flotase sobre las aguas con su preciosa carga.

Por fin la lluvia dejó de caer y bajaron las aguas de la inundación, dejando todo cubierto de un barro fétido.

Entonces los niños salieron del arca, porque si hubiesen permanecido en ella habrían muerto de frío y hambre.

Los peces y demás criaturas que viven en el agua habían cobrado nuevas energías y sirvieron de alimento a los dos infantes.

¿Pero cómo íban a arreglarse para cocinar el pescado?. Era lo difícil, el diluvio había apagado todos fuegos del mundo. Entonces Cururú el gran sapo acudió en ayuda de los pequeños.

Antes de que la inundación hubiese cubierto toda la tierra, aquella prudente criatura había tenido la precaución de esconderse en un agujero y de llevar en la boca algunas brasas, que consiguió mantener encendidas durante el diluvio soplándolas continuamente. Cuando vio que la superficie de la tierra volvía estar seca, salió de su agujero con las brasas encendidas en la boca y dirigiéndose directamente a donde estaban Cuimbaé y Cuñá les entregó graciosamente el fuego.

De ese modo pudieron asar los peces que atrapaban y calentar sus ateridos cuerpecitos. Con el tiempo fueron creciendo, y de su unión descienden los miembros de la tribu chiriguana.


Fuentes:

El folklore en el antiguo testamento. James George Frazer.

http://www.educared.org.ar/imaginaria/05/9/scafati.htm