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Hombre-Murciélago

Los "naomas" o sacerdotes tenían el control sobre las fuerzas esenciales de la naturaleza, el ordenamiento del cosmos y las acciones humanas, para garantizar el bienestar material y espiritual de la comunidad. En su arte se los representa en el trance de la transformación, como la emblemática figura del hombre-murciélago, señor de la noche y el inframundo.

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El universo tairoa estaba formado por estratos horizontales superpuestos, con la Sierra Nevada en el centro. El Sol y la Luna fueron creados por Gauteovan, la "madre de todas las cosas" para establecer y mantener un orden cíclico en el mundo.

Eran los "naomas" los que tenían a su cargo la observación del orden cósmico, y la formulación los calendarios agrícolas y ceremoniales. Estos sacerdotes tenían una dura preparación, así lo contó el franciscano Pedro Simón: "Los cuales, primero que tomasen la posesión del oficio, habían de estar en coime, que es en ayunos, diez y seis o veinte años, sin comer en ellos más que un bollo cada día, y tan retirados a las espesuras de los montes y en cuevas, que no habían de ver en todos ellos hombres, más que el que les llevaba la comida, y si acaso veían alguna mujer, daban por ninguno el ayuno hecho hasta allí y lo comenzaban de nuevo...".

Ejercían su ministerio en grandes centros ceremoniales donde interpretaban el vuelo de las aves, allí se reunía la comunidad que estuviera sujeta a determinado naoma. Estos templos fueron llamados por los españoles "Buhío del Diablo". Simón escribió: "Era su mayor parte de buhíos o caneyes del Diablo, que tenían hechas cada pueblo de los de la Provincia, donde iban en romería, a pedir cada cual en su buhío remedio de sus necesidades".

Estaban situados en las partes altas de la sierra; hacia allá conducían caminos empedrados, a las vera de los cuales existían habitaciones para que descansaran los peregrinos y también especies de pozos llamados "huichos", en los que recolectaban el agua del deshielo, para abastecerse durante el recorrido.

En relación a sus creencias el poeta-historiador Juan de Castellanos, escribió:

Adoran los planetas y los sinos
Regocijándose por los oteros;
Hay muchas adevinas y adevinos
Y grande cuantidad de hechiceros,
Que dicen un millón de desatinos
Acerca de los tiempos venideros:
Dan al demonio lo que no merece
Pintándolo del arte que parece.

Peico fue el héroe civilizador, que llegó del mar para enseñarles a trabajar la tierra, la piedra, el oro y fabricar telas para vestirse.

Rendían culto a las estrellas, adjudicándoles identidades masculina o femenina y suponiendo en ellas relaciones carnales. Practicaban la homosexualidad como ritual en los templos y las representaciones fálicas fueron corrientes, lo que espantaba la mentalidad de los europeos, al punto de considerarla la nación mas deshonesta de América.

La producción agrícola les daba motivos para celebrar y dar gracias a sus dioses o astros, estas celebraciones tenían ya sus fechas específicas y así establecían un orden en la cantidad de celebraciones. Su religión o sus agradecimientos se basaban en lo cotidiano de su vida, es decir que no había celebraciones por casos que no fueran agrícolas o por razones de fortaleza espiritual para una vida de servicio y recompensa de parte de los astros. Estos rituales ponían restricciones en el comportamiento de cada ciudadano por miedo a castigos de parte de sus dioses.

Urna Funeraria Tairona

Urna Funeraria

Durante el ritual se recreaba la historia mítica de la sociedad. En un ambiente especial, y gracias a las sustancias alucinógenas, los participantes se transformaban en los ancestros míticos para mediar por el equilibrio del universo. En ceremonias de ofrenda fueron depositadas piedras talladas y otros objetos dentro de templos, viviendas, caminos, cultivos o lagunas, con propósitos de fertilidad y curación de enfermedades o para obtener protección para la familia y la comunidad.

Los delitos eran sancionados dentro de las casa ceremoniales, en donde ponían a los infractores a tejer mantas. Los cronistas españoles escribieron que la holgazanería era una falta capital, el homosexualismo y las relaciones incestuosas no constituían delito. La fortaleza física era alabada y la debilidad, motivo de burla.

Practicaban una antropofagia ritual con los indígenas más valientes, que consistía en beber la grasa que se desprendía de su cuerpo cuando era cremado.

Creían en la vida después de la muerte, se comunicaban con los difuntos a través del naoma, quien comandaba ceremonias con cantos y danzas para los difuntos.

Solían enterrar a los personajes principales cerca de los sitios sagrados, y a la gente común, dentro de las casas. Consideraban a la muerte como un viaje hacia el nacimiento del sol, lloraban su desaparición y le rendían culto cantando sus hazañas durante el velorio. Enterraban a sus muertos con un ajuar proporcional a su riqueza y su rango. Las tumbas son de pozo con cámara lateral y cavadas a escasa profundidad.

Se han encontrado urnas funerarias, donde guardaban las cenizas y huesos de sus antepasados. Algunos difuntos eran desecados al fuego.