El cielo guaraní

 
 
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Para los guaraní los principales cuerpos celestes que se observan a simple vista nacieron de una forma muy particular, así por ejemplo Kuarahy (el Sol) es producto de la unión entre Ñamandu (dios, nuestro padre) y Ñande Sy (nuestra madre), quien muere durante el parto de Kuarahy. Bajo el influjo energético de Kuarahy sobre los huesos de su madre, nace Jasy (la Luna), por eso es que a medida que se acerca la fecha de la muerte de Ñande Sy, Jasy va perdiendo fuerza (Luna en menguante) hasta desaparecer y volver a aparecer en el resplandor solar (Luna nueva) rememorando así su nacimiento.
Ñandú celestial

Para algunas parcialidades la Vía Láctea era un ñandu gigante, cuyo cuerpo coincide con la gran nube de Sagitario —el centro de nuestra galaxia—, su cuello se extiende hacia la región Norma-Centaurus, y su cabeza es el mismo Saco de Carbón. Recibía el nombre de Ñandu Ra´anga (retrato del ñandu).

Daban a la Vía Láctea un significado místico, y la llamaban Tapecue (camino eterno) pues por ella habrían llegado los primeros habitantes de la tierra y por ella volverían a los confines del Universo. Era el camino al Yvaga o paraíso, al cual se accedía por pequeñas nebulosas en los extremos.

La llamaban también Mborevi Rape (camino del tapir), pues su brillo y su curso sinuoso les recordaba al camino que siguen los tapires, orientándose por la noche mediante el brillo de la luna reflejado en la hojarasca, para llevar hasta la fuente de agua.

Creyendo el Guaraní en la inmortalidad del alma, ésta se desprendía del cuerpo del hombre al morir, y adquiría un carácter especial, yendo a refugiarse en una región denominada Añaretá (morada del demonio del Aña), una región lleno de silencios.

El cielo, está constituido por una "materia quebradiza" que se raja en las tormentas y produce el rayo (Ara Tiri) despidiendo la gran luminosidad del relámpago (Ara Verá). El viento (Ibytu), es el aliento, la "respiración" de la tierra.

Al mirar el cielo estrellado, los indios percibieron que hay estrellas de brillo y color diferentes. En pinturas rupestres, las estrellas más brillantes son representadas en tamaño mayor que las otras.

Los guaraníes, en vez de las constelaciones situadas en la eclíptica (las doce del zodíaco, más actualmente Ofiuco entre Escorpio y Sagitario), daban mayor importancia a las constelaciones localizadas en la Vía Láctea, la concentración de estrellas que queda en el cinturón de nuestra galaxia. Esas constelaciones estaban constituidas por estrellas individuales y nebulosas (principalmente las oscuras).

La Vía Láctea, conocida por los nativos como el camino de anta, polvo de estrellas, río celeste, etc., cambia de posición durante una misma noche, observada en horarios diferentes, debido al movimiento de rotación de la Tierra. También cambia de posición cada día, cuando la observamos en el mismo horario (a la puesta de sol, por ejemplo), debido al movimiento de translación de la Tierra.

Cerca de los equinoccios de otoño (marzo) y de primavera (septiembre), al anochecer, la Vía Láctea pasa sobre la cabeza del observador (cenit), siendo que en marzo va del sudeste para el noroeste y en septiembre del nordeste para el suroeste. Así, la Vía Láctea también era utilizada como calendario anual y de orientación.

Tres instantes relacionados con la posición ocupada por una estrella o constelación eran muy importantes para los guaraníes:

  • el nacer heliaco,
  • el nacer cósmico
  • ocaso heliaco.

El Nacer Heliaco de una estrella o de una constelación ocurre en el primer día en que ella se torna visible, en el lado este, antes de la salida del Sol, después de un cierto tiempo sin que pueda ser vista. En los días anteriores, la estrella o la constelación, no es visible por estar muy próxima de la dirección del Sol. Para la observación de ese fenómeno, el horizonte debe estar bien visible, el cielo sin nubes y el observador alejado de la iluminación artificial.

El Nacer cósmico o Anti-Helíaco de una estrella o de una constelación ocurre en el primer día que en que ella es visible, en el lado este, luego de la puesta de sol. A partir de ese día, ella queda visible en el cielo, desde el anochecer, teniendo su ocaso cada día más próximo del anochecer.

El Ocaso Heliaco de una estrella o de una constelación ocurre en el último día que en que ella es visible, en el lado oeste, después de la puesta del Sol. Ese es el último día en que podemos observar su ocaso después de oscurecer. A partir de ese día, ella queda algunas semanas sin ser vista, pues se encuentra muy próxima de la dirección en que se encuentra el Sol.


Fuentes:

http://fisica.ufpr.br/tupi/arqueo/intro.html

http://www.cpia.org/doc/guarani.html