Religión Inca

 
 
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Mundo Inca

El mundo inca

Según los mitos procedentes de Cuzco, el dios Viracocha había divivido el mundo en cuatro partes (según los puntos cardinales). Después, ordenó a los hombres que salieran de las cuevas, de las fuentes y del subsuelo, siguió el camino del Sol, se perdió en el océano y finalmente se quedó en el cielo.

La dualidad cielo-tierra, estaban comunicados mediante el rayo, el arco iris y la serpiente. Los sacerdotes eran los encargados de llevar a cabo los rituales para comunicar a los humanos con los dioses. Y el Inca era un punto de comunicación entre los distintos planos del mundo al ser Hijo del Sol.

Esquema realizado sobre dibujo de Ken Dallison, publicado en National Geographic. El Espacio. 2.003
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La religión abarcaba la vida diaria de los incas desde la explicación de los fenómenos meteorológicos hasta el eterno reencuentro con los antepasados. En el panteón, la dualidad que enfrentaba opuestos no siempre antagónicos, era una característica de cada divinidad.

Se sabe que entre los incas no existió el concepto abstracto de dios.

Los múltiples dioses que era objeto de culto poseían nombre propio, y muchos de ellos estaban afectados a funciones específicas.

Además como la sociedad andina era básicamente agraria, muchas veces la actuación de las divinidades estaba vinculada con las fuerzas de la naturaleza y los factores climáticos, que condicionaban la vida del poblador andino. Así, los incas tuvieron como dioses a cuerpos celestes, accidentes geográficos, fenómenos atmosféricos e, incluso, a sus propios ancestros.

Todas las deidades estaban asociadas con el término "huaca", voz quechua que señala a todo lo sagrado, incluidos dioses, accidentes geográficos y autoridades. Las autoridades reconocidas por la gente andina como huacas vivientes, eran reverenciados, pues tenían el poder de comunicarse con el universo sagrado y eran los encargados a través de los rituales, de mantener el equilibrio entre hombres y dioses.

Las huacas geográficas recibían constantemente ofrendas de los campesinos, de los llameros, o caminantes. Las denominaban apachetas, eran piedras acumuladas en orden, situadas junto a un camino, en un lugar especialmente importante o peligroso, recibían continuamente ofrendas de los viajeros para pedir su protección. La ciudad de Cuzco tal vez haya sido considerada como una huaca o ciudad sagrada y en torno a ella, orientadas en líneas que partían de su centro en todas direcciones había varios centenares de huacas: fuentes, rocas, cuevas, montes, etc.

Los incas tuvieron una peculiar visión del tiempo y el espacio. El tiempo fue concebido de manera sagrada y cíclica. Así, se pensaba en la existencia de ciclos de destrucción y renovación del mundo.

El universo estaba dividido en tres partes:

  • Hanan pacha: Morada de los dioses y de los objetos rituales.
  • Kay pacha: El mundo presente y tangible.
  • Ucu pacha: El mundo de abajo o de las cosas que todavía no germinan.

Aparentemente, en el Ucu pacha se encontraban los muertos, que habían retornado a su lugar de origen. Entre el Hanan pacha y el Ucu pacha había lazos de complementariedad, siendo el Kay pacha el punto de encuentro que unían ambos planos del universo.

El inca también era intermediario entre ambos mundos. Es necesario precisar que esta visión tripartita del espacio puede estar asociada a la evangelización, por lo que investigaciones modernas han dudado de la existencia del Kay pacha y postulado solo la existencia del Hanan pacha o mundo celeste y del Ucu pacha o mundo de abajo, manteniendo una estructura dual.

Se ha postulado también que todas las divinidades incaicas tuvieron carácteres opuestos y complementarios, por lo que se asume que cada uno de los dioses tenía una contraparte, como el Sol y la Luna.

Existieron algunos dioses asociados al culto estatal, pero habían divinidades vinculados a cultos locales, cuyos ritos podían estar restringidos a un grupo étnico o a una región.

En el panteón religioso, la mayor o menor importancia de las divinidades las definía como creadoreas y ordenadoras del mundo (Viracocha) o como entidades vivificadoras (Sol).

Viracocha según la mitología creo el cielo, la tierra y una generación de hombres que vivían en la oscuridad y a los que había dado el ser tras haber emergido del lago Titicaca.

La mente de los hombres del incario estaba proyectado al Inti (Sol), es así que la mayor parte de los santuarios eran conocidos "templos del sol" del mismo modo que las tierras o los rebaños propios eran "tierras o animales del sol" y las muchachas elegidas o escogidas eran "las vírgenes del sol".

Por su parte, la ubicación de las entidades religiosas los convertía en dioses celestes (Illapa) o terrenales (Pachacámac).

A Illapa dios del rayo y la tormenta se le invocaba para pedirle el agua que hacia fructificar los campos y traía la riqueza y el bienestar a los hombres. Se le representaba como un hombre llevando una honda. La honda era el trueno, la piedra contenía el rayo y el relámpago era el resplandor de sus vestiduras.

Los apus o cerros fueron tenidos en gran veneración, ya que eran considerados lugar de residencia de alguna divinidad.

Su ocurría alguna catástrofe -sequía, temblor, terremoto, helada- los incas pensaban que era el castigo de una divinidad, ya sea por haber sido dejada de lado o por alguna mala acción cometida.

Los espíritus poblaban el mundo de creencias en el incanato, y para invocar su protección o para evitar los daños que pudieran derivarse de ellos, sé hacia un sinnúmero de ofrendas y oraciones. Antes de iniciar cualquier trabajo agrícola se esparcía coca y chicha por el campo; antes de atravesar el río se bebía el agua de él, etc.

La adoración a todos sus dioses era realmente de carácter religioso para los incas, ya que todos coincidían con exactitud en sus oraciones sus pedidos como la prosperidad para su pueblo, el desarrollo, pedían las lluvias, las aguas, la buena producción agrícola, etc., todo estaba basado en una festividad organizada.


Fuentes:

Historia Universal. Tomo 9: Aztecas, Mayas y Incas.
Editorial SOL 90, Barcelona, 2.004.