Cultura Condorhuasi

 
 
Cargando ....
  Culturas nativas de América
PortadaPortada Culturas Áreas Culturales Primeros Americanos Sitios Arqueológicos Arte Precolombino Cosmogonía Dioses y Personajes Míticos Lenguas Escritura y Simbología Biografías Textos y Documentos Mapas Colecciones Pictóricas y Fotográficas
 
 
 
 
 
Suplicante

Ampliar imagenLa cultura Condorhuasi, alcanzó un alto desarrollo artístico, se destacó por sus esculturas en piedra. Entre ellos los llamados "Suplicantes", figuras humanas en extraña posición, que mezclan elementos realistas y fantásticos.

Vínculos Culturas NOA
Cronología Cultural
Sitios NOA
Sitios Cuyo
Artes
La cultura Condorhuasi se desarrolló entre el 400 a. C. y el 700 d. C., principalmente en el valle de Hualfín (Catamarca), aunque su influencia se extendió a las también provicias argentinas de La Rioja y Santiago del Estero.

Esta región se caracteriza por valles anchos y quebradas altas con un clima cálido, seco y recursos abundantes.

Fueron esencialmente una sociedad de pastores de llamas, con escasa agricultura, lo que hace suponer que su origen se relaciona con las culturas del altiplano de sur de Bolivia.

Se presume que, por su vida aldeana y el alto grado de desarrollo artístico, las comunidades Condorhuasi debieron contar con jefes que regulaban las labores productivas, realizadas probablemente por artesanos especializados en el trabajo de la piedra, la cerámica y el metal.

En los cementerios existen distintos tipos de tumbas. Algunas son excavaciones cilíndricas de 2 a 3 m. de profundidad que se ensanchan en el extremo inferior. Otras son cámaras mortuorias de planta oval o cuadrada hechas de lajas, que contenían uno o más difuntos. También hay unas pocas urnas para párvulos. En las tumbas se ofrendaban llamas, así como finos vasos efigie, adornos de oro y figuras de felino. La imagen del felino aparece por primera vez en la región con esta cultura, generándose un culto que se plasma en rituales donde se fumaban sustancias alucinógenas en pipas de piedra. Se supone que estos ritos modificaban la conciencia y permitían a los individuos entrar en contacto con lo sobrenatural.

La mayor parte de los hallazgos arqueológicos proceden de cementerios saqueados, lo que dificulta determinar las relaciones culturales; sin embargo podemos distinguir las siguientes fases culturales:

Diablo y Cultura Vaquerías: (400 a. C. - 200 d. c.)

Predomina la cerámica ordinaria, de color rojizo, amarillento o negruzco, de fondo redondeado y sin asas. Existe un tipo de vasijas toscas, de cuerpo globular y cuello cilíndrico, con líneas verticales onduladas, incisas. A estos tipos toscos se asocia una cerámica gris, de superficie pulida, que tiene formas simples, como jarros de cuello cilíndrico, cuerpo globular achatado y asa acintada vertical, que une el cuello y el cuerpo. La decoración de estas vasijas está constituida por incisiones de líneas gruesas, que configuran motivos geométricos muy simples, como rombos y triángulos, frecuentemente bordeados o rellenados de puntos.

Contemporánea a esta fase de Condorhuasi, aparece una cerámica denominada Vaquerías, de excelente calidad, registrada en asociación con cerámica típicamente Condorhuasi, pero en contextos diferentes. Las formas más comunes son jarros semi-cilíndricos y recipientes modelados que representan figuras o cabezas humanas, pintados con motivos puramente geométricos, que tal vez reproduzcan la decoración que debieron tener las cestas y los tejidos, de rojo oscuro o castaño y negro a gris, sobre un fondo blanco amarillento. En muchos casos resulta difícil distinguir las vasijas Vaquerías de las Condorhuasi.

Barrancas: (200 d. c. - 350 d. c.)

Caracterizada por sus vasos antropomorfos, zoomorfos, zooantropomorfos decorados con diseños geométricos en pintura blanca y muy elaborados, similares en muchos rasgos a los vasos modelados Vaquería, frecuentemente pintados con diseños geométricos blancos, o negros bordeado de blanco, sobre un engobe rojo.

La Alumbrera y Cultura Alamito (350 d. C. - 700 d. c.)

Se mantienen los vasos modelados, pero desaparece la pintura negra bordeada de blanco sobre engobe rojo. En su lugar, se aplica la misma combinación de colores sobre una pintura roja, en grandes recipientes de cuerpo ovoidal, cuello cilíndrico y borde revertido, con representaciones antropomorfas y zoomorfas. Su centro fue el campo de Pucará, en la provincia de Catamarca.

Máscara Lítica

Máscaras líticas

El patrón urbano de Alamito es el que alcanzó la más alta complejidad del período, llegando a contar con basamientos ceremoniales.

En el trabajo de la piedra fueron excelentes artesanos, elaboraron pipas, hachas rituales y figuras esculpidas. La técnica alcanzada revela un gran refinamiento plástico y uno de los talentos plástico-escultóricos más asombrosos. Crearon las obras llamadas "Suplicantes" que constituyen eximios logros de abstracción con la figura humana, de absoluta originalidad y estética formal, únicas en la iconografía amerindia.

En cementerios se han descubierto abstractas máscaras líticas, de evidente causalidad religiosa. Cada máscara presenta su propio carácter icónico que impacta con individual personalidad.

Visualmente, las obras determinan un inmanente contenido metafísico de la ritualidad funeraria.

Centros ceremoniales

Viviendas
  Plataformas.
  Recintos circulares techados sin paredes.
  Recintos de planta cuadrangular, o ligeramente trapezoidal.
  Recintos alargados.

Los centros ceremoniales coordinaban y administraban las actividades y relaciones religiosas, sociales, económicas y políticas de distintas aldeas. Constituyeron un tipo de poder que se extendió, en este período, en forma espontánea sobre la base del entendimiento de que esas prácticas eran naturales o el resultado de un interés común.

En los centros ceremoniales residían permanentemente los sacerdotes, quienes ofrecían determinados tipos de servicios a una colectividad dispersa o concentrada en poblados cercanos, la cual acudía periódica o eventualmente al centro.

Por sus características generales, los sitios estudiados en el Campo del Pucará (Andalgalá, Catamarca), conocidos como "sitios de Alamito", representan una variación regional, de la cultura Condorhuasi caracterizada por el desarrollo de las prácticas ceremoniales.

Cada sitio tiene la forma de un anillo constituido por dos plataformas rectangulares de paredes de piedra rellenadas con tierra, situadas al occidente; recintos circulares techados o cobertizos carentes de paredes que se levantan en la inmediación de las plataformas y un conjunto de recintos con paredes de tierra rebocadas con barro, que completan el anillo. Dentro de este conjunto se distinguen dos tipos: uno de recintos alargados y planta trapezoidal y otro de recintos de planta cuadrangular o ligeramente trapezoidal. El primero posee paredes altas, entre 6 y 15 m. de largo y casi 5 m. de ancho máximo; el segundo tipo por posee paredes bajas y dimensiones menores el anterior.

Por lo general, los recintos mayores se hallan dispuestos al oriente, en oposición al pasillo que separa ambas plataformas. Al occidente de éstas se levanta un gran montículo que, visto en planta, pareciera estar engarzado por la serie de montículos de menor tamaño que conforman el anillo. Las estructuras se disponían alrededor de un patio central.

Recinto

Reconstrucción de un recinto del tipo alargado, mostrando la técnica utilizada para construir el techo.

Hacia el naciente, en posición opuesta al área ceremonial, se hallan grandes recintos, posiblemente semi-subterráneos, de paredes de tierra recubiertas de barro batido mezclado con ceniza volcánica, con columnas de piedra incorporadas a las paredes para sostener el techo.

El piso se halla muy bien consolidado, revestido de una mezcla similar a la utilizada para cubrir las paredes. En algunos recintos se ha podido constatar que el piso y las paredes estuvieron pintados de rojo. De acuerdo con las evidencias obtenidas, el número de estas construcciones, es muy reducido: solo 2 a 6 por sitio.

Los restantes recintos son menores en tamaño y altura, y difieren entre si por algunos rasgos y elementos asociados. Algunos podrían ser habitaciones pequeñas, pero la mayoría parecen ser talleres, entre los que sobresale un tipo que ha sido considerado como talleres metalúrgicos.

Por la ubicación que tienen estos recintos dentro del plano general de cada sitio, entre los recintos de grandes habitaciones y las restantes estructuras (cobertizos, plataformas, montículo mayor) que conforman el área que podemos considerar ceremonial, pensamos que los talleres, y por ende la metalurgia, estuvo muy estrechamente relacionada con las prácticas ceremoniales de Condorhuasi-Alamito.

huayraEn recintos que suponemos han sido talleres metalúrgicos, se han hallado tubos de cerámica que deben haber sido utilizados como "huayras" (en quecha: viento) u hornos de fundición. En ellos se introducía el mineral de cobre triturado y mezclado con carbón vegetal, el cual era encendido. La temperatura se elevaba gradualmente mediante la circulación del aire dentro de la huayra hasta que el cobre comenzaba a fundirse y escurrirse hacia abajo, hasta llegar al crisol donde se lo recogía. De esta manera, el metal fundido, cuya temperatura podía llegar a los 1.200°C, podía ser vertido directamente en moldes o fuentes donde se lo dejaba enfriar para poder ser trabajado después. La foto nos muestra una huayra reconstruída a partir de sesenta y cuatro fragmentos.

El dominio de la técnica de transformación de la materia que representa la metalurgia debió haber tenido un significado muy importante para su religión.

A esta cultura se atribuyen las primeras aleaciones de bronce en territorio argentino, se han encontrado pectorales, hachas ceremoniales, pulseras, aros y adornos enebrados.


Fuentes:

http://www.catamarcaguia.com.ar/

http://www.catamarcaguia.com.ar/