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Parto Colla

Parto Coya
Representa la fertilidad, mujer aborigen pariendo en posición arrodillada sobre cántaro con guarda cultura Yavi.
Artesanía de Mendoza, Mario Rene

El culto a la Pachamama e innumerables creencias, rituales y practicas sociales han pervivido. La religiosidad ancestral, lejos de ser dominada por las religiones tradicionales, convive con ellas resultando la "religiosidad popular".

La vida es el valor supremo para el andino, todo tiene vida y personalidad: seres humanos, animales, plantas, piedras, el agua de los ríos, los cerros y los fenómenos climáticos, sol, luna y estrellas. Es el valor último y supremo: vida compartida, universal, recibida como regalo por gozar y como tarea por criar, compartir y transmitir. El respeto a la vida, su crianza con cariño y dedicación es, en resumen, la máxima de la ética andina. De esto se ocupa el agricultor, el pastor, el pescador andino; y también la madre y el chamán.

"El hombre es tierra que anda", dice un proverbio coya. La cultura crece con la naturaleza, y no contra ella. La Pachamama es la Madre universal, la que da vida a todos estos seres, los cría. Y también se deja criar por ellos.

Ceremonias

  • Flechada: para alejar el mal de las viviendas recién inauguradas.
  • Señalada: de cabras y ovejas, a las que cortan las orejas con diseños que sirvan para identificarlas y la marcada a fuego de vacas y caballos.
  • Minga: En los tiempos de siembra, cada comensal entierra una ofrenda de comida antes de esparcir las semillas.
  • Enfloración: Las flores son pompones de lana de vivos colores en la ropa y sombreros de los invitados y en las orejas de los animales. Se convida con asado, queso, chicha, coca, vino y cigarrillos. Se baila toda la noche entre copleadas con versos amorosos y picarescos.
  • Manca Fiesta: o "Fiesta de la Olla", feria donde se intercambian productos y se establecen vínculos sociales.
  • Culto a la Pachamama: Toda la naturaleza es el templo de la Pachamama, pero las apachetas (montículos artificiales de piedras) conforman los centros principales de su culto. El 1º de agosto se celebra el día de la Madre Tierra. El día previo es el de "la llamada", cuando se sahúman casas, corrales y huertos para alejar a los malos espíritus. Ese día hay mucho por hacer: herrar a los caballos, marcar el ganado y señalar a las ovejas con lanas de colores. Por la tarde en un pozo se ofrenda a la Pachamama lo que ésta ha producido: maíz, hojas de coca, frutas, y parte de la comida preparada para la ocasión. La fiesta, con canto y baile, dura hasta el amanecer.
  • Día de las Almas: Mezcla de ceremonia católica con cultos ancestrales, el festejo del "Día de las Almas" se inicia el 1º de noviembre y se celebra entre dos o tres familias. Por la mañana se preparan los platos favoritos de los difuntos. Por la tarde, todos se visten con sus ropas típicas y van al cementerio a visitar a sus seres queridos, en cuyas tumbas encienden velas, dejan coronas de flores silvestres y rezan oraciones. Pasan esa noche despiertos, rezando. Al amanecer se "despacha a las almitas": se cava un pozo en el fondo de la casa, se entierra parte de la comida y se brindan reverencias y oraciones. Lo que queda se reparte casa por casa. Por la tarde se come lo recibido y se festeja con música y bailes, los mayores con danzas y ritmos tradicionales, los jóvenes aparte con melodías modernas.

No suelen celebrar las fechas patrias, ni Navidad o Reyes, rara vez su cumpleaños.

Pucllay Pucllay

Dionisio, el dios griego cuyos devotos disfrutaban de los irrestrictos placeres de la carne, sintiéndose así en perfecta comunión con la Naturaleza, podría ser la versión europea de Pucllay, un dios telúrico cuya existencia se manifiesta día y noche durante exactamente una semana por año en todos los pueblos de la Puna de Atacama, en el noroeste de Argentina, y el sur de Bolivia, y en la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy en particular.

Pucllay es representado por unos bellos muñecos de entre medio metro y un metro de altura, o bien por los mismos pobladores y sus disfraces. Los muñecos se desentierran (literalmente) el día inicial, durante febrero de cada año, de varias apachetas, montículos de entierro propiciatorios, de rogativas, reunión y ofrenda, diseminados a lo largo y ancho de toda la Puna.

Fuentes:

Diario Clarín, 7 de enero de 2.001