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linkCosmogonía Colla
"Coya" Ilustración de Gabriela Varela También llamados Coyas, Kollas, o Qoyas.

Desparramados en cientos de poblados y caseríos de la Puna, la quebrada de Humahuaca y parte de los Valles Calchaquíes, a principios del siglo XX se desarrolla una nueva etnia: los Collas, síntesis de Diaguitas, Omaguacas, Apatamas, grupos de origen Quechua y Aimará procedentes de Bolivia, cuantitativamente más numerosos y parte de la masa mestiza no integrada en los centros urbanos.

Perdieron su organización comunitaria original y su núcleo, la familia extensa; tecnología sustantivas como la cerámica fueron expulsadas de la memoria colectiva; su religión fue penetrada por el catolicismo; ya no visten como antes, salvo en poncho y ojotas y tampoco cazan.

Sin embargo, los collas son los auténticos portadores de la tradicional forma de vida andina, a través del mantenimiento de muchos patrones culturales como la economía pastoril de altura, y agrícola de papa y maíz; la recolección de algarroba y sal; la construcción de viviendas; la medicina tradicional y las técnicas de adivinación; los instrumentos musicales erques, quenas, pinkullo, sikus y cajas; el culto a la Pachamama e innumerables creencias, rituales y practicas sociales.

La penetración de los Incas hacia fines del siglo XV, comenzó la aculturación de los pueblos nativos del noroeste argentino. Instalaron sus tradicionales estructuras de asentamientos: tambos y pucarás, e introdujeron la lengua quechua que estaba tan generalizada en tiempos de la colonia que la Declaración de la Independencia argentina fue también redactada y publicada en quechua.

A mediados del siglo XVI, llegan los españoles que completaron el proceso con la implementación de la encomienda y el destierro.

La cultura colla resultante no es estrictamente indígena sino mestiza, lo cual de todas maneras nos permite ubicarla en el campo aborigen, no sólo por su historia cultural sino por su inserción en el contexto regional y nacional.

En la actualidad ocupan territorios en las provincias de Jujuy y Salta. No tienen tierra propia. Algunos ocupan tierras fiscales sin títulos o como arrendatarios y cuidadores de ganado ajeno. Otros viven en las villas periféricas de las ciudades.

Economía de subsistenciaEconomía de Subsistencia.

Carpir la tierra y levantar la cosecha es tarea tanto de hombres como de mujeres. (en la imagen El Angosto, Salta)

El cuidado de los rebaños de ovejas y del puñado de vacas -que se repartirá como dote entre los hijos- marca geográficamente el compás de las estaciones:

• la veranada, cuando el pasto crece en las laderas de los cerros, adonde se mudan los brazos útiles de la familia.

• la invernada, cuando la nieve obliga a llevar a los animales "abajo", a sitios más protegidos. "Abajo" es también el lugar del poblado y, por lo tanto, del centro comunitario, donde entre todos barajan decisiones y proyectos.

 

Mamá Coya Temprana iniciación sexual.

Cuando una nena tiene 11 o 12 años, los muchachitos dicen "ya esta lista para la remeadita", a veces se enteran que estan sola porque los padres se fueron al monte y van varios a la casa. Entre los collas no se considera una violación: "Es algo natural".

En el juego de la seducción, es la mujer quien da el primer paso. En los bailes y las fiestas cuando la chica deja el rebozo abierto frente a un muchacho y sale corriendo, esta dándole la señal que desea ser perseguida.

El resultado es una buena cantudad de madres adolescentes, que terminan en guarda de la abuela.

Cuando pasan los 30 años, recién constituyen una familia, y el hombre se queda con esa mujer hasta la muerte.

Ninguna pareja se casa con las manos vacías. Cuando el varón se independiza a los 16 o 17 años, recibe una vaca. Cuando se tiene suerte pare la vaquita.

TelarTejidos

Un palenque, un clavo en la pared, una estaca en la tierra, el respaldo de una silla bastan para hacer el trenzado de la lana obtenida de sus propias ovejas. La técnica más primitiva que el telar se traducirá en cinturones, fajas y pulseras. Con una trenza de varios colores, harán un cinto para su amplia pollera y adornarán su inconfundible sombrerito redondo.

Del telar salen colchas, ponchos para los hombres y rebozos (prenda que cubre pecho, hombros y espalda) para las mujeres, quienes luego se encargan de iluminarlas con bordados. También tejen costales para el maíz y alforjas que se agregan al apero del caballo.

Para los fríos implacables, tejen a dos agujas chalecos macizos, medias compactas, pulóveres vistosos y gorros con orejera. Llaman la atención aun cuando la lana mantenga sus colores crudos (blanco, marrón, negro o entrecano, si se mezclan los vellones) o cuando haya sido teñida sólo con tinturas naturales, obtenidas hirviendo en agua trozos de corteza de nogal o cebil.

Fuentes:

Diario Clarín, 7 de enero de 2.001

http://www.indigenas.bioetica.org/base26.htm 

http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi98/Chiwolla/actuales/kol.htm