Teoría Bíblica

 
 
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Alejandro VI

Alejandro VI (Papado entre 1492 y 1503). Aprobó sin reservas la intención de los reyes de España de someter a los indígenas para convertirlos más fácilmente a la religión cristiana, como un acto de "piedad religiosa".

Retrato del Museo de Bellas Artes de Valencia, España.

Paulo III

Paulo III (Papado entre 1534 y 1549). Promulgó la bula Sublimis Deus de 1537, donde se declaraba que los indios eran seres humanos capaces de comprender y recibir la fe cristiana.

Retrato de Tiziano.

Desde el conocimiento de los europeos de los americanos, el problema de su procedencia, ocupó la mente de los teólogos y filósofos.

Esa raza, distinta, que se les presentaba por primera vez, habitando una extensa parte del mundo, rodeada de animales y vegetales, en muchos casos diferentes a los que ellos conocían, hablaba lenguas extrañas, con costumbres y ritos desconocidos, eran los antípodas, los hombres de los que había hablado San Agustín, que según él, no podían existir, porque provendrían de otra creación que la de Adán.

En los libros sagrados no se mencionaba el continente ni sus pobladores, que "aparentemente" eran humanos, aunque inicialmente decían que sólo lo parecían.

Recién en 1537, la bula papal de Paulo III declaró a los indios americanos como verdaderos hombres, racionales y dotados de alma. (ver abajo)

Los teólogos tuvieron que tratar de poner en concordancia con los textos sagrados los nuevos descubrimientos, originándose una interminable disputa sobre el origen del hombre americano, aun no concluida.

Los filósofos y escritores disidentes del catolicismo, admitieron la pluralidad de creación, afirmaron que el hombre americano había tenido origen en el continente que habitaba y que ningún parentesco lo unía con Adán y su descendencia. Algunos llegaron a suponer que la creación del hombre americano era anteadamítica.

Se ha buscado el origen de los americanos, en la dispersión y confusión de la Torre de Babel, porque la sagrada escritura afirma que después de la confusión de las lenguas, los hombres se dispersaron por todas partes del mundo.

Otros ha visto a América en aquella región que en la Sagrada Escritura figura con el nombre de Ophir, a donde enviaba Salomón sus naves a buscar las maderas y piedras preciosas necesarias para la construcción del Templo, región tan lejana que las naves empleaban tres años de viajes.

Torre de Babel

Pieter Bruegel, "Torre de Babel", 1563. Kunsthistorisches Museum, Viena

Un buen número de eclesiásticos se empeñaron en demostrar que fue Japhet (hijo de Noé), quien paso a poblar el nuevo mundo.

La Torre de Babel

Fragmento del Antiguo Testamento. Génesis 11:

"Toda la tierra tenía una misma lengua y usaba las mismas palabras. Los hombres en su emigración hacia oriente hallaron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: "Ea, hagamos ladrillos y cozamoslos al fuego". Se sirvieron de los ladrillos en lugar de piedras y de betún en lugar de argamasa. Luego dijeron: "Ea, edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llege hasta el cielo. Hagámonos así famosos y no estemos mas dispersos sobre la faz de la tierra". Mas Yavé descendió para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando y dijo: "He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua, siendo este el principio de sus empresas. Nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros". Así, Yavé los disperso de allí sobre toda la faz de la tierra y cesaron en la construcción de la ciudad. Por ello se la llamo Babel, porque allí confundió Yavé la lengua de todos los habitantes de la tierra y los dispersó por toda la superficie."

Bula Sublimis Deus del 9 de junio de 1537, papado de Paulo III.

El Dios supremo amó tanto la raza humana, que creó al hombre de tal manera que pudiera participar, no solamente del bien de que gozan otras criaturas, sino que lo dotó de la capacidad de alcanzar al Dios Supremo, invisible e inaccesible, y mirarlo cara a cara, y por cuanto el hombre de acuerdo con el testimonio de las Sagradas Escrituras, fue creado para gozar de la felicidad de la vida eterna, que nadie puede conseguir sino por medio de la fe en Nuestro Señor Jesucristo, es necesario que posea la naturaleza y las capacidades para recibir esa fe; por lo cual, quienquiera que este así dotado ,debe ser capaz de recibir la misma fe: No es creíble que exista alguien que poseyendo el suficiente entendimiento para desear la fe, esté despojado de la más necesaria facultad para obtenerla. De aquí que Jesucristo, que es la Verdad misma, que nunca ha fallado y que nunca podrá fallar, diga a los que El ha escogido para predicar su fe: “Id y enseñad a todas las naciones. Es decir, a todos sin excepción, porque todos son capaces de recibir las doctrinas de la fe.

El enemigo de la humanidad, quien se opone a todo lo bueno para conseguir la destrucción de los hombres, mirando con envidia tal cosa, ha inventado medios jamás antes oídos para estorbar la palabra de dios que ha de salvar el mundo; él ha inspirado a sus satélites, quienes para complacerlo, no han dudado en propagar ampliamente que los indios del Oeste y del Sur y otras gentes de las que apenas tenemos conocimiento, deben ser tratados como brutos, creados para nuestro servicio, pretendiendo que ellos son incapaces de recibir la fe católica.

Nós, que aunque indignaos, ejercemos en la tierra el poder de Nuestro Señor, y luchamos por todos los medios para traer el rebaño perdido al redil que se nos ha encomendado, consideramos sin embargo que los indios son verdaderos hombres y que no sólo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla. Deseando proveer seguros remedios para estos males, definimos y declaramos por estas nuestras cartas, o por cualquier traducción fiel, suscrita por un notario público, sellada con el sello de cualquier dignidad eclesiástica, a las que se les dará el mismo crédito que a las originales, no obstante lo que se haya dicho o se diga en contrario, tales indios y todos los que más tarde se descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su libertad por medio alguno, ni de sus propiedades, aunque no estén en la fe de Jesucristo; y de sus propiedades, y no serán esclavos, y todo cuanto se hiciere, será nulo y de ningún efecto.

En virtud de nuestra autoridad apostólica, Nós definimos y declaramos por las presentes cartas que dichos indios deben ser convertidos a la fe de Jesucristo por medio de la palabra divina y con el ejemplo de una buena y santa vida.