Confederación Iroquesa

 
 
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  • Ficha
  • Cosmogonía
  • Apéndice

Llamados así mismos como Haudenosaunee ("pueblo de la casa grande"), cinco naciones la componían; los franceses los llamaron Iroqueses, mientras los ingleses los referían como "Cinco Naciones", ellas eran de oeste a este:

Seneca
"Onondowahgah"
"Gente de la gran colina". Guardianes de la puerta occidental.
Cayuga
"Gayogoho:no"
"Pueblo de los grandes pantanos"
Onondaga
"Onoda'gega"
"Pueblo de las montañas". Guardianes del fuego central.
Oneida
"Onyota'a:ka"
"Pueblo de la piedra erguida"
Mohawk
"Kahniakehake"
"La Gente de Piedra". Guardianes de la puerta oriental.
Cinturón

El Wampun representa cada tribu de izquierda a derecha, considerando el sentido de ubicación de sus territorios oeste-este.

La bandera de la Confederación tiene el mismo diseño.

En 1722, los Tuscarora ("Ska-ru-ren", "los de cáñamo"), llegaron para unirse desde Carolina del Norte y Virginia; para los ingleses pasaron a ser las "Seis Naciones".

Hábitat: Al norte del actual estado de Nueva York, llegaron a extenderse a los territorios del sur de Canadá (Québec y Ontario), y el norte de Ohio y Pennsylvania. Su centro de operaciones era Syracuse, al sur del lago Oneida (en territorio Onondaga).

Área Cultural: Bosques Orientales (América del Norte)

Lengua: Iroquesa.

Confederación Iroquesa 1772

Territorios de la Confederación Iroquesa hacia 1.722.

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Bosques de pino, roble, arce y fresno predominaban en la región de la Conferderación. Repleta de arroyos y ríos, en medio de montañas y valles; las estaciones presentaban climas bien marcados.

Fueron una única tribu que habitaba el valle del río San Lorenzo y emigró hacia Nueva York -lugar donde se encontraban al momento del contacto con los europeos- dividiéndose en varios grupos para escapar al asedio de las tribus algonquinas.

Vínculo

Deganawida "El gran pacificador", llegó a las Cinco Naciones que se mantenían en constante beligerancia, con un mensaje que había recibido de El Creador que contenía los principios de paz, igualdad, respeto, amor y justicia.

Unificó las naciones como en una "Casa Larga" donde cada una tenía su propio fuego. En el centro -territorio Onondaga- se plantó El Gran Árbol de la Paz, sus ramas representaban las viviendas en las naciones confederadas y sus raíces extendidas a los cuatro puntos cardinales, invitaban a otros pueblos a refugiarse en él.

Las naciones conservaban su soberanía y participaban en las decisiones de la Confederación y la responsabilidad de proteger la paz, el mundo natural y las futuras generaciones.

La Gran Ley de los iroqueses es una mezcla de derechos electivos y hereditarios. Había un Consejo de la Confederación de 50 royaneh (“hombres buenos”: 9 oneida, 10 cayuga, 14 onondaga, 8 seneca y 9 mohawk), escogidos de una lista de candidatos entre los miembros de los clanes correspondientes, cuyos nombres eran propuestos por las mujeres, y todos sus sucesores tenían que adoptar los nombres de los antiguos fundadores. Cuando uno moría, se celebraban complejos ritos de duelo para luego nombrar al sucesor. Tomaban las decisiones en una serie de reuniones, caucus (pequeñas juntas) hasta lograr el consenso. Las crónicas se transmitían oralmente o por los wampums (cinturones sagrados).

En conjunto estos pueblos constituyen la más antigua democracia participativa de América, y tuvo una influencia directa tanto en la democracia y el constitucionalismo, como en la idea de la igualdad de mujeres y hombres en la sociedad moderna. En especial Benjamín Franklin, quien tuvo trato directo con ellos en 1753, destacó en sus obras que el grado de autonomía individual que gozaban los habitantes de la confederación era desconocido en Europa y publicó los tratados indios, considerada como una de sus obras más importantes.

Todas las tribus se organizaban en un sistema de clanes con diferentes denominaciones. Se dividían en ohwachira (gran familia), cada una de las cuales tenía un oyaron (espíritu protector propio) y eran de tipo matriarcal, hecho que se reflejaba en la costumbre de que el niño recibía un nombre del clan de la madre. Ningún hombre podía presidir un clan y ninguna mujer ser jefe militar o sachem. A las jefas de los clanes correspondía elegir a los jefes militares.

Las primeras crónicas europeas los describen como individuos de gran belleza, bastante aficionados a las risas y las bromas, aplicaban el buen humor y la justicia a todas sus acciones, mostraban siempre su hospitalidad, y a veces, una enorme amabilidad. Eran perspicaces, valientes, resistentes y estoicos ante el dolor.

Los poblados de los iroqueses estaban formados por tiendas cubiertas de corteza con una base de 20 x 6m. y una altura de 6 m. Las llamaban ganonh'sees, o ”casa comunal", en ellas se alojaban varias familias. La casa comunal estaba dividida en compartimentos familiares de unos tres metros a cada lado del corredor; para cada dos familias se utilizaba un fuego que se encendía dentro de la casa. En el techo había chimeneas para que se escapara el humo y para dar luz al interior; los orificios se podían cerrar con tejas de corteza.

Estaban construidas sobre una estructura de mástiles verticales clavados en la tierra en una superficie rectangular. Sobre la parte superior de los mástiles se colocaban palos flexibles que se doblaban para producir el efecto de tejado. Los hombres eran los encargados de construir las casas comunales, aunque eran propiedad de las mujeres.

La casa comunal era un rasgo característico de los pueblos iroqueses. Cada una de ellas constituía un microcosmos de la comunidad entera y se convertía en un símbolo de su identidad. Así, normalmente hablaban de ellos mismos como "El pueblo de las casas comunales". A finales del siglo XVII hubo un abandono gradual de la casa comunal en favor de las viviendas unifamiliares.

Vivían de la agricultura. Cultivaban maíz, alubias y calabazas, consideradas las tres hermanas del Creador; además varias clases de frutos secos, girasol, y tabaco.

Eran considerados guerreros feroces y tenían la costumbre de torturar a los prisioneros hasta la muerte. Consideraban la frontera como lugar de contacto y relación, denominada Teitonateiken “allí donde dos entran en contacto”, y planteaban a los forasteros el tekeniteyohe:te “de los dos senderos”, aceptar la diferencia y respetarla.

El asentamiento francés tuvo continuas batallas con la confederación iroquesa. Los franceses se aliaron con otros grupos de indios (hurones, montagnais, algonquinos) para combatir a los iroqueses.

En América del norte hubo una fuerte lucha entre los ingleses y franceses por apoderarse de los nuevos territorios. Los colonizadores propiciaron que los indios también formaran parte de estas luchas. Los europeos deseaban pieles y los iroqueses las intercambiaban por pistolas y cuchillos.

Algunos iroqueses fueron convertidos al catolicismo y lucharon contra los que habían mantenido la religión india. Durante las luchas por la independencia de Inglaterra los iroqueses se dividieron, una parte apoyó a los ingleses y otra peleó al lado de los rebeldes. Los norteamericanos invadieron los terrenos de los iroqueses, los vendieron y fragmentaron su cultura enfrentándolos. Después de la independencia de los Estados Unidos gran cantidad de iroqueses tuvieron que emigrar a Canadá y el resto fueron desplazados de sus territorios originales.