Religión Garífuna (Garinagu, "Caribes Negros")

Cosmogonía de los Pueblos Originarios
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La concepción del mundo garífuna representa un sincretismo entre elementos amerindios y africanos a la que han incorporado elementos católicos. La base de la religión gira en la convicción de que los ancestros difuntos interfieren en la vida cotidiana de sus descendientes. Sus principales ritos tiene como fin lograr el ascenso de los familiares muertos al estado de deificación (gubida). El Dügü (conocido como Walagallo en Nicaragua), es el mayor rito que la religiosidad garífuna ofrece a los ancestros, evidencia la relación entre pasado y presente de su identidad. Las ceremonias del dügü afianzan los conceptos de la vida después de la muerte, la continuidad de las líneas familiares y la asistencia mutua, estrechando los lazos que unen a los garífunas.

El alma

Esta compuesta de tres partes:

Anigi SobadoraEs la fuerza vital. Se manifiesta en el funcionamiento de los órganos principales: los latidos del corazón, la pulsación de las arterias, la respiración y el calor corporal. Se extingue inmediatamente después de su muerte, o la sumo después de unos meses. Para algunos la sombra, iawa, es una proyección directa del anigi. Las enfermedades del anigi son tratadas con masajes enérgicos aplicados por las "sobadoras".
Iwani Situado en la cabeza, es inmaterial y deja el cuerpo inmediatamente después de la muerte. No es perceptible a los sentidos y por lo tanto no puede darse a conocer a los vivos.
Áfurugu Áfurugu, literalmente "el otro del par", se encuentra entre el anigi físico y el iwani espiritual. Durante la vida de una persona el áfurugu no tiene existencia independiente y, aunque puede alejarse del cuerpo físico, está indisolublemente atado a él y sus ausencias prolongadas traen graves consecuencias para la salud de la persona. Es un cuerpo astral que reproduce la forma material de la persona en todos sus detalles pero que está formado por una substancia que lo asemeja a las entidades sobrenaturales, de cuyas cualidades aparentemente participa.

Es el intermediario entre lo sobrenatural y la realidad cotidiana. Tiene discernimiento y clarividencia, lo que lo capacita para anticipar los peligros que amenazan a la persona que está unido, antes que ella se percate. Lo advierte por medio de señales reconocibles, como picazón en distintos lugares del cuerpo.

La separación prolongada de un individuo y su doble espiritual puede ocasionar la muerte o, por lo menos, la pérdida permanente de las facultades mentales, lo que, en realidad, lo convierte en un cadáver viviente. Esta separación puede resultar de ataques de entidades sobrenaturales dañinas o por prácticas de magia mala.

Para recibir los beneficios del áfurugu, la persona debe cumplir fervorosamente con sus deberes religiosos.

El mundo de los muertos

Alcanzar las más altas posiciones en el mundo de los muertos es un proceso lento y gradual. Después de la muerte el iwani (alma) va al cielo, a veces directamente, otras luego de pasar por el purgatorio. El áfurugu, debe ser tratado con precaución, después de vivir en la tierra le cuesta renunciar a ella. De acuerdo a la personalidad del difunto y las circunstancias de su muerte demostrarán un apego más o menos pronunciado, los que tuvieron vidas marcadas por fuertes pasiones -ambiciosos, sensuales, avarientos, etc.- son los más reacios a marcharse. Sus parientes deben celebrar los ritos apropiados para que se marchen, tarea que puede demandar más de un año hasta que inicie el camino para unirse con su alma (iwani) en su morada permanente.

Los recién fallecidos (áhari) no se dejan ver de sus parientes, pero por medio de crujidos y portazos revelan su presencia en la casa. Cuando están irritados pueden causar accidentes domésticos. Por las noches vagan por las calles del pueblo y pueden ser vistos por personas que regresan de las fiestas religiosas o por pescadores que se hacen a la mar antes del amanecer. Estos espíritus son los úfiñeu. Los úfiñeu de personas violentas o de aquellos que murieron en circunstancias extrañas pueden atacar a quien se les acerque sin advertirlo; uno se puede prevenir contra estos ataques llevando amuletos sobre el cuerpo, recitando oraciones o hechizos. Lo más frecuente, sin embargo, es que los espíritus se vean desde lejos y que se muestren indiferentes ante la presencia de los vivos. Los úfiñeu serían la fuerza vital del cuerpo muerto (el anigi), su desvanecimiento es concomitante con la descomposición del cadáver y su desaparición coincidiría con la completa desintegración del cuerpo.

En el trayecto hacia el mundo de los muertos, los espíritus piden baños para refrescarse y ofrendas de comida para restaurar sus fuerzas. En el viaje, el áhari se detiene al encontrarse con amigos que murieron antes pero no han sido capaces de viajar tan rápidamente como él; si no lo retienen en un "lugar malo", aún el más lento de los áhari llegará a su destino final. Los familiares sobrevivientes se mantienen informados sobre el progreso del viaje por medio de presagios y sueños, hasta que se reúna con los gubida.


Fuente:

Los negros caribes de Honduras

Ruy Galvão de Andrade Coelho
Editorial Guaymuras, 2002.