Xicohténcatl-Huehuétl

Biografías de Pueblos Originarios
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Xicohténcatl ~  El Viejo

"El viejo"

Tlaxcalteca

1402 ~ 1522
Señor de Tizatlán, hijo de Atzahua, gran guerrero, orador y poeta, se dice vivió más de 120 años. Xicohténcatl quiere decir "el señor de los labios de jicote", significa el que pronuncia conceptos que en sus labios son graves, severos e hirientes.

Cuatro señoríos conformaban en el siglo XV la República de Tlaxcala: Tepeticpac, Ocotelulco, Quiahuixtlán y Tizatlán. Cada señorío era autónomo en materia de gobierno interior, pero en asuntos de defensa de la independencia frente a otras etnias expansionistas como los aztecas, o de enemigos más cercanos como los señoríos de Cholula o Huexotzingo, se reunían los cuatro senadores, quienes depositaban en uno de ellos el mando de los ejércitos, quedando federados y cohesionados en una sola nacionalidad.

Entre los siglos XIV y XV, Tlaxcala se distingue entre las culturas más importantes de Mesoamérica. Vive una etapa de bonanza, gracias al comercio con los pueblos de la costa del Golfo de México y del Océano Pacífico, así como con Centroamérica. Simultáneamente al esplendor de Tlaxcala, los tenochcas realizaban una serie de conquistas convirtiendo a muchos pueblos en tributarios, quedando Tlaxcala y otros cuantos señoríos fuera del control político de México-Tenochtitlán. La integración de la Triple Alianza entre Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan en 1.455, da origen a las llamadas “guerras floridas”, con el propósito religioso de obtener prisioneros y sacrificarlos a sus dioses. Los enemigos seleccionados para estas justas bélicas fueron Huejotzingo, Cholula y Tlaxcala.

En uno de los poemas más celebrados en su época y que ha llegado hasta nuestros días, Xicohténcatl-Huehuétl, expresa su deseo de acabar con las guerras floridas y enfrentar de una vez por todas a su rival, constituido por Tenochtitlán. Metafóricamente les propone a los tlaxcaltecas ir por agua a los canales de la ciudad y tomarla, lo que significaba dejar a la ciudad sin vida. Exhorta a los dioses para que les sean propicios a los tlaxcaltecas, ayudándolos a penetrar con la oscuridad del alba, y arribar a la ciudad donde llueven gotas de agua. Los tenochcas organizan la resistencia y esconden los libros, las pinturas, el oro y la plata.

En este contexto los señores de la República de Tlaxcala, enfrentaron la llegada de los españoles. La leyenda de los Cinco Soles y el mito del regreso de Quetzalcoatl, fue común a los pueblos de origen náhuatl, entre ellos los tlaxcaltecas. Dentro de la concepción religiosa de los tlaxcaltecas, era hijo de su dios Camaxtli, quien desposó a Coatlicue en su peregrinar por las provincias de Culhuacan, Teotlacochcalco y Teohuitznahuac. El vaticinio de su regreso, coincide con la aparición de las primeras expediciones españolas y se convertiría en una catástrofe con la llegada de Hernán Cortés.

"El viejo" con Cortés

Mural en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala.
Xicohténcatl, muy viejo y casi ciego, pide a Hernán Cortés que le permitiera tocar su cara para darse una idea de sus facciones.

Cuando Hernán Cortés solicitó la venia del Senado tlaxcalteca para transitar por su territorio rumbo a Tenochtitlán, mediante la embajada de cuatro principales cempoaltecas, la mayor oposición a dejarlos pasar provino del senador Xicohténcatl Axayacatzin de Tizatlán, quién gobernaba el señorío con su padre Xicohténcatl-Huehuétl.

Xicohténcatl Axayacatzin argumentó en el Senado que el vaticinio de la llegada de los hombres blancos y barbados podía ser un engaño y que esos caminantes del oriente, tal vez no fueran los que esperaban. Dijo, además, “que los castillos flotantes eran resultado del trabajo humano, que se admira porque no se ha visto”. Propuso la reunión de los cuatro señoríos “para que mirasen a los extranjeros como tiranos de la patria y de los dioses”. Este discurso, contrario a la opinión de Maxixcatzin, señor de Ocotelulco, decidió los enfrentamientos con los españoles.

Cortés penetró al territorio de Tlaxcala por la cañada que hoy se conoce como La Mancera. En Tecoantzinco tuvieron su primer enfrentamiento los españoles con las huestes del señor de Tecoac. El 2 de septiembre de 1519, Xicohténcatl enfrentó a Cortés en el desfiladero de Tecoantzinco, con resultados adversos. Al día siguiente combatió en los llanos del mismo lugar, sin que viesen coronados sus esfuerzos las armas tlaxcaltecas. La deserción de las divisiones de Ocotelulco y las de Tepeticpac, por las intrigas de Maxixcatzin, disminuyó las fuerzas del Xicohténcatl quién, pensando que los hombres rubios ganaban con el apoyo del sol, intentó vencerlos en una justa nocturna, que también le fue adversa.

El Senado, al conocer esta última derrota, optó por ofrecer la paz a Cortés ordenando a Xicohténcatl Axayacatzin suspender las hostilidades. La paz se hizo en el cerro de Tzompantepec el 7 de septiembre de 1519, concertada en términos de una alianza amistosa entre dos naciones. Si bien los tlaxcaltecas aceptaron el reconocimiento de vasallaje respecto de Carlos V, soberano de España, Cortés les ofreció participación en la dominación de Tenochtitlán, además de respetar la autonomía y las formas de gobierno propios de la República. A cambio, los tlaxcaltecas adoptarían la religión católica como única y verdadera, y ayudarían en la conquista y pacificación.

Hernán Cortés arribó con su ejército a Tizatlán el 23 de septiembre de 1519, alojándose en la casa de Xicohténcatl. Durante 20 días descansó en el territorio de Tlaxcala, donde le fueron obsequiadas varias hijas de los senadores, quienes recibieron el bautismo y la nueva religión. La escasez de pólvora por los combates que los españoles efectuaron a lo largo de su ruta, les obligó a buscar azufre para su elaboración. Este elemento se encontraba en el cráter del volcán Popocatépetl, montaña que los indígenas consideraban sagrada, por lo cual no habían intentado su ascenso. Cortés envía al soldado Diego de Ordaz para que la escalara y descendiera al cráter para obtener el material requerido. La hazaña dio más prestigio a los españoles ante los indígenas, quienes consideraron al vaticinio como cierto.

Lienzo de Tlaxcala

Imagen en el Lienzo de Tlaxcala. Xicohténcatl-Huehuétl "el viejo", saluda a Hernán Cortés. Aliados derrotan a Moctezuma y toman Tenochtitlán. Abajo y al centro Malinche.

Las ventajas de la alianza hispano-tlaxcalteca pronto se dejó sentir con la matanza de la nobleza de Cholula, donde el pillaje dotó a los tlaxcaltecas, aparte de la esperada venganza, de sal, oro, algodón, etc., artículos de los que habían sido privados por el bloqueo. La incursión española con sus aliados indígenas a Tenochtitlán y hechos conocidos como la Noche Triste, así como el regreso a Tlaxcala, fueron acontecimiento que trastocaron de manera definitiva el mundo indígena. Después de la retirada española, Cortés se hospedó en la casa de Maxixcatzin en Ocotelulco y Pedro de Alvarado en la de Xicohténcatl-Huehuétl en Tizatlán.

Xicohténcatl-Huehuétl recibió el bautismo, tomando el nombre de Lorenzo de Vargas. Una de sus hijas se casó con Pedro de Alvarado.

En tanto, Xicohténcatl Axayacatzin trataba de convencer en vano a sus coterráneos, para aliarse con Cuitláhuac, quien acababa de ser ascendido al trono de Moctezuma.

Los aztecas también trataron de atraer a los tlaxcaltecas para que juntos derrotaran y expulsaran a los españoles. Ante esas propuestas, Cortés ofreció a los señores de Tlaxcala parte de los territorios por conquistar. La larga enemistad entre naciones indígenas, que no entre dos pueblos de la misma nacionalidad, fue factor decisivo para que los señores de Tlaxcala mantuvieran la alianza con los españoles.

El 13 de agosto de 1521 cayó la gran Tenochtitlán en manos de los españoles. Las nuevas conquistas y descubrimientos que emprendió Cortés contaron con la ayuda de sus aliados tlaxcaltecas, quienes desde la pequeña República se diseminaron por todo el país y Centroamérica.