Juan Díaz de Solís

 
 
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Juan Díaz de Solís

España

1470 ~ 1516

Sin certeza de su fecha de nacimiento, se discute también si era sevillano o de origen portugués.

Tras servir como piloto en la Casa de Indias de Portugal, en 1508 fue nombrado Jefe Marítimo de la expedición española que, junto a Vicente Yáñez Pinzón, recorrió la costa de Honduras hacia el norte, donde expolraron la península de Yucatán. Regresó a España en agosto de 1509, sin encontrar el paso hacia las Indias Orientales.

Tras la muerte de Américo Vespucio en 1512, Solís es nombrado piloto mayor de la Casa de Contratación de Castilla.

En 1512 se planea una expedición para llegar al Oriente por el cabo de Buena Esperanza. Las protestas de Portugal hicieron suspender la empresa.

Entre 1513 y 1514 una nave portuguesa, al mando de Cristóbal de Haro y Nuño Manuel, llegó a las costas atlánticas de América recorriéndolas hasta la desembocadura del Paraná, volvió a Portugal con la convicción de haber descubierto un paso del Atlántico al Pacífico. Este hecho, más los mapas que circulaban como los de Schöner, indicando el paso, motivaron a los reyes de España a promover una expedición a las Molucas por el supuesto estrecho.

Embarcados en tres carabelas, al llegar al Río de la Plata, Solís comprendió que el supuesto paso interoceánico era ton sólo un río, al que llamaron Santa María, aunque la anchura del estuario los indujo a llamarlo también Mar Dulce.

Solís y otros compañeros descendieron en una embarcación menor a las islas del delta donde fueron atacados por los nativos. Algunos de los tripulantes consiguieron huir y llegar hasta las carabelas, pero otros entre ellos Juan Díaz de Solís, fueron muertos y devorados a la vista de los españoles que se encontraban en las naves.

En el viaje de regreso de los sobrevivientes, una de las naves naufraga en el golfo de Santa Catalina (Brasil) donde quedan 18 marineros abandonados en la costa. Varios de ellos integrarían, como interpretes o guías las expediciones de Diego García y Sebastián Gaboto en 1526. Otros, como Alejo García en 1525, realizarían expediciones por su cuenta.

¿Se comieron los charrúas a Solís?

Por Martín A. Cagliani

Por todos es conocido el hecho de que a Solís, el descubridor del Río de la Plata, lo mataron y comieron los indios del Uruguay. Veamos como se llega a este hecho nefasto en el comienzo de la conquista española.

En 1513 se descubre la existencia de un mar detrás de las tierras descubiertas por Colón, que seria el océano Pacífico. Esto auguraba la posibilidad de llegar a la India a través de un paso. En busca de este destino salió el piloto mayor de España, Juan Díaz de Solís, desde Sevilla. El 8 de octubre de 1515 salen de Sanlúcar de Barrameda tres carabelas tripuladas por 60 hombres. Tras breve escala en la isla de Tenerife, Solís, con su pequeña armada, hizo rumbo a la costa del Brasil. Llegan a la altura del cabo San Roque, continua Solís hacia el sur siguiendo la costa brasileña. En los primeros días de febrero de 1516, la costa dobla hacia el oeste dando lugar a un inmenso estuario de unas aguas que cambian del verdoso al color rubio barroso, el piloto mayor ordena probar el liquido; tiene un sabor suave y azucarado, la extensión de aquella dulzura es enorme, esta condición le otorga el nombre de Mar Dulce; mas tarde cambiado por río de Solís, que no triunfa al imponerse el actual mítico nombre de este río de plata. Solís decide explorar aquel inmenso estuario. En una de las carabelas, comienza a costear la orilla uruguaya a lo largo de 150 km., llegando junto a una isla que se llamó Martín García, por haber sido enterrado en ella el despensero de la expedición que respondía a ese nombre.

Observan sobre la costa "muchas casas de indios y gente, que con mucha atención estaba mirando pasar el navío y con señas ofrecían lo que tenían poniéndolo en el suelo; quiso en todo caso ver qué gente era ésta y tomar algún hombre para traer a Castilla". Seducido por estas demostraciones de amistad, o quizás esperando conseguir víveres frescos y hacer algún comercio, Solís se embarca en un pequeño bote con el contador Alarcón, el factor Marquina y seis marineros mas que fueron hasta la próxima costa. Sabían que mas al norte en la costa atlántica los indios eran bondadosos y ofrecían a los navegantes frutas y otros géneros. Una vez en tierra, en la margen izquierda del arroyo de las Vacas, se adentraron un poco en ella alejándose de la orilla, los nativos estaban emboscados, esperándolos, como una avalancha de nieve cayeron sobre ellos y los apalearon y despedazaron hasta matarlos a todos, con la única excepción del joven grumete Francisco del Puerto, que se salvo y quedo viviendo cautivo con los indios. Según un moderno historiador fueron golpeados con boleadoras, y a sus golpes sucumbieron. La generalidad de los cronistas y otros testimonio de la época añaden que los indios descuartizaron los cadáveres de los españoles a la vista de los que habían quedado en la carabela, y que comieron sus pedazos. No faltan modernos historiadores que niegan el hecho, considerándolo como falso y como una de las muchas leyendas infundadas que hay en la conquista de América.

Los indios que dieron muerte a Solís y sus hombres no se sabe si fueron guaraníes de las islas del delta o los charrúas de la costa uruguaya.

La hipótesis de que los asesinos del descubridor del plata fue muerto por los charrúas de Uruguay, ha quedado fuera del tintero ya que no habitaban la zona en la cual desembarco Solís. Los charrúas eran unos indígenas cazadores y recolectores nómadas, que vivían en las costas del Río de la Plata y del río Uruguay también practicaban la pesca para lo cual contaban con grandes canoas.

Los detalles de la muerte de Juan Díaz de Solís, de la manera en que fueron referidos, muestran un canibalismo diferente al practicado por los guaraníes, en el que están ausentes los elementos simbólicos de este, del mismo modo que su ceremonial preparatorio y su forma de ejecución. Esto indicaría que los autores habrían sido indígenas guaranizados, que no hubieran asimilado nada mas que algunos rasgos culturales sin aprender la significación global de una institución como el canibalismo de los guaraníes, que se distinguía precisamente por la forma rebuscada en que se cumplían las sucesivas acciones conducentes a sacrificar y comer a un prisionero de guerra. Siempre se aplicaban con el sentido de absorber las virtudes del inmolado, que siempre era un guerrero hecho prisionero en combate. Todo ese ceremonial era algo muy diferente a la manera repentina y precipitada con que (según las fuentes) procedieron los indios a matar y devorar en el sitio a los extraños que acababan de desembarcar. Tampoco hay ningún relato de otro acontecimiento similar que hubiera ocurrido en alguna parte del Río de la Plata, por lo que algunos historiadores, como se dijo mas arriba, han puesto en duda la veracidad de las narraciones consideradas clásicas. Pero el hecho de que dejaran con vida al joven grumete Francisco del Puerto, obedece a las costumbres de solo comer a los guerreros dejando fuera a niños y mujeres. El pobre grumete abandonado por sus compatriotas, estuvo conviviendo largos años con los indígenas, hasta que fue rescatado en 1527 por la expedición de Sebastián Gaboto. Francisco del Puerto les sirvió como interprete durante la expedición, hasta que este grumete considero que no era suficientemente recompensado y tramó una venganza. Durante una operación comercial con ciertos indígenas, en el río Pilcomayo, este organizo un ataque sorpresivo infligiendo muchas bajas sobre los españoles, nunca mas se supo del grumete Francisco del Puerto.

Los demás integrantes de la expedición de Solís, regresaron a España, menos 18 marineros que quedaron abandonados en la isla de Santa Catalina (Brasil) a la cual llegaron nadando tras haber naufragado una de las carabelas. Estos náufragos iban a ser muy importantes para la historia y conquista del Río de la Plata, ya que son ellos, rescatados por Gaboto, los que dan comienzo a la leyenda del rey Blanco que vivía en una Sierra de la Plata, como su nombre lo dice era toda de plata, que estaba en las inmediaciones del inmenso río de Solís el cual estaba bañado de plata. Esta leyenda es la que origino todas las expediciones al Río de la Plata, todas con el ideal de encontrar grandes cantidades de plata. La plata de que tanto se hablaba era la de los incas y del Potosí en Bolivia.