Francisco de Orellana

 
 
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Florentino Ameghino

España

1511 ~ 1546

Textos y DocumentosTextos y Documentos:
Descubrimiento del Río de las Amazonas. Relación de Gaspar de Carvajal
Carta de Gonzalo Pizarro al Rey, describe la expedición al Dorado y el País de la Canela, y la traición de Orellana
Cartas de Orellana a la Corona, sobre los preparativos de la expedición de regreso al Amazonas.
Nació en Trujillo (Cáceres) en 1511, a los dieciocho años viajó a América, donde participó en varias misiones exploratorias.

En 1533 se trasladó a Perú para integrarse en las huestes de su primo Francisco Pizarro. Participó en la batalla de Puerto Viejo, donde perdió un ojo.

Asimismo, luchó en el bando pizarrista frente a la facción liderada por Diego de Almagro en la guerra civil entre españoles librada en América. Tras la victoria agradecido Pizarro concedió a Orellana el territorio de Culata (actual Ecuador), donde se instaló como un rico colono.

Escribió al Rey pidiendo se le nombrara gobernador de la provincia de Guayaquil: "Habiéndome hallado en las conquistas de Puerto Viejo y sus términos y haber perdido en ella un ojo. Y asimismo ser notorio el servicio que hice en la dicha villa de Portoviejo en él reparo (curación) de los españoles que a mi casa acudían. Y recogí 80 hombres a mi costa y misión, pagándoles los fletes y otros gastos que debían en la dicha villa, y adeudándome en mucha cantidad y suma de pesos de oro los llevé por tierra, fin dicha jornada hice mucho fruto y gran servicio a la Cotona Real. Poblé y fundé en nombre de su Majestad una ciudad, la cual puse por nombre la ciudad de Santiago (Guayaquil), en parte tan fértil y abundosa y ser en comarca que por ella se sirven y llevan proveimientos a la villa de Quito y Pasto y Popayán.... Soy caballero hijo dalgo y persona de honra"...

Pronto realizaría una expedición histórica...

La expedición al Amazonas

Gonzalo Pizarro organizó la expedición en busca de El Dorado, y el País de la Canela. En febrero de 1541 se puso en camino desde Quito hacia el este, iban doscientos veinte españoles, doscientos caballos, cinco mil indios, más de dos mil cerdos vivos, y una jauría de perros de caza. Estaba el religioso Gaspar de Carvajal, que escribiría una relación donde detalla los hechos acaecidos.

Orellana, paisano y primo de Gonzalo, era su socio, luego de arreglar sus asuntos en Guayaquil, se reune con él en los primeros días del mes de marzo, es acompañado por veintitrés hombres. El lugar de encuentro es Zumaco, donde Pizarro había hecho su base.

Los nativos de la zona, eran amenazados y torturados por Pizarro, para que les diera el paradero de "El Dorado", como no aceptaba negativas, lo orientaban hacia el este para evitar represalias.

Pizarro deja Zumaco a cargo de Orellana, y penetra en la selva con ochenta hombres, la expedición fracasa, y regresa al campamento, ahora parte juntos río abajo, por el Coca. Ambos estaban convencidos que estos ríos vertían en el Atlántico, pero desconocían la dimensión del continente. El Dorado no aparecía, tampoco el País de la Canela. Los indios morían o huían a la selva. Pizarro decide, contra la opinión de Orellana, que era mejor construir una embarcación para seguir río abajo con los heridos y los bultos más pesados, los caballos seguirían por tierra.

El 11 de noviembre, el barco, bautizado como "San Pedro", esta cargado y listo para partir. El barco es rápido, al final de cada jornada la tripulación esperaba a sus compañeros. Llegan donde el río Coca desemboca en uno más ancho y caudaloso, el Napo. Avanzan durante cuarenta y tres días, apenas hay comida, el viaje es agotador, la situación es insostenible.

Pizarro decide entonces seguir por tierra hacia el Atlántico, y que Orellana navegue por el Napo, con la misión de encontrar alimentos y retornar lo antes posible, Orellana nunca regresaría. Era el 26 de diciembre de 1541, en el "San Pedro" y algunas canoas, viajan cincuenta y siete expedicionarios y dos esclavos negros.

En los primeros días del año 1542, llega a Aparía, donde los nativos son amistosos, intentan construir otra embarcación, pero por impericia deben suspenderla, aquí reciben noticias de las amazonas y sus riquezas.

Costrucción del "San Pedro"

Con la ayuda del pueblo aparía, construyen un bergantín: "La Victoria".

Continúa río abajo, siempre en la región de Aparía, cuyo cacique llevaba el mismo nombre, Orellana decide que llega el momento de terminar la embarcación, con la ayuda de los nativos, en treinta y cinco días lo consiguen y bautizan como "Victoria".

Están convencidos de que se encuentran ya en el Marañón, aquel río que desemboca en el Atlántico, pero no saben su longitud. Sólo intuyen que se trata de un río de dimensiones sorprendentes, "que parecía mar por su imponente grandeza".

Orellana zarpa de Aparía, durante todo el trayecto no bajará nunca la guardia ni dejará de advertir a sus hombres que deberán de tratar con respeto a los indios que encuentren, y no utilizar las armas si no es en defensa propia, ya que luego volverán para colonizar a aquellas tierras y es conveniente que les reciban en son de paz.

Pero pronto las cosas cambian, llegan a las regiones de Machíparo y de Omagua, los nativos no resultan amistosos, y deben combatir constantemente. Las provisiones vuelven a escasear. Sin embargo con pocas bajas consiguen atravesar esas tierras.

El río es cada vez más ancho, la distancia de las orillas facilita la navegación y asegura la defensa. La zona es muy poblada, las aldeas son enormes y bien organizadas.

Orellana decide pasar de largo "por ser los pueblos tantos y tan grandes y haber gente". Luego decide tomar tierra en un pequeño pueblo. Al llegar, tras luchar con los indios del lugar, encuentran una gran cantidad de comida, pero sobre todo descubren algo que les sorprende enormemente: loza vidriada y esmaltada, de todos los colores. Allí hay tinajas, cántaros grandes, vasijas pequeñas, escudillas, y candelabros. Deciden llamar a la aldea "el pueblo de la loza". Están a medio camino, en pleno corazón del Amazonas. Es una zona rica en la que los caminos parten desde el río hacia adentro, despertando la curiosidad de los españoles, que sin embargo no se atreven a alejarse de las orilla.

El viaje continúa, Carvajal describe la confluencia del Río Negro: "... vimos una boca de otro río grande a la mano siniestra, que entraba en el que nosotros navegábamos, el agua del cual era negra como tinta, y por esto le pusimos el nombre del Río Negro, el cual corría tanto y con tanta ferocidad que en más de veinte leguas hacía raya en la otra agua sin revolver la una con la otra."

A partir de aquí, Orellana y sus hombres entran en territorios tributarios de las famosas amazonas. Son pueblos grandes, con murallas y muy ricos, en los que encuentran también vestiduras de plumas de diversos colores que utilizan para sus sacrificios.

La existencia de las amazonas, no parece ser una fantasía sino una tribu real de mujeres guerreras y poderosas, a las que tienen que enfrentarse en una dura batalla cuando estas acuden en ayuda de sus pueblos tributarios. Estas mujeres le darán el nombre al magnífico río.

En la lucha contra las amazonas el Padre Carvajal perderá un ojo.

A su regreso a España, la existencia de las amazonas fue puesta en duda y hay quien opina que en realidad lo que vieron fueron indios con el pelo muy largo. Carvajal, sin embargo, defiende la existencia de estas mujeres guerreras que le habían dejado tuerto y aporta una amplia descripción de sus costumbres, según lo que les relata el indio que se había incorporado a la expedición:

"El Capitán le preguntó si estas mujeres eran casadas: el indio dijo que no. El Capitán le preguntó que de qué manera viven: el indio respondió que, como dicho tiene, estaban la tierra adentro, y que él había estado muchas veces allá y había visto su trato y vivienda, que como su vasallo iba a llevar el tributo cuando el señor lo enviaba. El Capitán preguntó si estas mujeres eran muchas: el indio dijo que sí, y que él sabía por nombre setenta pueblos, y contolos delante de los que allí estábamos, y que en algunos había estado. ...El capitán le preguntó si estas mujeres parían: el indio dijo que sí. El capitán le dijo que cómo no siendo casadas, ni residía hombre entre ellas, se empreñaban: él dijo que estas indias participan con indios en tiempos y cuando les viene aquella gana juntan mucha copia de gente de guerra y van a dar guerra a un muy gran señor que reside y tiene su tierra junto a la destas mujeres y por fuerza los traen a sus tierras y tienen consigo aquel tiempo que se les antoja, y después que se hayan preñadas les tornan a enviar a su tierra sin les hacer otro mal: y después, cuando viene el tiempo que han de parir, que si paren hijo le matan y le envían a sus padres, y si hija, la crían con muy gran solemnidad y la imponen en las cosas de la guerra. Dijo más, que entre todas estas mujeres hay una señora que subjeta y tiene todas las demás debajo de su mano y jurisdicción, la cual señora se llama Coñorí ..."

La fertilidad de esta parte del río (entre el Negro y el Tapajós), les recuerda a su tierra natal, bautizan la región como "Provincia de San Juan".

La última parte del viaje, desde el río Tapajós hasta la desembocadura, es la más dura en cuanto a las luchas con los nativos. Las tribus eran caníbales, y utilizaban flechas envenenadas. Las mareas les indican que no están muy lejos del mar, pero no saben que en el Amazonas, estas se hacen sentir hasta doscientos kilómetros río adentro, y que les queda el último laberinto que atravesar: el de las islas que forman la desembocadura del Amazonas.

Viajan por la orilla izquierda, salen al mar por el canal Perigoso, entre las actuales islas de Caviana y Mexiana, son los últimos días de Agosto de 1542.

Ahora les queda navegar hacia el norte en busca de un lugar habitado. Los dos bergantines se pierden de vista una noche, y no se vuelven a ver; la nave Victoria se enreda en el golfo de Paría.

Finalmente el 11 de septiembre, Orellana, y su tripulación incluído el padre Carvajal, llegan a la ciudad de Nueva Cádiz en la isla de Cubagua, los bergantines con la tripulación a salvo, habían llegado dos días antes.

De los cincuenta y nueve que habían comenzado la expedición, regresan cuarenta y cuatro soldados, los dos esclavos negros, además de un indio que se había incorporado en la expedición.

El regreso a España

En Cubagua, Orellana decide ir a España, pasando antes dos semanas en La Española, a dar cuenta al rey del descubrimiento del gran río, del que ya saben que se trata del Marañón, cuyas bocas habían explorado algunos navegantes hispanos. Comienza su reivindicación como gobernador de las nuevas tierras, su defensa frente a la acusación de traición que le hará su primo Gonzalo Pizarro y la organización de su nueva expedición, la definitiva, para colonizar la cuenca del río.

Orellana no tenía grandes tesoros que llevarle al rey pero sí un relato apasionante de las nuevas tierras descubiertas. Era consciente, desde hacía muchos meses, de que, si culminaba con éxito el viaje, debería enfrentarse ante el Consejo de Indias a las acusaciones de Gonzalo Pizarro de haberle abandonado, llevándose con él las armas y los pertrechos más valiosos.

La sombra de la traición sigue volando por encima de la figura de Orellana ¿Tenía desde el primer momento la tentación de no regresar? Orellana aporta pruebas de que no le fue posible regresar, en particular el acta suscrita por todos sus hombres. Fray Gaspar de Carvajal escribe entonces su famosa Relación para justificar lo ocurrido, pero Gonzalo Pizarro sigue adelante con su denuncia y escribe al rey una amplia carta, fechada en Tomebamba, a 3 de septiembre de 1542, y que se conserva en el Archivo de Indias. En ella que nos ha dejado su propio relato de la expedición y de lo ocurrido a partir de su separación de Orellana.

Hoy se contempla la actitud de Orellana, de modo coherente con las pautas de conquista típicas del conquistador, su voluntad de continuar solo, la posterior defensa de sus acciones y la adquisición de un permiso de conquista en España para regresar al Amazonas en calidad de "adelantado" .

Finalmente, Orellana es absuelto de la acusación de traición por el Consejo de Indias, que le concede la capitulación que pide para efectuar el descubrimiento y población de la Nueva Andalucía, que es como se bautizan las tierras recién descubiertas. El Consejo de Indias termina recomendando al emperador el apoyo para esta aventura. El documento final de las capitulaciones daba facultades y ponía limitaciones. Establece que puede partir con trescientos hombres españoles, cien a caballo y los otros de a pie, y con ocho religiosos. También establece que deberá instalar dos pueblos, "el uno al principio del poblado, en la entrada del río por donde vos habéis de entrar ... otro en la tierra adentro, donde más cómodo y a propósito fuere, escogiendo para ellos los más sanos y deleitosos asientos que se pudieren haber, y en provincias abundosas, y en parte donde por el río se puedan proveer". Las capitulaciones, firmadas el 13 de febrero de 1544 en Valladolid, no dejaban resquicios a la improvisación.

Retorno al Amazonas

Orellana intenta poner en marcha la expedición, pero se ve incapaz. Es un buen capitán, pero un pésimo gestor: no encuentra la tripulación adecuada y tiene que recurrir a pilotos extranjeros, cosa que está rigurosamente prohibida. Compra cuatro naves, la Victoria, la San Pedro, la Guadalupe y la Bretón, pero resultan ser mucho peores de lo que necesitaban para tan larga travesía.

Antes de partir, Orellana conoce a Ana de Ayala, se casa con ella el 24 de noviembre de 1544, viajarán juntos a la Nueva Andalucía. Su mujer le apoya desde el primer momento y jugará un activo papel en su vida a partir de entonces.

Los preparativos de la expedición avanzan muy lentamente, con el veedor oficial, fray Pablo de Torres, vigilando atentamente por el cumplimiento de todos los detalles de las capitulaciones. Orellana pelea con banqueros y prestamistas tratando de encontrar el dinero necesario, mientras prosiguen muy lentamente los preparativos de avituallamiento y aparejamiento de las naves. Mientras continúan atrapados en el puerto de Sevilla, el dinero se va esfumando. Su mujer aporta todo su escaso pecunio y el padrastro de Orellana, Cosme de Chaves, viaja a Sevilla para auxiliarle económicamente, pero siguen sin poder partir. La inspección de Fray Pablo de Torres descubre numerosas irregularidades: no lleva los trescientos hombres que necesita reunir, faltan aparejos y artillería, tienen marinos flamencos, alemanes, ingleses y portugueses en su tripulación… Le prohíben terminantemente abandonar el puerto sin solucionar las deficiencias, pero Orellana decide zarpar sin permiso, y, por supuesto, sin armas, caballos, municiones y abastecimiento suficientes. Es el 11 de mayo de 1545.

Tras una estancia de tres meses en Tenerife, en la que él trata de completar sin éxito el equipamiento de las embarcaciones, parte rumbo a Cabo Verde, esperando tener mejor suerte, aunque debe abandonar la "Victoria", que está ya desahuciada. La tripulación comienza a enfermar con diarreas crónicas, por las malas condiciones del agua.

Antes de salir de la isla, mueren noventa y ocho hombres, y otros cincuenta están tan enfermos que Orellana decide dejarlos en tierra. El 15 de noviembre parten definitivamente rumbo a la Nueva Andalucía, pero siguen las desgracias: la nave "Bretón" desaparece en alta mar y las dos naves restantes llegan a la desembocadura del río medio destruidas por un huracán.

Para la conquista y colonización de la Nueva Andalucía quedan poco más de un centenar de hombres mal armados y con dos carabelas medio desmanteladas.

Las dos embarcaciones consiguen subir por el río unas cien leguas y allí establecen su base de operaciones y, sobre todo, un muelle donde construir un bergantín. Llaman al nuevo poblado Nueva Sevilla. Unos días después se encuentran que la Guadalupe ha desaparecido de donde estaba anclada; cuando la encuentran está embarrancada en unas islas muy lejos de la orilla y destrozada. Para tratar de sobrevivir, decide adelantarse río arriba para buscar un lugar en el que puedan encontrar comida. Veintitrés hombres y su esposa acompañan a Orellana. En el campamento se queda el resto, casi setenta hombres, a cargo de Cristóbal de Maldonado, construyendo otro bergantín. Casi todos están enfermos y la vida va extinguiéndose poco a poco.

El 10 de noviembre Maldonado decide subir río arriba en el nuevo bergantín en busca de Orellana pero no encuentra señales de él. Algunos, diecisiete, optan por volver a Cubagua en el bergantín. Otros once prefieren quedarse. Cuando la maltrecha embarcación llega por fin, no a Cubagua, sino a la isla de Margarita, no hay campanas repicando ni triunfalismos. A los pocos días llega también a la isla Margarita otra embarcación arrastrada por las mismas corrientes: es un bergantín con veinte hombres y una mujer, Ana de Ayala.

Orellana no viene con ellos. Finalmente no fueron las flechas de los indios, ni las amazonas las que acabaron con él, sino las fiebres de los pantanos. Murió a los treinta y cinco años en brazos de su mujer, que tomó el mando, y finalmente consiguieron emprender el camino de regreso. Orellana fue enterrado por sus hombres y su fiel compañera, cerca de la actual Santarem, al pie de un árbol junto a aquel majestuoso río que había descubierto.

Ana de Ayala se casó con otro superviviente, Juan de Peñalosa, con el que vivió hasta su muerte en Panamá. Con Orellana murió la primera tentativa de colonizar estas regiones, se tardaría casi un siglo en volver a intentarlo.


Fuentes:

http://www.sge.org/sge07/base.asp?Id=51&pag=0