Alonso de Ojeda

 
 
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Alonso de Ojeda

España

1466 ~ 1515

Dominicana 1499

Ilustraciones de Teodoro de Bry.

Arriba: Alonso de Ojeda con su expedición incluido Américo Vespucio, en batalla con los nativos, al arribar a Dominicana en 1499.

Abajo: Los sucesos de Ojeda y Nicuesa en el Darién, después del fallecimiento de Juan de la Cosa.

Ojeda en el Darién.
Guaricha. Esposa de Ojeda

En la Plaza Alonso Ojeda de Maracaibo se encuentra esta obra que representa la muerte de Guaricha, la esposa del conquistador.

Alonso de Ojeda pidió ser enterrado bajo la puerta del Monasterio de San Francisco en Santo Domingo, para que su tumba fuera pisada por todos los que llegaban a la iglesia como pena por los errores que había cometido.

Al poco tiempo fue hallado el cuerpo sin vida de Isabel (Guaricha) sobre la tumba de su esposo, había muerto de tristeza e inanición. Sus tres hijos fueron los primeros mestizos documentados en Venezuela. Ella fue la primera venezolana en las cortes europeas, debido a que al poco tiempo de casarse, Ojeda la llevó a España para establecer allí su familia.

Conocido también como Alonso de Hojeda, nació probablemente en 1466, en Cuenca, España; pertenecía a una noble familia, fue paje del Duque de Medinaceli, con quien peleó en la conquista de Granada. Recibió la protección de Rodríguez de Fonseca, gracias a quien logra embarcarse en en segundo viaje de Cristóbal Colón, a fines del año 1493.

Llegando a la isla de La Española. En enero de 1494, Colón le encargó que buscara algunos tripulantes extraviados en el territorio de la isla. Pudo adentrarse con sólo quince hombres en la región del Cibao, donde dominaba el aguerrido Caonabó, que era requerido por el mismo Colón; mediante engaños, y abusando de la buena fe del cacique, consiguió apresarlo.

Participó en la batalla de la Vega Real, donde un reducido ejército español, venció a un numeroso grupo de nativos.

La recompensa de los Reyes Católicos a Ojeda será la concesión de seis leguas de terreno en Maguana.

De regreso en España, asiste a una política de cambios, respecto a las exploraciones en las nuevas tierras; en conclusión de esta política, son firmadas una serie de capitulaciones que rompen el monopolio de Colón.

Alonso de Ojeda inauguró los "Viajes Andaluces", asociado con Juan de la Cosa y Américo Vespucio, al partir del Puerto de Santa María el 18 de mayo de 1499. Se conocen como Viajes Andaluces, los que partieron entre 1499 y 1502 desde puertos de Andalucía (Cádiz o Huelva), con capitanes y tripulación andaluza siguiendo la ruta del tercer viaje colombino.

Atravesaron el Océano con vientos favorables en veinticuatro días; y vieron tierra cerca de la desembocadura del Orinoco. Fueron costeando sin desembarcar, por toda la orilla del continente, pero tomaron tierra en tres partes de la isla de la Trinidad, siguiendo el mismo rumbo que había tomado Colón en su tercer viaje.

Tocaron en las costas del golfo de Paria, tratando amigablemente con los naturales en todos aquellos parajes. Visitaron la isla de Margarita, y en seguida continuaron su derrotero, visitando puertos y ensenadas y rescatando perlas y mantas en cambio de baratijas europeas que daban a los aborígenes hasta llegar a la isla de Curazao, que llamaron de los Gigantes, por haber visto en ella algunos indígenas de alta estatura.

Algunas leguas más adelante surgieron a un golfo espacioso, pero de aspecto triste y desapacible, en cuyo seno notaron con sorpresa un caserío construido sobre una estacada en medio del agua. Admirados con un espectáculo nunca visto por los descubridores del Nuevo Mundo, Ojeda o alguno de sus compañeros italianos lo comparó con Venecia, y llamaron el sitio Venezuela, nombre que conservó todo aquel litoral.

No habían andado mucho cuando descubrieron el magnifico lago llamado hoy día de Maracaibo, pero que Ojeda denominó de San Bartolomé, por haber llegado el 24 de Agosto. Aquí, Ojeda tomó por esposa a la india Guaricha, a quien llamó Isabel, madre de sus tres hijos. Sin penetrar dentro de la barra que divide el lago del mar, Ojeda llegó a la península de Guajira.

Los indígenas llamaban todo aquello Coquibacoa, desde el lago hasta la península. Ojeda no continuó muy adelante su rumbo, sino que, después de descubrir un cabo alto, "rodeado de tierra estéril y con un islote en su parte Oeste," que le pareció a lo lejos blanquear como la vela de un navío, -al cual puso el nombre de Cabo de la Vela,- resolvió abandonar por entonces su viaje de descubrimiento y buscar un puerto en donde poder carenar sus deterioradas naves.

Dirigió la proa de sus naves sobre la isla Española y entró en el puerto de Jáquimo -lugar donde abundaba el "Palobrasil", al occidente de la isla- el 5 de Septiembre de 1499. Recibiéronle allí los amigos del Almirante muy mal, fundándose en que no había, tenido derecho de visitar las tierras descubiertas por Colón.

ExpedicionesDe resultas de aquello tuvieron lugar reyertas, y desavenencias tales, que unos y otros se vinieron a las manos, combatieron como enemigos, y en la refriega murieron algunos y quedaron otros gravemente heridos. Viendo Ojeda que no podía sobreponerse a la fuerza y al derecho que asistía a Colón, a pesar de haber sido autorizado por el Patriarca de las Indias Rodriguez Fonseca, abandonó definitivamente la expedición y se dirigió a España, llevando algunas perlas y poca cantidad de oro, pero gran número de indígenas cautivos que vendió en algunas de las Antillas y en la Península al regresar en Junio de 1500. Desde el punto de vista geográfico, este viaje sirve para que Juan de la Cosa levante su famoso mapamundi.

Segundo viaje a Venezuela

A pesar de las quejas que Colón vertió contra Ojeda, nada pudo obtener, porque el joven descubridor tenía en Rodríguez de Fonseca un poderoso protector que le libró de todo mal y firmó una nueva capitulación con los reyes el 8 de junio de 1501 que le proporcionaba el nombramiento en propiedad de Adelantado de Coquibacoa, con la condición de que fundase en el lugar que mejor le acomodara una población española. Ojeda, no obstante su ambición de gloria y fama (no parece nunca haber sido codicioso de riquezas, y jamás las tuvo), hubo de aguardar dos años antes de poner por obra su viaje a posesionarse de la gobernación para la cual le habían nombrado. En aquella expedición llevaba dos malos socios: Juan de Vergara y García de Campos u Ocampo, con quienes debía dividir las ganancias de la empresa.

Zarparon las cuatro embarcaciones que comandaba Ojeda, del puerto de Cádiz, a mediados del año de 1502, e hicieron escalas en las islas Canarias, en el Golfo de Paria, en la Margarita y en Cumaná, cautivando indígenas y utensilios para fundar su colonia más lejos. Todos sus compañeros se apropiaron cuanto pudieron, tanto esclavos como mantas y el oro que hallaron; Ojeda solo reclamó para sí una hamaca.

Costeando por la península de la Guajira, al fin Ojeda resolvió establecerse en lo que hoy se conoce como Bahía Honda, en sitio era agradable y los habitantes parecían mansos y bien dispuestos hacia los españoles. El 3 de mayo de 1502 fundó una colonia que llamó "Santa Cruz". Construyó una embarcación de poco calado, con vela latina y remos, fue la primera nave construida por europeos en América.

La colonia no subsistió ni tres meses, por varios motivos. Habiendo escaseado las provisiones, los españoles no tuvieron la prudencia de conseguir alimentos con los naturales por buenos medios, sino que allanaron los alrededores con las armas en la mano, salteando las poblaciones, por cuyo motivo los indígenas les declararon una guerra cruel, haciendo insegura la residencia allí; al mismo tiempo el carácter altivo del Adelantado no podía soportar los ruines modales de sus compañeros, y por esta causa tenían diarios disgustos y desavenencias; y por último, la codicia de Vergara y Ocampo puso término a todo, pues deseosos de hacerse al botín que habían reunido, apresaron con felonía a Ojeda, le colocaron en una de las embarcaciones, y levando el ancla con todos los presuntos colonos, se dirigieron hacia La Española. Allí le acusaron de haberse querido apoderar de los quintos reales, y como cohecharon a los jueces, Ojeda fue condenado a pagar una gran suma a la corona.

Estuvo preso hasta 1504, cuando fue liberado por el obispo Rodríguez de Fonseca, mediante una apelación; sin embargo tuvo que pagar una indemnización costosa que lo dejó pobre.

El resultado de este segundo viaje fue un fracaso ya que no se habían descubierto tierras nuevas y no se obtuvo un gran botín de parte de los exploradores, amasado en su mayoría por Vergara y Campos, sumado a que la colonia de Santa Cruz quedó abandonada y la gobernación de Coquibacoa fue abolida.

Viaje a Nueva Andalucía

6 de Junio de 1508. Nicuesa en Veragua, Ojeda en Nueva Andalucía.Una vez conseguida la libertad, permaneció en La Española durante cuatro años sin mucho que hacer, hasta que en 1508 se enteró de que el Rey Fernando el Católico había llamado a concurso la gobernación y colonización de Tierra Firme, y que abarcaba las tierras entre el cabo Gracias a Dios (entre Honduras y Nicaragua) y el cabo de la Vela (en Venezuela). Juan de la Cosa fue a España y se presentó en representación de Ojeda, aunque también en dicho evento apareció Diego de Nicuesa, que rivalizaba con Ojeda por las tierras a colonizar. Como ambos candidatos poseían buena reputación y tenían simpatías en la Corte, la Corona prefirió dividir la región en dos gobernaciones: Veragua (Castilla de Oro) al oeste y Nueva Andalucía al este, con límites en el Golfo de Urabá; así Ojeda recibía la gobernación de Nueva Andalucía y Nicuesa recibía Veragua. Esta capitulación fue firmada el 6 de junio de 1508.

A Santo Domingo partieron los nuevos gobernadores para formar las flotas expedicionarias. Sin embargo, existía una disparidad entre la flota de ambos, destacando que Nicuesa poseía grandes riquezas y más crédito de parte de las autoridades coloniales, y que pudo atraer a más de 800 hombres, muchos caballos, cinco carabelas y dos bergantines; en cambio, Ojeda sólo reunió algo más de 300 hombres, dos bergantines y dos barcos pequeños. Debido a las disputas acerca de qué lugar exacto en el golfo de Urabá sería el límite de ambas gobernaciones, el asistente de Ojeda, Juan de la Cosa, señaló que el límite exacto sería el río Atrato, que desembocaba en dicho golfo.

El 10 de noviembre de 1509 logró partir de Santo Domingo, unos días antes que De Nicuesa, poco después de nombrar Alcalde Mayor al bachiller Martín Fernández de Enciso, un acaudalado abogado que tenía órdenes de fletar una embarcación con más provisiones para ayudar a Ojeda cuando fundara una colonia en Nueva Andalucía. El nuevo gobernante, procurando evitarse problemas con los indígenas de su región, pidió que se redactara una extensa y curiosa proclamación en la que invitaba a los indígenas a someterse al Imperio Español, que de lo contrario iban a ser sometidos a la fuerza; dicha proclamación fue hecha por el escritor Juan López de Palacios Rubios y contó con la aprobación de las autoridades españolas. (ver reproducción abajo).

De Ojeda llegó a la bahía de Calamar, en la actual Cartagena, ignorando la sugerencia De la Cosa de no establecerse en la zona. Después de desembarcar se encontró con varios indígenas y envió a unos misioneros a que recitaran la extensa proclamación en voz alta junto con intérpretes que hablaban la lengua indígena. Sin embargo, los indígenas estaban bastante molestos por dicha proclamación, así que De Ojeda mostró baratijas a los indígenas, y esto provocó que se enojaran y comenzaran a luchar contra los españoles. Combatió y venció a los indígenas de la costa; aprovechando esta ventaja decidió perseguir a algunos indígenas que se habían adentrado en la selva y llegó a la aldea de Turbaco: ahí sufrió la ira de los indígenas que tomaron desprevenidos a los españoles. En esta contraofensiva murió Juan de la Cosa, que sacrificó su vida para que Ojeda escapara, y murieron también casi todos los que le acompañaban. Ojeda tuvo que huir para salvarse con un solo hombre apenas y llegar ileso a la orilla del mar, en donde pudo ser rescatado por la flotilla estacionada en la bahía.

Poco después llegó la flota de Nicuesa, quien, preocupado por la pérdida que había tenido Ojeda, le cedió armas y hombres, y luego lo acompañó, olvidándose de las diferencias entre ambos gobernadores, para vengarse contra los indígenas de Turbaco, los cuales fueron masacrados en su totalidad.

De vuelta en la bahía de Calamar, Nicuesa se separó de Ojeda en dirección mar adentro hacia el oeste rumbo a Veragua, mientras que Ojeda seguía recorriendo las costas de Nueva Andalucía hacia el suroeste, y llegaba al Golfo de Urabá, en cuyo litoral oeste fundó el poblado de San Sebastián de Buenavista de Urabá el 20 de enero de 1510.

No habían pasado muchos días cuando dentro del poblado crecía la escasez de alimentos, y se intensificaba el clima insalubre que afectaba a los colonos, además de la amenaza persistente de los indios urabaes, quienes atacaban a los españoles con flechas envenenadas, de las cuales el mismo gobernador quedó herido en una pierna, y debió recurrir al terrible remedio de aplicarse dos planchas al rojo sobre la pierna herida.

Ojeda decidió partir a Santo Domingo en el bergantín de un bandido pirata español llamado Bernardino de Talavera que huyó de La Española y que pasaba por el lugar. Debido a que habían pasado ocho meses y medio desde que partió de Santo Domingo y la ayuda del bachiller Fernández de Enciso no llegaba aún, encargó a Francisco Pizarro, un joven soldado en ese entonces, que protegiera el poblado y se mantuviera con los habitantes durante cincuenta días hasta que Ojeda regresara, pidiéndoles que de lo contrario volvieran a Santo Domingo. Ojeda jamás regresó al poblado y pasados los cincuenta días Pizarro decidió regresar en los dos bergantines junto con 70 colonos, pero poco después Fernández de Enciso junto con Vasco Núñez de Balboa socorrieron a los sobrevivientes; posteriormente, el poblado fue incendiado por los indígenas de la región.

Acostumbrado Ojeda a ser obedecido, había intentado gobernar la nave, pero se le sublevaron Talavera y sus rudos compañeros, que juntos todo contra uno solo, cargaron de cadenas a Ojeda. Sobrevino un huracán, que recordando a los amotinados su destreza náutica, les obligó a implorar auxilio del que tan indignamente maltrataban. Mas por salvarse así mismo que por salvarlos a ellos, cuando iban todos a estrellarse en escollos escarpados y el buque se anegaba consiguió Ojeda con sus maniobras, embarrancarlo en una playa solitaria a algunas lenguas al Este de la bahía de Jagua (Cuba).

Los naturales los recibieron muy mal, porque cundiese ya por Cuba la fama de los males que sufrían los indígenas en la Española. Así que los indios lo vieron arrimarse a tierra, los acometieron a flechazos y pedradas en vez de socorrerlos. Alonso de Ojeda pudo rechazarlos fácilmente, los náufragos, pálidos, hambrientos, andrajosos y sin conservar más prendas que las armas, Ojeda decidió ir con Talavera y sus hombres a recorrer la costa sur de la isla a pie, hasta punta Maisí, desde donde luego se trasladaría hasta La Española.

Sin embargo, tuvieron diversas dificultades en el camino y la mitad de los hombres murieron de hambre, las enfermedades y las penurias que tuvieron que vivir en la isla. Ojeda cargaba apenas una imagen de la Virgen María que llevaba consigo desde la primera vez que se embarcó a América en 1493 e hizo una promesa a ésta de que le dedicaría un templo que haría levantar en el primer poblado indígena que encontrara en su camino y que los recibiera con buenas intenciones.

Poco después, con una docena de hombres y el pirata Talavera, llegaron a la comarca de Cueybá, donde el cacique Cacicaná trató amablemente y cuidó a Ojeda y a los demás hombres, que a los pocos días se habían recuperado. Ojeda cumplió su promesa y levantó una pequeña ermita de la Virgen en el poblado, ermita que sería venerada por los aborígenes de la comarca. De ahí fue socorrido por Pánfilo de Narváez y fue a Jamaica, isla en la que Talavera fue apresado por piratería.

Finalmente, al llegar a Santo Domingo recibió noticias de que la fundación había sido abandonada. Tras el fracaso del viaje a Nueva Andalucía, Ojeda no volvió a dirigir ninguna otra expedición y renunció a su cargo de gobernador. Pasó los últimos cinco años de su vida en Santo Domingo donde vivió triste y deprimido. Luego se retiró al Monasterio de San Francisco, en donde murió poco después en 1515. Su última voluntad fue que lo sepultaran bajo la puerta mayor del monasterio, para que su tumba fuese pisada por todos los que llegaban a entrar a la iglesia, como pena por los errores que cometió en su vida; poco tiempo después su esposa Isabel (la india Guaricha) fue hallada muerta sobre la tumba.

La tumba de Ojeda desapareció del monasterio sin dejar rastro, debido a la guerra civil que sufrió la ciudad de Santo Domingo en 1965.

Proclamación como gobernador de Nueva Andalucía ante los indígenas de la región (1510)

Yo, Alonso de Ojeda, criado de los muy altos y muy poderosos Reyes de Castilla y de León, domadores de gentes bárbaras, su mensajero y capitán, vos notifico y hago saber como mejor puedo, que Dios Nuestro Señor, Uno y Eterno, crió el cielo y la tierra y un hombre y una mujer, de quienes vosotros y nosotros, y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes procreados y todos los que después de nosotros vinieren: Mas por la muchedumbre de generación que de estos ha procedido, desde cinco mil y más años que há que el mundo fué creado, fué necesario que los unos hombres fuesen por una parte y los otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos y provincias, porque en una sola no se podían sustentar y conservar. De todas estas gentes, Dios Nuestro Señor dió cargo á uno que fué llamado San Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese Señor y superior, á quien todos obedecieren, y fuese cabeza del linaje humano, doquier que los hombres estuviesen y viviesen, y en cualquier ley, secta o creencia: y dióle a todo el mundo por su servicio y jurisdicción ; y como quiera que le mandó que pusiese su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, también le prometió que podía estar y poner su silla en cualquiera otra parte del mundo y juzgar y gobernar todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles y de cualquiera otra secta o creencia que fuesen. A éste llamaron Papa, que quiere decir Admirable mayor, padre y guardador, porque es padre y gobernador de todos los hombres. A éste Santo Padre obedecieron y tomaron por Señor, Rey y Superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y asimismo han tenido á todos los otros que después de él fueron al pontificado elegidos, y ansí se ha continuado hasta ahora y se continuará hasta que el mundo acabe.

Uno de los pontífices pasados que he dicho, como señor del mundo, hizo donación de estas islas y Tierra Firme del mar Océano á los católicos reyes de Castilla, que eran entonces Don Fernando y Doña Isabel, de gloriosa memoria, y á sus sucesores, nuestros señores, y todo lo que en ellos hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según dicho es, que podéis ver si quisiéredes. Así que su Majestad es Rey y Señor de estas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y como á tal Rey y Señor, algunas islas y casi todas á quien esto ha sido notificado han recibido á su Majestad y le han obedecido, servido y sirven, como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ningúna resistencia, y luego, sin ninguna dilación, como fueron informados de lo susodicho, obedecieron á los varones religiosos que les enviaba para que les predicasen y enseñasen nuestra santa fe; y todos ellos de su libre y agradable voluntad, sin apremio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son; y su Majestad les recibió alegre y benignamente, y ansí los mandó tratar como á los otros sus súbditos y vasallos: y vosotros sois tenidos y obligados á hacer lo mismo. Por ende, como mejor puedo, vos ruego y requiero que entendáis bien en esto que os he dicho y toméis para entendello y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis á la Iglesia por Señora y superiora del universo mundo y al Sumo Pontífice llamado Papa, en su nombre; y á Su Majestad en su lugar como superior y Señor Rey de las islas y Tierra Firme por virtud de la dicha donación; y consintáis que estos Padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho; y si ansí lo hiciéredes, haréis bien y aquello que sostenidos y obligados, y su Majestad, y yo en su nombre, vos recibirán con todo amor y caridad y vos dejarán vuestras mujeres é hijos libres, sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente todo lo que quisiéredes y por bien tuviéredes como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas. Y allende de esto, su Majestad vos dará muchos privilegios y exenciones y vos hará muchas mercedes; si no lo hiciéredes, o en ello dilación maliciosamente pusiéredes, certificoos que, con el ayuda de Dios, yo entraré poderosamente contra vosotros, y vos haré guerra por todas las partes y maneras que yo pudiere, y vos sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de Su Majestad, y tomaré vuestras mujeres é hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé y dispondré de ellos como Su Majestad mandare; y vos tomaré vuestros bienes y vos haré todos los males y daños que pudiere, como á vasallos que no obedecen ni quieren recibir á su señor y le resisten y contradicen. Y protesto que las muertes y daños que de ellos se recrecieren, sean vuestra culpa y no de su Majestad, ni nuéstra, ni de estos caballeros que conmigo vinieron, y de cómo os lo digo y requiero pido al presente escribano que me lo dé por testimonio signado.

Fuentes:

http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/ilustre/ilus4.htm