Francisco A. Lorenzana y Butrón

 
 
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España

1722 ~ 1802

Cardenal Lorenzana

"Retrato del Cardenal Lorenzana", Catedral de Toledo, Sala Capitular. Obra de Zacarías González Velázquez.

El Cardenal Francisco Antonio de Lorenzana Butrón Irauregui nació en la villa de León en 1722 (España) fue hijo de Jacinto Rodríguez de Lorenzana y Butrón y de María Josefa de Irauregui y Salazar.

Tras completar sus estudios en el colegio jesuita de su ciudad natal, entró al estado eclesiástico y alcanzó una canonjía en Toledo. Desde el 5 de junio de 1765 al 14 de abril de 1766 asumió el obispado de Plasencia.

De ideología acentuadamente regalista (defendía las regalías de la corona en las relaciones del Estado con la Iglesia), impulsó la expulsión de los jesuitas en 1767.

Desde el 14 de abril de 1766 al 27 de enero de 1772 asumió el arzobispado de México, donde desplegó una energía y capacidad de trabajo tales que se hizo tan famoso como temido, sobre todo por los conventos de monjas, cuyos estatutos intentó reformar, y por los jesuitas, contra los cuales chocó desde el principio.

Recogió y publicó las actas de los primeros concilios provinciales de México en 1555, 1565 y 1585: Concilios provinciales, I, II, III, de México (México, 1769-70). En 1771 él mismo convocó el cuarto concilio provincial mexicano, que comenzó el 13 de enero y terminó el 26 de octubre. Sus decretos, que envió a Madrid para ser confirmados, no fueron aprobados por los monarcas ni por el papa y quedaron sin publicar.

También se dedicó a la historia escribiendo y anotando prolija y eruditamente una Historia de Nueva España, escrita por Hernán Cortés que incluye la primera edición mexicana de las Cartas de Relación, con importantes mapas.

Fomentó también la elaboración de gramáticas indígenas, proyectos de urbanismo y diversas excavaciones y estudios relacionados con las antigüedades mexicanas, y produjo varios catecismos para párrocos y niños.

Volvió a España en 1772 para colocarse a la cabeza de la arquidiócesis de Toledo, hasta el año 1800 en que renunció al puesto en teoría por razones de salud, si bien la causa verdadera eran sus conflictivas relaciones y roces con el valido Manuel Godoy. Allí reunió una gran biblioteca y levantó un apropiado y funcional edificio para la misma. Formó una colección de 379 incunables, cerca de mil manuscritos de los siglos XI al XIX y más de 100.000 libros impresos entre el siglo XVI y el XIX, que constituyeron el núcleo de la actual gran Biblioteca de Castilla-La Mancha.

Buscó y preparó la edición de los antiguos escritores hispanolatinos toledanos, que apareció publicada al fin bajo el título SS. Patrum Toletanorum opera (Madrid, 1782-93). Asimismo preparó la edición del breviario gótico del rito mozárabe, Breviarium Gothicum (Madrid, 1775), y del misal mozárabe Missale Gothicum (Roma, 1804). En las introducciones a estas ediciones discurre con gran erudición sobre liturgia mozárabe. Mandó realizar las llamadas Descripciones o Relaciones de Lorenzana (1784), un cuestionario de catorce preguntas al que debían contestar los vicarios, jueces eclesiásticos y curas párrocos del arzobispado para recabar información de todo tipo sobre la archidiócesis, sobre aspectos tan variados como los sistemas de cultivos, las limitaciones climáticas, la comercialización de los productos, la bondad de sus aguas o la enfermedad más común que se sufría en su pueblo, entre otras informaciones fundamentalmente de naturaleza geográfica. El manuscrito con las respuestas se conserva en el Archivo Diocesano de Toledo.

Francisco Antonio de Lorenzana creó también un gabinete de historia natural y un museo de antigüedades (durante su estancia en México reunió una interesante colección de objetos etnográficos procedentes de los indios de California, cuadros de mestizaje pintados en Puebla de los Ángeles, piezas de cerámica de Tonalá (Guadalajara) y bateas de Michoacán, que trasladó a Toledo, desde donde se dispersaron por diferentes instituciones españolas). Por otra parte, encomendó al académico alicantino Ignacio Haan la construcción de la Universidad Pontificia de Santa Catalina y la rehabilitación del Palacio Arzobispal, así como la construcción del Nuncio Nuevo y la Puerta Llana de la catedral. La Biblioteca Arzobispal, de gran importancia y abultada por los fondos exclaustrados de los jesuitas, se vio enriquecida con el Fuero Juzgo.

Entre el 94 y el 97 fue Inquisidor General y aunque actuó con moderación, llegó a tener tal poder, que muchos han opinado que nunca un prelado había tenido tal ascendiente, riqueza y mando desde los tiempos del Cardenal Benito Jiménez de Cisneros en tiempo de su Regencia.

En 1794 Carlos IV lo mandó como Enviado Especial ante el Papa Pío VI quien pasaba duros momentos en Roma y Lorenzana tuvo que acompañarle en su destierro y muerte. Entonces su dinero permitió que en Marzo de 1800 se reuniera el Conclave Cardenalicio en Venecia, donde pudo ser coronado Papa, pero dada su naturaleza tímida y bondadosa, logró tras dos meses de incesantes discusiones, que se eligiera a Bernabé Chiaramonti, Obispo de Imola, con el nombre de Pío VII. Fue su principal consejero, falleció en Roma en 1802 como un gran príncipe de la Iglesia y fue enterrado en un soberbio Mausoleo en la Iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, su tumba dice: "Aquí yace el padre de los pobres".