Felipillo

Biografías de Pueblos Originarios
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Inca

1510 ~ 1536

Felipillo

Ampliar ImagenEn la ilustración de Guaman Poma de Ayala, Atahualpa y Pizarro en Cajamarca. Felipillo ejerce de intérprete. También aparecen Diego de Almagro y el fraile Vicente de Valverde.
Nació en la isla Puná hacia 1.510.

De niño aprendió en las vecinas costas de Tumbes precariamente el quechua, suficiente para hacerse entender y comprender a medias y nada más; fue allí donde Francisco Pizarro lo capturó junto a otros dos nativos para enseñarles español y prepararlos como intérpretes.

Pizarro le tomó afecto, llevándole a Panamá donde lo hizo su hombre de confianza, bueno para todo trabajo, le dio caballo y hasta lo hizo bautizar, honor grande para un indio porque equivalía a igualarse como hermano de sus amos, según la mentalidad imperante en esas épocas.

En 1.528 lo llevó a España "pues era gracioso, sabia ganar las voluntades a cuantos comunicaba y era pies y manos en el servicio de su amo" como lo afirma Gonzalo Fernández de Oviedo.

Después de las Capitulaciones de Toledo de 1.529 volvió a América y avanzó con Pizarro hasta la Puná y Tumbes donde se enteraron de la presencia de Atahualpa en Cajamarca, para tomar baños y curarse de una herida de flecha recibida en la pierna. Entonces Pizarro comisionó a su hermano Hernando, que en compañía de Hernando de Soto y Felipillo fue a buscar al Inca en Cajamarca y le transmitieron sus saludos.

Felipillo parece que por la confusión del momento o por algún lapsus gramatical, al verse en presencia del Inca, confundió las palabras y casi produjo una ruptura de relaciones entre Atahualpa y los comisionados, que hubiera sido de fatales consecuencias para estos últimos.

Después de su captura volvió a ver a Atahualpa y se convirtió en uno de sus peores enemigos, dando a los españoles noticias alarmantes sobre supuestos preparativos bélicos, cuando lo que deseaba era que mataran al Inca para quedarse con una de sus numerosas mujeres, de la que se había enamorado.

Ajusticiado el Inca, Felipillo reclamó su parte de la herencia y se acostó con la mujer de Atahualpa, honor sublime dada su condición de plebeyo y provinciano. Entró al Cuzco entre los vencedores.

En 1.534 partió con Almagro hacia el norte para impedir que Benalcázar se alzara con el santo y la limosna. Después se unieron ambos capitanes para hacer frente común a Pedro de Alvarado que llegaba desde las lejanas costas de Centroamérica a disputarles el botín. En tal trance Felipillo se pasó al bando de Alvarado creyendo que éste ganaría y hasta insinuó la muerte de Almagro, que en esto de muertos Felipillo nunca se quedaba corto; sin embargo aquí le falló la suerte y hechas las paces tuvo que achicarse ante Almagro y pedirle perdón y sólo se salvó merced a la intercepción amistosa de Alvarado, pero de todas maneras quedó en desgracia. Ya no volvería a ser como antes, el niño consentido de los conquistadores y pieza clave en el dominio de estos territorios.

Nuevamente en el Perú, Pizarro lo envía con Almagro, esta vez a la conquista de Chile, con la secreta consigna de que viera todo y luego se lo contara. En Chile Felipillo volvió a intrigar contra Almagro metiendo chismes entre los indios para que estos se sublevaran; algunos le hicieron caso y los españoles pasaron numerosas penurias y tantas, que Almagro malició algo y forzó a Felipillo a confesarse culpable, de donde le hizo dar muerte sin más ni más, como a un traidor cualquiera.

Felipillo no fue ni bueno ni malo, simplemente siguió el ejemplo de sus amos los conquistadores que sin ningún derecho ni recato vinieron a tomar lo ajeno como propio y encima bravos. Lo que llama la atención en Felipillo no es su escasa moral sino sus agallas para tratar de engañar a los españoles con chismes y cuentecillos del Inca.


Fuentes:


http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo3/f1.htm