Cuauhtémoc

 
 
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Azteca

1496 ~ 1525

Cuauhtémoc según Diego Rivera

Dibujos de Diego Rivera, carbón sobre papel, lo representa joven y viejo.

Cartas de Relación
Dirigidas a Carlos V. (1519 -1526)
LibroVisión de los vencidos.
Miguel León Portilla
Capítulo 13: Rendición de México - Tenochtitlan
LibroVisión de los vencidos.
Miguel León Portilla
Capítulo 15: Cantos Tristes: La prisión de Cuauhtémoc
Dinastías del
Valle de México

Galería de Imágenes
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Cuauhtémoc, "Águila que desciende", nació a finales del siglo XV; su padre fue Ahuízotl, tlatoani predecesor de Moctezuma II y su madre fue la princesa tlatelolca Tiyacapantzin.

El pequeño príncipe fue educado con esmero. Desde que cumplió tres años hasta los quince, Cuauhtémoc fue instruido en los principios de obediencia, religiosidad y sobriedad que se enseñaba a los jóvenes mexicas. A los 15 años ingresa al Calmécac, especie de monasterio donde los sacerdotes educaban a los hijos de los dignatarios para que ocuparan, llegado el momento, los puestos más altos de la organización civil y religiosa azteca.

De ahí salió el joven príncipe para incorporarse a las guerras y a la vida del palacio de Moctezuma. Su participación en las guerras fue tan destacada que alcanzó el grado de tlacatecuhtli, es decir, jefe supremo de los ejércitos azteca y pudo ser señor de Tlatelolco.

Tras la muerte de Cuitlahuac, enfermo de viruela, en el mes de Izcalli del año 3 Casa (febrero de 1521), subió al trono el joven Cuauhtémoc. Sus problemas más inmediatos eran reconstruir la ciudad, cuidar de la recuperación de sus súbditos tras la terrible epidemia, y preparar la defensa de la ciudad.

Hernán Cortés preparó con gran cuidado el ataque a la ciudad; mandó construir bergantines para navegar por el lago. El 28 de abril de 1521, los españoles llegaron al lago de Texcoco con 86 jinetes, 119 mosqueteros, 700 soldados de espada, 15 cañones y 75.000 guerreros de Tlaxcala, Cholula, Huexotzingo y Chalco.

El ataque español se arreció por las tres calzadas que conducían a la ciudad: Cortés y Cristóbal de Olid atacaban desde Coyoacán, Pedro de Alvarado desde Tacuba y Gonzalo de Sandoval desde Tepeyacac. Los bergantines probaron su fuerza embistiendo canoas, derribando fortificaciones y cegando pozos abiertos de las calzadas. Los aztecas repelieron con terrible ferocidad al sonido de tambores y caracoles. Los invasores forzaron una entorpecida retirada en la que muchos españoles fueron capturados.

Esta victoria animó a los combatientes aztecas. Cuauhtémoc ordenó el sacrificio inmediato de los españoles capturados, esperando con ello apaciguar a sus dioses y que les favorecieran para triunfar sobre sus enemigos. Desde sus cuarteles fuera del lago, los españoles pudieron ver los fuegos que se levantaban en los adoratorios, mientras escuchaban los gritos de sus compañeros al ser sacrificados.

Cuauhtémoc procedió ahora con una guerra psicológica: difundió la muerte de Cortés, la inminente victoria azteca. Envío las cabezas de los españoles sacrificados a las poblaciones cercanas que se habían unido a Cortés, para persuadirles de que cambiaran de alianza y lucharan contra los invasores. Estas acciones le fueron de gran utilidad, pues sus filas se vieron engrosadas con nuevos guerreros.

Cortés decidió usar una nueva estrategia: derrotar a los aztecas por hambre. Los bergantines se dedicaron a interceptar las canoas que llevaban comida a Tenochtitlán. Con una gran parte de la ciudad capturada y destruida, y padeciendo hambre y enfermedades, Cortés ofreció hacer la paz a Cuauhtémoc. Cuauhtémoc convocó al Consejo de señores, pero los sacerdotes se negaron a rendirse y siguieron con la guerra.

En la tercera relación Cortés escribe:

"Y a este prencipal yo le había fablado largamente para que fablase con el señor y con otros prencipales sobre la paz, y él me prometió de facer sobre ello todo lo que pudiese. Los de la cibdad lo rescibieron con mucho acatamiento, como a persona prencipal, y como lo llevaron delante de Guatimucin, su señor, y él le comenzó a hablar sobre la paz, diz que luego lo mandó matar y sacrificar. Y la respuesta que estábamos esperando nos dieron con venir con grandísimos alaridos diciendo que no querían sino morir, y comienzan a nos tirar varas, flechas y piedras y a pelear reciamente con nosotros, y tanto que nos mataron un caballo con un dalle que uno traía hecho de una espada de las nuestras. Y al fin les costó caro, porque murieron muchos dellos. Y así nos volvimos a nuestros reales aquel día."

Los españoles ya habían penetrado en la ciudad y estaban bien fortificados, por lo que pudieron repeler los siguientes ataques. Comenzaron entonces a avanzar hacia la plaza de Tlatelolco. Después de cuatro días de intensos combates pudo entrar Alvarado, poco después Cortés y finalmente Sandoval. Los españoles cerraban filas en el corazón de la ciudad. Una vez más Cortés envía una oferta de paz y pide la ansiada rendición de Cuauhtémoc. La respuesta fue la misma: los aztecas seguirían hasta el final.

El asedio había tenido éxito, los grandes sacerdotes y los consejeros reales prácticamente se esfumaron. Muchos de los generales aztecas no reconocían las órdenes de Cuauhtémoc, el pueblo estaba completamente perdido, y los españoles se apoderaron de Tenochtitlán. Cuauhtémoc solicitó a Cortés que permitiera la salida de su gente de la ciudad, pues las condiciones de insalubridad estaban enfermando y matando a su gente. Comenzaba el éxodo de Tenochtitlán y Tlatelolco.

Los siguientes días Cortés permaneció en Coyoacán, supervisando y planeando la reconstrucción de la capital de la Nueva España. Pidió a Cuauhtémoc coordinar acciones para enterrar los cuerpos y reconstruir la ciudad, empezando por el acueducto. Nombró jueces y alcaldes, mandó a algunos de sus capitanes a labores de reconocimiento del entorno y comenzó a hacer la cuenta de las riquezas que había obtenido.

Una vez recabado el quinto del Rey, Cortés mismo se apoderó de otro quinto, argumentando los grandes gastos que había tenido para preparar la expedición. Después repartió a sus capitanes mas cercanos su parte, y finalmente llegó el turno al resto de soldados y marineros. El botín había sido tan fraccionado, que la parte que les tocó fue mínima, al grado que muchos ni siquiera la aceptaron, generándose un descontento general en toda la tropa. Los soldados, que esperaban mejor recompensa, comenzaron a murmurar: algunos decían que Cortés lo escondía y otros que los aztecas lo ocultaban. Es entonces cuando Cortés permite la tortura de Cuauhtémoc.

“Hecho así, cuando se hubieron ido los embajadores de los señores de Tlatelolco, luego se presentaron ante los españoles los principales de Tenochtitlán. Quieren hacerlos hablar. Fue cuando le quemaron los pies a Cuauhtemoctzin”. (Anales de Tlatelolco)

Cortés dirá después en el Juicio de Residencia aplicado en su contra, que consintió en esta tortura por recomendación del tesorero del Rey, Julián de Alderete. Como sea que haya sucedido, Cortés tenía el poder de detener esta infamia y aún así permitió que pasara. Cuauhtémoc y el señor de Tacuba, Tetlepanquetzal, fueron torturados quemándoles los pies.

Cortés detuvo el tormento sobre Cuauhtémoc, cuando éste señaló algunos lugares en los que habían escondido algo de oro, diciendo que el resto lo habían tirado a la laguna junto con los cañones capturados. Esta última información fue corroborada por los buzos españoles, quienes encontraron algunos cañones, pero muy poco oro. Al menos poco para lo que esperaba Cortés.

Tras el episodio de la tortura, que no se sabe si dejó lisiado de por vida a Cuauhtémoc; como todos los súbditos recién conquistados, fue convertido al cristianismo. Su nombre católico habría sido el de Hernando de Alvarado Cuauhtémoc, y sus padrinos, el propio Hernán Cortés y Pedro de Alvarado.

Sorprendentemente a su papel de noble mexica respetado y bien tratado, pero cautivo, cuyo prestigio y autoridad utiliza Cortés para el gobierno de los vencidos. Hasta que según Cortés, un tal Mexicalcingo le narrara una larga, y fantasiosa historia de conspiración de Cuauhtémoc, que se iniciaría con el asesinato de Cortés, continuaría con la rebelión contra los españoles en todo el país, y terminaría con el bloqueo de México... "hecho esto, pondrían en todos los puertos de la mar recias guarniciones de gente para que ningún navío que viniese se les escapase". No se sabe si Cortés magnificó en su quinta carta de Relación el alcance de la conspiración, para justificar la ejecución una vez consumada. El hecho es que sintiéndose vulnerable, decidió mandar ahorcar a Cuauhtémoc y al cacique de Tacuba, Tetlepanquetzal, que volvieron a encontrarse ante el verdugo. Esto ocurrió el 28 de febrero de 1525, en un lugar del sur de Campeche (Xicalango, para algunos; Itzamkanac, para otros). El cadalso debió ser una ceiba, árbol sagrado de los mayas.

Tanto las fuentes españolas (Bernal Díaz) como las indias cuestionan los motivos aducidos por Cortés. Según Prescott, el propio Mexicalcingo negó posteriormente haber narrado la historia de la conspiración tal como la reflejó Cortés en su quinta carta al emperador; sólo Fernando de Alva Ixtlilxochitl, el cronista tlaxcalteca, avala la realidad de la conspiración.

Tlatoanis Aztecas
Antecesor
Antecesor Cuitláhuac

Cuauhtémoc es posiblemente el personaje más reconocido por los mexicanos como héroe nacional. En todos los rincones de México su nombre se usa en toponimia y onomástica, y su imaginada efigie aparece en monumentos, que hacen alusión a su coraje en la derrota, al pedir la muerte por el puñal de Cortés, o en el tormento, al reclamar estoicismo a sus compañeros de tortura. El 28 de febrero de cada año, la bandera mexicana ondea a media asta en todo el país, recordando la muerte del prócer.


Fuentes:

http://www.motecuhzoma.de:80/cuauhtemoc.htm