Túpac Amaru

Biografías de Pueblos Originarios
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Túpac Amaru I

Inca

1542 - 1572

Los Incas de Vilcabamba
Choquequirao

El valle de Vilcabamba situado entre los ríos Apurímac y Urubamba, en una zona de muy difícil acceso, constituyó el último bastión de resistencia Inca frente a la invasión española. La inició Manco Inca y la continuarían sucesivamente tres de sus hijos.

En la imagen la fortaleza de Choquequirao.

Los cuatro rebeldes:
Manco Inca (1533 - 1544)
Sayri Túpac (1544 - 1558)
Titu Cusi Yupanqui (1558 - 1570)
Túpac Amaru (1570 - 1572)
Videos. "Sucedió en el Perú" (TV Perú):
El inicio de la Rebelión. Duración 10:01
Manco Inca y Sayri Túpac. Duración 07:53
Titu Cusi y Túpac Amaru. Duración 07:22
Túpac Amaru asumió la dignidad imperial luego de que su hermanastro Titu Cusi Yupanqui muriera en 1570.

Cuando el virrey Francisco de Toledo asumió el virreinato uno de sus primeros objetivos es acabar con el reducto de Vilcabamba. Por su parte, Túpac Amaru cerró las fronteras de Vilcabamba y destruyó el puente de Chuquichaca preparando a su pequeño ejercito por si atacan la guarnición.

El virrey envió un negociador diplomático justo poco tiempo después de la muerte de Titu Cusi. Atiliano de Anaya, quien fue visto como espía y asesinado. Ante esta respuesta el virrey Toledo le declaró la guerra en la semana santa de 1572. El capitán Martín Hurtado de Arbieto y Juan Alvarez Maldonado estuvieron al frente de la expedición, pero fue el capitán García de Loyola quien lo capturó junto a otros miembros de la élite incaica, no sin antes desarrollar varios sucesos bélicos.

Los cautivos fueron llevados a Cuzco, los vencedores llevaban las momias de Manco Inca y Titu Cusi y una estatua de oro de Punchao, una representación del linaje inca que contenía los restos mortales de los corazones de los incas fallecidos. Estos objetos sagrados fueron luego destruidos.

Sin perder tiempo se le abrió un juicio por la muerte de los sacerdotes agustinos (que fueran asesinados al considerarlos responsables de la muerte de Titu Cusi), el negociador Anaya y el escribano Martín de Pando. Túpac Amaru fue condenado a la pena capital junto con otros 5 miembros de la resistencia quechua.

Autoridades, miembros del clero y de las ordenes religiosas y los principales vecinos del Cuzco exhortaron al virrey para que se retracte y no ajusticie al Inca. Francisco de Toledo no cambió de parecer y el 24 de septiembre de 1572 Túpac Amaru fue decapitado.

Subió al patíbulo acompañado por el obispo de Cuzco. Mientras lo hacía, "una multitud de indios, que llenaron completamente la plaza, vieron el lamentable espectáculo [y sabían] que su señor e Inca iba a morir, [y] ensordecieron los cielos, haciéndolos reverberar con sus llantos y lamentos". Las crónicas relatan que el Inca levantó su mano para silenciar a las multitudes, y sus últimas palabras fueron: "Collanan Pachacamac ricuy auccacunac yahuarniy hichascancuta." ("Madre Tierra, atestigua cómo mis enemigos derraman mi sangre."). El suceso generó la desaprobación del propio rey Felipe II, quien señaló la necesidad de desagraviar a los incas.

Las pompas fúnebres fueron sentidas, inclusive a la misa de honras acudió en riguroso luto el virrey. Los indígenas y miembros de la élite cuzqueña se arrancaban cejas y pestañas siguiendo la usanza andina.

Al Inca se le enterró en la catedral del Cuzco pero al ver las autoridades que el pueblo idolatraba los restos, lo retiró y enterró en un lugar secreto.

Con él se extinguía no sólo el último reducto de resistencia incaica, sino también la propia dinastía real de los incas, ya que Túpac Amaru no dejó descendientes varones. Sin embargo, dejó dos hijas, una de las cuales, llamada Juana Pilcohuaco, se casó con Diego Felipe Condorcanqui, curaca de Surimana, Pampamarca y Tungasuca, de este matrimonio descendería otro rebelde que tomó el nombre de Túpac Amaru II para rebelarse contra los españoles en el siglo XVIII.

El mito de Inkarri

Si bien los españoles colocaron la cabeza de Túpac Amaru en un lugar visible en el Cuzco para que sirviera de advertencia a los indígenas, tuvieron que retirarla al poco tiempo, porque se había convertido en un objeto de veneración para la gente andina.

Se cree que de la muerte de Túpac Amaru nació el mito de Inkarri; la cabeza del inca, lejos de descomponerse, se ponía más hermosa cada día, a partir de ella crecería nuevamente el cuerpo del Inca que restauraría el imperio y le daría a las cosas su ordenamiento natural anterior a la llegada de los españoles.


Fuentes:

Juan de Betanzos: El gran cronista del Imperio Inca
Mª Carmen Martín Rubio. Universidad Complutense Madrid