Diego de Almagro

 
 
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Diego de Almagro

España

1479 - 1538

Nació en 1479 en la Villa de Almagro, España. Fue hijo de Elvira Gutiérrez y de Juan Montenegro, como su padre no cumplió con la promesa de matrimonio hecha a Elvira, ella decidió esconder a su hijo y enviarlo al cuidado de Sancha López del Peral.

A los cinco años de edad, Diego fue acogido por su padre, pero este murió al poco tiempo, debido a lo cual quedó al cuidado de su tío materno, Hernán Gutiérrez, de cuya casa huyó a la edad de 15 años.

Su triste y solitaria niñez, y una juventud incierta, no le permitieron estudiar; no sabía leer ni escribir. Según Cieza de León "era de pequeño cuerpo, de feo rostro e de mucho ánimo, gran trabajador, liberal aunque con jactancia, de gran presunción, sacudía con la lengua algunas veces sin refrenarse. Era avisado y sobre todo muy temeroso del rey".

Después se le encontraría en Sevilla como criado de don Luis de Polanco, que era uno de los alcaldes de aquella ciudad. Por ciertas diferencias acuchilló a otro criado, dejándolo con heridas tan graves que al no querer enfrentar un juicio, huyó de Sevilla y vagó por Andalucía hasta que decidió partir a América enrolándose en la armada de Pedrarias Dávila y en Panamá encontró a Francisco de Pizarro y sus hermanos con quienes trabó amistad.

Almagro llegó a América el 30 de junio de 1514, acompaño a varios capitanes que salieron de la ciudad de Darien entre 1514 y 1515, aunque se mantuvo principalmente en la ciudad llegando a tener una encomienda, construyendo una casa y dedicándose a la agricultura.

Desarrolló su primera acción conquistadora el 30 de noviembre de 1515, cuando partió de Darien al mando de 260 hombres, fundando la Villa del Acla, por una enfermedad debió dejar la misión en manos del licenciado Gaspar de Espinosa.

Luego formó parte en las incursiones, fundaciones y conquistas desarrolladas en el golfo de Panamá, participando nuevamente en una de las expediciones de Espinosa, que se transportaba en dos barcos de Balboa. De Almagro en esta expedición sólo se sabe que sirio como testigo en listas que a cada acontecimiento relacionado con indígenas hacía levantar Espinosa.

ExpedicionesPermaneció en la recién fundada ciudad de Panamá, ayudando a la poblarla. Durante cuatro años no participó de nuevas expediciones, ocupando su tiempo en la administración de sus bienes y los de Pizarro. Nació en esta época su hijo Diego de Almagro "el Mozo", que tuvo con la indígena Ana Martínez.

La amistad entre Pizarro y Almagro empezó a quebrarse en 1526 cuando el primero, a nombre de todos los inversionistas, firmó con el Rey la Capitulación de Toledo. Esta era un instrumento mediante el cual la Corona autorizaba la Conquista del Perú y se fijaban las recompensas que cada uno de los socios recibiría. Con anterioridad, estos se habían comprometido a repartir equitativamente los beneficios; sin embargo, al tratar con las autoridades hispanas, Pizarro logró para sí una mayor cantidad de premios y títulos. A pesar de ello, Almagro obtuvo una importante fortuna, y por sus servicios el Rey se le concedió, en noviembre de 1532, el tratamiento de don y se le asignó un escudo de armas.

Deseando alcanzar mayor prestigio, en 1534 Almagro obtuvo la gobernación de Nueva Toledo, la que según la Capitulación que su representante había firmado con Carlos V, comprendía las tierras ubicadas entre los paralelos 14 y 25 de latitud sur, es decir, desde El Cuzco hasta Taltal.

En junio de 1535 se produjo un acercamiento entre Almagro y Francisco de Pizarro, Pizarro incentivó a Almagro a realizar nuevos descubrimientos hacia el sur, y se realizaron los preparativos en el Cuzco

Almagro demoró 6 meses en alistar su expedición. No tuvo problemas en conseguir a los hombres, que mandó reclutar en El Cuzco y en Lima. Con su fortuna personal equipó a los soldados que no tenían recursos. Se compraron armas, herramientas, herraduras, pólvora, y otros utensilios necesarios. En total, se calcula que la empresa habría costado un millón y medio de pesos castellanos.

Le motivaban las informaciones de los incas de que la región al sur del Cuzco estaba poblada de oro, pero las noticias que les llegaban de Chile eran absolutamente falsas, pues los incas planeaban una rebelión contra sus dominadores y deseaban separar las tropas invasoras.

Encomendó a Juan de Saavedra que se adelantase con un columna de cien soldados para que, a la distancia de unas ciento treinta leguas, fundase un pueblo y lo esperase con los alimentos e indios de relevo que pudiera reunir en aquellas comarcas.

Almagro salió del Cuzco el 3 julio de 1535 con 50 hombres y se detuvo en Moina hasta el 20 de ese mes.

Dejada atrás Moina, Almagro siguió el camino del Inca, con los 50 hombres de que consistía su columna. Recorrieron el área occidental del lago Titicaca, cruzaron el río Desagüero y se encontró con Saavedra en un poblado llamado Paria, en que logró reunir a 50 españoles más, que pertenecían al grupo del capitán Gabriel de Rojas, y que decidieron abandonar a su jefe y dirigirse a Chile, se reunió un total de 150 hombres. Permanecieron cerca del lago Augallas todo agosto, en espera del derretimiento de las nieves de la cordillera de los Andes.

Se dirigieron a Tupiza, cuando tuvo la noticia del arribo a Perú del obispo de Panamá, fray Tomas de Berlanga, que traía poderes para dirimir el conflicto de límites entre los conquistadores (Pizarro y Almagro reclamaban el dominio de Cuzco).

Los amigos de Almagro le solicitaron que volviese para defender mejor su causa, pero el Adelantado quería ir por la riqueza chilena, por lo que siguió adelante.

Con más dificultades, incluyendo la pérdidas de bagaje en manos indígenas, los españoles llegaron finalmente al norte de Salta, en Chicoana, el último paso antes de atravesar los Andes. Ya los deshielos habían comenzado y encontraron crecido al río Guachipas y hubo de ser atravesado a píe todo un día con la pérdida de llamas, y la deserción de los porteadores quienes aprovecharon la coyuntura para huir.

Los españoles más algunos yanaconas comenzaron a transmontar las primeras alturas de la cordillera de los Andes. En su avance por la cordillera los expedicionarios sufrieron muchas penalidades, ya que caminaban agotados por el frío y por la dificultad de un suelo lleno de guijarros pequeños, de bordes afilados, que les destruían las suelas de los zapatos y las herraduras a los caballos.

Copiapó

Posesión del valle de Copiapó.

Batalla de las Salinas

Batalla de las Salinas (Cachipampa)

Prisionero

Captura de Almagro, por los leales a Pizarro.

Libro digitalizadoRelación de Pedro López.

Relazion del alzamyto de Gonzalo Pizarro y de las guerras que con el marques don Diego de Almagro tuvo.

Las penurias aumentaron al internarse por ese paisaje helado, inhóspito y silencioso, llegando incluso a detener el avance por falta de ánimos. El conquistador, preocupado por la suerte de sus hombres, encabezó junto a otros veinte jinetes un grupo de avanzada, que atravesó la cordillera y después de cabalgar tres días enteros, llegaron al valle de Copiapó (en ese entonces Copayapo), recogiendo los víveres que le suministraron los indígenas que envió de inmediato para socorro de sus hombres.

Por fin el 4 de junio de 1536, el resto de la columna llegó a Copayapo con 240 españoles, 1500 yanaconas, 150 negros y 112 caballos, entre los negros venía una mujer leal a Almagro llamada Malgarida.

Después de la natural recuperación de energías, se dio la orden de reiniciar la marcha, sin embargo le desertaron una multitud de yanaconas que dejaron prácticamente sin sirvientes a los españoles. Almagro endureció la mano e hizo quemar a varios indios culpables de haber matado españoles.

Estos indios habían asesinado a los tres soldados enviados en vanguardia que habían llegado a Chile. Para su escarmiento, Almagro decidió darles un cruel castigo, reuniendo a todos los caciques importantes de la región, enrostrándoles su crimen y condenándoles a morir en la hoguera.

Durante la realización de su castigo le llegaron noticias de los caciques de la región del Aconcagua, que deseaban realizar amistad con los blancos, esto era gracias a un par de españoles renegados de Pizarro que estaban en la región desde antes. Se trataba de Gonzalo Calvo de Barrientos y a Anton Cerrada, quienes en realidad eran los primeros españoles en pisar territorio chileno. Gonzalo Calvo de Barrientos había sido afrentado por Pizarro haciéndole cortar las orejas y para no exhibir su afrenta se internó hacia el sur del valle de Zama. Sería el mas leal colaborador de Almagro. Durante su marcha a esa región, el Adelantado tuvo noticias de un barco, el San Pedro que había recalado en la región, (Los Vilos) y que venía lleno de ropas, armas y víveres para la expedición. Al llegar al río Conchalí en Los Vilos se encontró con el otro español ya mencionado llamado Antón Cerrada quien ya había influenciado a los aborigenes a dar una bienvenida pacífica a la columna de Almagro.

Al llegar al valle del Aconcagua los españoles fueron bien recibidos por los naturales, por los consejos que les entregó Gonzalo Calvo.

Sin embargo, los mismos naturales fueron influenciados por el indio peruano Felipillo, interprete de los conquistadores, de las malas intenciones de estos y su recomendación de atacarlos o huir de ellos.

Los naturales le hicieron caso, no se atrevieron a atacarlos y escaparon durante la noche, realizando igual intento el indio traidor y varios yanaconas, tomando el camino del norte, pero este último intento no fructificó. Felipillo fue atrapado y descuartizado con caballos frente al Curaca de la región como escarmiento.

Entrevista de Mala (Sur de Lima). 13 de noviembre de 1537.

Último encuentro entre Pizarro y Almagro.

Durante casi un año, los dos bandos opuestos guardaron distancia, en ocasiones amenazaban con la guerra, y en otras intercambiaban emisarios que poco hacían para llegar a un acuerdo. Una de las principales acusaciones fue el tratamiento hacia Hernando Pizarro, al que Almagro se llevaba encadenado cada vez que dejaba Cuzco, y que servía como recordatorio constante para los límites de la autoridad de Pizarro. Tampoco ignoraba que Almagro había tomado la iniciativa en sus tratos con los nobles incas del Cuzco para coronar a Paullu como emperador, otorgándole por su lealtad el palacio de Colcampata, en la entrada norte de la ciudad.

Poco después de que Almagro fundara un nuevo poblado en la costa de Chincha, al sur de Lima, los dos viejos mercaderes de esclavos se encontraron por última vez, en el pequeño pueblo de Mala. El cronista Pedro de Cieza de León basa su relato en el testimonio de Francisco de Godoy, quien estuvo presente en el encuentro. Escribe que Almagro, que iba adelante, a caballo, desmontó y se quitó su sombrero emplumado para abrazar a Pizarro, quien le respondió bruscamente, tocándose el casco en señal de reconocimiento. “¿Con qué motivo y autoridad -preguntó Pizarro- tomó posesión de Cuzco, que gané con tan grandes dificultades? ¿Y qué le dio el derecho de tomar a mi mujer india y mis yanaconas? ¿Y, no contento con esto, encarcelar a mis hermanos?”

La respuesta de Almagro fue seca. Replicó que Cuzco no era un arbusto que podía encontrarse en la tierra de Trujillo, al que podía abandonar si quería. Argumentó también que la verdad acerca de la captura era muy distinta, y que su gobierno respondía a las intenciones de la Corona. Pero sus palabras no tuvieron efecto sobre Pizarro, que sabía que su hermano Gonzalo estaba oculto en las cercanías con setecientos hombres armados a la espera de su señal. Sin embargo, esa señal nunca se produjo; ni siquiera cuando uno de los tenientes de Almagro se acercó repentinamente, llevando las riendas del caballo de Almagro, que para entonces sabía de la emboscada. Almagro montó y, sin mirar hacia atrás, galopó a gran velocidad alejándose del pueblo. No volverían a verse nunca más. Si el sentido del honor impidió a Pizarro romper el pacto o si Almagro se escapó debido a la previsión de sus tenientes es algo que nunca se sabrá.

Las negociaciones se prolongaron durante meses y condujeron a la liberación de Hernando Pizarro; un acto al que se opusieron todos los capitanes de Almagro, y en especial Orgóñez, que pedía su ejecución, y le advirtió acerca de las consecuencias de permitirle regresar a Lima. La situación se volvió aún más frágil cuando llegaron a Cuzco noticias de la intervención de fray Bobadilla, que apoyaba a Pizarro en el reclamo al Consejo de Indias. Para entonces, la guerra se había tornado inevitable.

Extraído de: Francisco Pizarro. Conquistador de los Incas. Stuart Stirling

El territorio que el Adelantado esperaba encontrar lleno de riquezas no cumplía ni sus más mínimas expectativas, esto le causó una gran desilusión, por lo que decidió enviar una columna de 70 jinetes y 20 infantes dirigida por Gómez de Alvarado para que explorase el sur del territorio.

Cuando la columna llegó al río Itata, tuvo lugar en Reynogüelén el primer enfrentamiento entre los españoles y los mapuches, en la que la superioridad de las armas y la sorpresa por los caballos permitió una fácil victoria española. Esto no sería más que una mera escaramuza en la futura Guerra de Arauco que iniciaría Pedro de Valdivia.

Sin oro y con tan belicosos naturales, Almagro sólo pensó en regresar al Perú. Entre la alternativa de volver a atravesar la cordillera, o dirigirse por el desierto, se decidió por la segunda opción. En un acto de reconocimiento al sacrificio hecho por sus hombres en la expedición, y que no fueron recompensados con el ilusorio oro de esta región, decidió perdonar las deudas que sus soldados habían contraído con el, destruyendo todas las escrituras que los comprometían.

El camino por el desierto de Atacama fue tan horroroso como la travesía por la cordillera, días quemantes y noches heladas, la hostilidad de los indígenas, sin contar con la escasez de agua y alimento, pero de cualquier forma se le consideró mejor que la travesía por los Andes. Salieron en grupos pequeños de no más de 10 hombres haciendo jornadas de 20 km cada día, el 15 de octubre de 1536 habían conseguido atravesarlo. Tal fue el estado en que llegó Almagro y sus seguidores que desde entonces se les llamó los "Rotos de Chile" a quienes vinieran de esas tierras.

La ciudad estaba sitiada por tropas indígenas al mando del Inca Manco II. Almagro era amigo del Inca, razón por la que le solicitó una entrevista, pero el encuentro no fue posible. Temiendo un entendimiento entre Almagro y Manco, el Gobernador Hernando Pizarro sembró la desconfianza entre los sitiadores, quienes atacaron la ciudad. Las tropas de Almagro se dispersaron, pero con los hombres que se quedaron a sus órdenes, logró poner fin al cerco, apresando a los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro.

Luego de ocupar El Cuzco, Almagro derrotó a los soldados enviados por Francisco Pizarro, que estaban al mando de Alonso de Alvarado, en la Batalla de Abancay (12 de julio de 1537); más tarde, Gonzalo Pizarro y Alvarado lograron escapar del lugar donde se les mantenía prisioneros.

Las negociaciones posteriores entre Francisco Pizarro y don Diego concluyeron en la entrega del Cuzco a Almagro, a cambio de la libertad de Hernando Pizarro. Don Francisco no cumplió con su parte, rompió el acuerdo y con un ejército que había organizado durante ese tiempo, atacó a las fuerzas almagristas (Batalla de las Salinas, 6 de abril de 1538). Hecho prisionero, Almagro fue humillado por Hernando de Pizarro y le denegó su apelación al rey. Almagro sintiéndose perdido entonces suplicó por su vida, a lo cual respondió Hernando de Pizarro diciendo: "Sois caballero y teneís un nombre ilustre; no mostreís flaqueza; me maravillo que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos porque vuestra muerte no tiene remedio"

Fue ejecutado el 8 de julio de 1538, en la cárcel por estrangulamiento de torniquete y su cadáver decapitado en la Plaza Mayor de Cuzco. Malgarida, su fiel sirvienta tomó el cadáver de su amo y lo enterró en la Iglesia de la Merced en el Cuzco.

Su hijo Diego de Almagro "el Mozo" intentó vengar a su padre; Francisco Pizarro murió en el palacio del Cuzco en 1541 a manos de Juan de Rada, Hernando de Pizarro marchó a España a justificar su conducta ante el rey y fue encarcelado por más de 20 años en la fortaleza de Medina del Campo, Gonzalo de Pizarro murió decapitado después de sufrir la derrota a manos de La Gasca en 1548.

El más total descrédito sumió a las tierras de Chile (Chili o Chilli), asociándose su nombre al fracaso, así sería hasta 1540 en que Pedro de Valdivia revisando algunas notas de Almagro, le dio valor económico a Chile y decidió realizar su conquista.